Arturo Borra: “Poesía como exilio. En los límites de la comunicación”

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El punto de partida de este trabajo de Arturo Borra es el examen de “los discursos poéticos que construyen un imaginario de la extranjería no como temática sino ante todo como posición Más»

Discos

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R.E.M.: Automatic for the People (deluxe) (Craft-Universal) Poco nuevo se puede decir sobre Automatic for the People, uno de los álbumes imprescindibles de los años 90 y la cima creativa y de Más»

Tom Cowsert, pintor colorista norteamericano

Tom Cowsert, pintor colorista norteamericano

Tom Cowsert lleva 21 años en España y habla el castellano con gran fluidez y marcado acento norteamericano.  Es un pintor colorista con una obra sustentada en el dibujo pulcro y ordenado, Más»

All Ways – Sharon Fridman

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La molécula del siete Más»

Fortuny (1838-1874)

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Gran renovador, de desbordante imaginación y enorme originalidad son algunos calificativos que se atribuyen a Mariano Fortuny el artista español del siglo XIX con mayor éxito y reconocimiento internacional. El Museo del Más»

Natalia Lafourcade, desde la raíz

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Natalia Lafourcade se ha convertido en los últimos tiempos en una de las exponentes más populares e influyentes de la música alternativa en el mundo hispanohablante. Esta cantante, compositora y productora que Más»

Olivia Laing: “La ciudad solitaria”

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Cuando estás sola en otro país, empezando una vida nueva, y no hablas bien el idioma, puedes tener un ataque de timidez. Poco a poco, aprendes a evitar las situaciones incómodas por Más»

Discos

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XOEL LÓPEZ: Sueños y pan (Esmerarte-Altafonte) Atlántico (2012) fue el primer disco que firmó con su propio nombre, aunque detrás ya había otros once. No era el primero de su nueva etapa Más»

Escandar Algeet: “La risa fértil”

Escandar Algeet: “La risa fértil”

El sexto poemario de Escandar Algeet podría considerarse un libro de confluencia: en él encontramos todas las líneas que han ido marcando sus anteriores entregas. En cada una de las secciones de Más»

Harold Pinter: “Regreso al hogar”

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El dramaturgo inglés Harold Pinter es un autor de culto, de acierto seguro en describir la condición humana en el ambiente o la esfera que se sitúe. Algunos no queremos perdernos nunca Más»

 

Matías Escalera Cordero: “El tiempo cifrado: alumbramiento y transición”

por Redacción

Amargord, 2014. 273 págs. Por Fernando Barbero Carrasco

portada tiempo cifrado matías escaleraEl tiempo cifrado, la nueva novela, recientemente publicada, de Matías Escalera Cordero es, sin embargo, una de sus más antiguas producciones dentro de su prolífica obra; su primera versión fue escrita hace ya más de veinte años y luego guardada en un cajón, como los buenos vinos se guardan en barricas adecuadas, esperando el momento exacto de su reescritura y fermentación. El tiempo cifrado es una obra difícil de leer; es un trabajo para lectores avezados. No se puede poner en el reproductor algo de Chopin y sentarse cómodamente a pasar sus páginas, no. Más bien hay que permanecer en guardia, presto y quizá escuchar (mejor sentir) a Wagner o posiblemente a Barricada.

Ante nosotros, en un collage caleidoscópico, se nos expone lo que nos ocurrió a los españoles cuando, ¡por fin!, murió el dictador. Y todo expresado con palabras brillantemente encadenadas que dicen cosas terribles; palabras que están en el aire y que el autor toma y coloca de manera que resulta subyugante para el lector. Pero no solo las palabras son sometidas al servicio de la narración, del discurso y del pensamiento, también y en tiempos de mensajes apresurados y chapuceros, los puntos, las comas, los puntos y coma, los puntos suspensivos, cada paréntesis, signos de admiración o  de interrogación, o los entrecomillados… todos esos pobres y olvidados elementos que deberían constituir una parte importante en la expresión escrita de nuestro idioma, son utilizados con una extraña precisión por el autor para que el lector (casi) escuche los pensamientos y el discurso interno de El tiempo cifrado.

matias escaleraMatías Escalera Cordero tiene oficio; ese maravilloso oficio de contar; y lo ejerce con el magisterio de sus años y armas de poeta y escritor, porque en esta obra, la Poesía y la Narración se dan la mano y casi nadie advertiría la línea que las separa, quizá porque no existe. El tiempo cifrado es una suerte de comunión (cooperación) entre ambas disciplinas. En el principio de cada capítulo, hay un fragmento de las canciones en boga por aquellos tiempos de la Movida, que nos ayudan a cifrar y a situarnos en el momento exacto; también recordamos o conocemos (según la edad o interés de cada lector), una multitud de noticias y hechos que desde entonces parecían esperarnos.

Asistimos, indignados, comprensivos o enternecidos al final del Franquismo y comienzo de lo que se dio en llamar la Transición; a cómo vivió la muerte de Franco un adolescente (disfrutando del decretado día de vacaciones) y a la elaborada mezcla de las nuevas clases dirigentes: la económica y la política, sin importar demasiado las ideologías o las creencias (el negocio es el negocio).

Sabremos de la antigua dignidad de un viejo revolucionario (¿alter ego del autor?) y a través de algunos de sus diálogos averiguaremos que en la Transición, la casi inexistente por autoexclusión, clase obrera, obtendría la felicidad a condición de un oportuno repliegue estratégico, a través de los escaparates y los coches baratos.

Nos sentaremos en un aula universitaria absolutamente vacía, para que en el acto de clausura del curso, el profesor universitario que regresó del exilio político nos proponga, en un brillantísimo discurso, la comunicación entre los hombres del siglo XIV y el nuestro a través de la obra del Arcipreste y del Infante don Juan Manuel. ¿Hay quien dé más?

Para que no falte nada, el autor nos ofrece un improbable sacrificio: la derramada sangre de un hombre-sanguijuela, contiguo representante y cómplice necesario de esa otra clase que se nos abalanzó y nos devoró, o de esos políticos (quejicas de una represión que ni les rozó) que de repente cayeron en la cuenta de que podían hacerse ricos sólo con “llegar a acuerdos” con los antiguos jerarcas, que se mutaron en los nuevos mandatarios del nuevo orden democrático. Y el encargado de llevar a cabo esa inmolación no puede ser otro que nuestro desengañado, desolado y hastiado profesor.

En fin, una novela poco recomendada para espíritus acomodaticios y biempensantes, e imprescindible para buceadores del pensamiento, de las palabras y de obras que se salen de los carriles habituales.