Adriaen Brouwer, maestro de emociones

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  Bajo el título “Adriaen Brouwer: Maestro de emociones” se muestra en el Museo de Oudenaarde (MOU) y las Ardenas flamencas la primera y mayor representación de la obra de uno de Más»

Javier Lostalé: “Cielo”

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Una paradoja constante sostiene el último poemario de Javier Lostalé: la desaparición del individuo cuanto más se recuerda y quiere hacer presente lo que lo constituye. En estas páginas, resulta muy interesante Más»

Julio Vilches: “Sálvora. Diario de un farero”

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Hace tiempo que tengo Sálvora. Diario de un farero en mi lista de lectura. La buscaba en formato epub, pero aprovechando unas vacaciones en Canarias, la he adquirido en papel, y me Más»

Loredana Volpe: “A pesar de tu santa cólera”

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Sorprendente, cuanto menos, resulta el primer poemario de Loredana Volpe (Caracas, 1990, aunque lleva años estudiando y trabajando en el mundo teatral en Barcelona), que aparece en una cuidadísima edición; que supone Más»

Discos

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THE JAYHAWKS: Back Roads and Abandoned Motels (Legacy) Mockingbird Time(2011) y Paging Mr Proust(2016) atestiguaban que The Jayhwaks había regresado para quedarse, tras la segunda deserción de Mark Olson. Incluso se apuntaron Más»

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Hace unos meses, el sello Elefant iniciaba Reworked By Series, una nueva colección de singles en  basada en la idea de que algunos artistas ofrecieran su propia visión de las canciones de Más»

La reconstrucción del Monasterio de Rioseco

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Va camino de convertirse en uno de los más importantes centros culturales del norte de Burgos Más»

Carmen Valero, del Derecho al Arte

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Estudió Arte y Decoración, porque fue su primera pulsión profesional en la vida. Con Daniel Quintero hizo un mural sobre Don Quijote en un hotel de Villacastín –todavía en pie- y de Más»

Discos

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COOPER: Tiempo, Temperatura, Agitación (Elefant) Hace dos años, Álex Díez celebraba sus 30 años en la música, al frente de dos proyectos tan señalados como Los Flechazos y Cooper. Dejando a un Más»

 

Ismael Martínez Biurrun: “Un minuto antes de la oscuridad”

por Alberto García-Teresa

Fantascy, 2014. 322 páginas

Un minuto antes de la oscuridadResulta llamativo cómo el subgénero apocalíptico está gozando de una gran fertilidad en los últimos años (más aún si entendemos ciertos enfoques del subgénero de zombis como una corriente del primero). No se antoja casual que se corresponda, precisamente, con la actual crisis económica y con el agravamiento de la crisis ecológica. Sin embargo, estos escenarios apuntan más a la inevitabilidad de la catástrofe que a una crítica del sistema económico y social que lo ha generado. En ese sentido, como afirma Jorge Riechmann, es tan alarmante como sintomático que contemplemos antes el fin del planeta que el fin del capitalismo.

Ismael Martínez Biurrun, tras moverse con soltura y eficacia en otros terrenos del fantástico y del terror, se incorpora a esta tradición aportando un escenario netamente propio, como resulta la ciudad de Madrid y su configuración urbana: más allá del anillo de la M-30, la primera de las carreteras de circunvalación de la ciudad, reina el pillaje, la devastación y el miedo.

biurrunLa narración en Un minuto antes de la oscuridad avanza con fluidez y se articula en torno a la figura del héroe. El protagonista, Ciro, habitante de una de las barriadas exteriores, trata de mantener la estabilidad de su familia, en su trabajo, en su comunidad, rememorando un orden anterior alrededor del estatus de ciudadanía frente a una inquietante masa indefinida de saqueadores. El autor sabe presentar con concisión el desasosegante panorama y rápidamente introduce una trama de novela negra que puntea la historia de supervivencia. Sin embargo, ambas corren paralelas, sólo compartiendo el protagonista, pues hasta físicamente su acción se desarrolla en espacios diferenciados. Además, la trama de asesinatos arranca con intuiciones y se mueve por demasiados lugares comunes. Pero realmente el acierto de la obra reside en esa inminencia del desastre a la que alude el título del libro. La novela se mueve en un lento proceso de descomposición que, en definitiva, exhala un amargo pesimismo y que, finalmente, constituye el rasgo que le dota de una atmósfera propia.

Por otra parte, Biurrun añade al relato apocalíptico otros elementos, como el tema del doble (aquí plasmado mediante los “miméticos”; seres clonados totalmente sumisos). Incluso, la turba de saqueadores posee muchas similitudes con la masa de zombis. A su vez, explota la dicotomía dentro-fuera siguiendo los criterios de urbanismo europeo y latinoamericano y las interpretaciones políticas contemporáneas. Lo céntrico aparece como lugar controlado y lo periférico se instaura como lo amenazante, como lo ajeno (de ahí su posibilidad de autoorganización), aunque en verdad la podredumbre y la corrupción lo alcanza todo. De igual manera, se abre una crítica desencantada de las posibilidades transformadoras desde dentro del sistema (que habrían tenido lugar antes del presente de la narración).

Un minuto antes de la oscuridad, por tanto, ofrece un escenario en cierto modo original, sabe emplear con solvencia los recursos narrativos y construye como conjunto una sugerente atmósfera de decadencia aunque no logra consolidar una trama cohesionada que alimente el buen aparato novelesco.