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Cubismo en estado puro

por Alberto López Echevarrieta

Museo de Bellas Artes de Bilbao, del 23 de setiembre de 2013 al 16 de febrero de 2014

Treinta y nueve obras pertenecientes a la Colección Telefónica, entre las que se encuentran firmas de Gris, Gleizes, Metzinger, Herbin, Torres-García y Blanchard, se exponen en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Conforman una selección de importantes trabajos de los artistas más significativos del movimiento cubista que viene a sumarse a los fondos de la propia pinacoteca vasca. El conjunto sirve para que el visitante pueda hacer un repaso detallado por los trabajos realizados entre 1912 y 1933 que configuran la esencia del famoso movimiento pictórico.

El cubismo

                  En cierta ocasión Eugenio D’Ors dijo: “Después del carnaval impresionista se impone la cuaresma cubista”. Se refería a los trabajos, rompedores para su tiempo, que realizó un grupo de pintores al frente del cual estuvieron Picasso y Georges Braque. Parece ser que el apelativo cubismo se debe al crítico Louis Vauxcelles quien, al ver en 1908 las telas de Braque, aseguró que estaban compuestas de pequeños cubos. Hay también quien atribuye esta apreciación a Matisse.

Este estilo artístico que lleva al creador a componer sus figuras en volúmenes geométricos, planos y curvas, se impuso tras el fauvismo y el expresionismo siendo tres españoles sus más destacados representantes, el ya citado Picasso, Juan Gris y María Blanchard. A pesar de que el cubismo inicial tuvo algunas derivaciones, es en 1912 cuando el movimiento tomó cuerpo. Pasada la corriente inicial, que duró una veintena de años, muchos artistas cubistas abandonaron la tendencia, pero ésta no les abandonó a ellos, ya que las formas y los procedimientos les acompañaron a lo largo de sus carreras.

La colección Telefónica

                  En la última década de los años 80, la Fundación Telefónica decidió crear una colección de arte para lo cual designó a un grupo de asesores que optó por centrar su atención en el movimiento cubista y sus grandes creadores, habida cuenta de que, por entonces, no tenían una amplia repercusión en algunos centros artísticos. Uno de los elegidos fue Juan Gris, por el hecho de ser español y por haber formado la tríada de maestros del género. De Gris, que ya en 1910 había empezado a pintar según los postulados cubistas situando su obra como la más rigurosa y coherente del movimiento, se compraron once cuadros.

Aquella adquisición fue el germen de una colección que se ha ido enriqueciendo con el tiempo al añadir trabajos significativos de Albert Gleizes, Rafael Barradas, María Blanchard, Jean Metzinger, Louis Marcoussis, André Lhote, Joaquín Torres-García, Manuel Ángeles Ortiz, Vicente do Rego Monteiro, Auguste Herbin, Georges Valmier, Xul Solar, Joaquín Peinado, Daniel Vázquez Díaz y Emilio Pettoruti representados ahora en esta exposición que por primera vez se puede ver en Euskadi.

La exposición

                  “La exposición está montada donde debe estar, ha dicho con toda propiedad Javier Viar, director de la pinacoteca vasca, en la zona del museo dedicada al Arte Contemporáneo, junto a otras obras cubistas de la colección del museo. Quiero decir con esto que una colección de tan extraordinario buen gusto como ésta, se complementa con otros cuadros contemporáneos de la misma tendencia de nuestra propiedad, de forma que el espectador puede hacerse una idea global muy amplia y precisa de lo que significó el cubismo”.

                  De la misma opinión es Laura Fernández, directora de Arte de la Fundación Telefónica, quien ha justificado la mayoritaria representación de Gris. “Los once cuadros que aporta la Colección Telefónica sirven para estudiar las distintas etapas que tuvo el artista madrileño, ya que abarcan los trece últimos años de su vida, que no fue muy larga precisamente. Son, por decirlo de alguna forma, un minicompendio de su etapa cubista”.

                  La colección se nutre además de nombres tan significativos dentro de este movimiento como los artistas y teóricos Albert Gleizes y Jean Metzinger, autores de Sobre el cubismo y los medios para comprenderlo (1912), una especie de biblia a tener en cuenta siempre que se desee ahondar en esa escuela. Al margen de su obra pictórica –impresiona ver de cerca algunas de las míticas las Composiciones de Gleizes- estos dos pintores realizaron una gran labor divulgativa gracias a textos que sirvieron para poner al alcance del gran público su forma de pensar.

                  La exposición se enriquece con la presencia de André Lhote, un pintor y crítico bordelés que empezó en la escultura y se pasó a la pintura sobresaliendo en el movimiento cubista como parte de la ya legendaria Sección de Oro que sirvió para que los interesados en la pintura y sobre todo la crítica mirara con buenos ojos aquellas formas que, en un principio, se antojaron más que atrevidas, inadecuadas.

                  Mención especial a los tres cuadros de María Blanchard, especialmente al titulado Naturaleza muerta cubista (1919), extraordinarios trabajos de esta santanderina que tuvo el atrevimiento de lanzarse a la bohemia parisina de hace un siglo para ponerse al día en las tendencias de la época. Fue una mujer muy avanzada para su tiempo que vivió influenciada por sus amigos Picasso, Gris, Metzinger y Lipchitz. Su obra puede decirse que es la faceta más humana del cubismo.

                  Junto a los grandes maestros franceses y españoles están también los latinos que recibieron ecos de este singular movimiento, los que derivaron de su plástica como el Constructivismo de Joaquín Torres-García o el creacionismo de Vicente Huidobro. En conjunto es ésta una colección muy completa, presentada admirablemente y con una gran carga didáctica que ennoblece la labor de los museos.