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Homenaje a Bilbao-Unanue

por Alberto López Echevarrieta

Akros Gallery, de Bilbao, del 21 de septiembre al 11 de octubre de 2011

Seis años después de su fallecimiento, el pintor Bilbao-Unanue (1928–2005) es homenajeado en la capital vizcaína con una interesante muestra en la que se puede analizar las diferentes etapas de este artista que, en palabras del Luis de Castresana, Premio Nacional de Literatura, es “uno de nuestros pintores más genuinamente, más verdaderamente creador. Su obra puede compararse con la de cualquier pintor actual de dimensión universal”. La exposición está formada por óleos, guaches y pasteles que, en gran parte, nunca se han visto en público.

Escritor frustrado

CarmeIo Bilbao-Unanue iba para escritor. Transmitía en sus textos todo el espíritu inquieto de una persona que, en 1946, a los 18 años, decidió emigrar clandestinamente buscando nuevas miras a sus inquietudes artísticas. Francia, Reino Unido y Canadá fueron sus primeras etapas, aún desconociendo que el futuro estaba en los pinceles. Eso sí, dibujaba muy bien desde la más tierna infancia, hasta el punto de que en la escuela dejó admirada a su maestra cuando, con 4 años, dibujó un gato verde. “Lo he pintado de ese color porque me gusta”, le dijo a su educadora dejándola a medio pasmo.

La dedicación por la pintura llegó cuando vio que sus poemas y escritos no eran aceptados en las publicaciones canadienses y eso que hablaba un inglés perfecto. Realmente fue un hombre dotado de una gran facilidad para el aprendizaje de lenguas, ya que llegó a hablar además alemán, francés e italiano. Esta práctica le vino muy bien para, inicialmente, ganarse la vida como profesor de idiomas.

Pintor ganado

A finales de 1959 regresó a Europa decidido a abrirse camino como pintor. De hecho ya había tenido un notable éxito en galerías de Toronto y Alabama. Consiguió su propósito y dio rienda suelta a una de sus pasiones, viajar. Lo hizo por París, Roma, Munich, Viena, Noruega… Sus cuadros gustaban. Jorge Oteiza dijo que “su obra está hecha de silencios vascos… Magnífica”. Venía a confirmar lo que ya había adelantado el “Mercury Man’s Diary” cuando, bajo el título “Presentando al nuevo Picasso”, mostraba su admiración por el realismo poético de Bilbao-Unanue y lo proclamaba como el nuevo Picasso. Los expertos en arte norteamericanos coincidieron al describirle como un gran dibujante y un gran artista.

Que le comparasen con el pintor malagueño era un honor para Carmelo, ya que era uno de sus ídolos junto con Gris, Morandi y Vermeer, entre otros.  Efectivamente Bilbao-Unanue fue un gran dibujante. Tomaba apuntes del natural en cualquier lugar. Su galería de retratos y rincones por donde le llevó la aventura son incontables. También hizo guaches y pasteles, pero donde realmente atinó fue cuando aplicó a su obra mayor el realismo mágico, basado esencialmente en el cubismo, que le caracterizó.

La exposición

Esta exposición homenaje es la primera que se realiza desde que el artista colgara su obra por última vez en la Galería Herráiz, de Madrid, en 1999. Era su última etapa antes de que la enfermedad de Alzheimer agotara sus días. Ahora se ha hecho una selección de sus trabajos para recordar al gran artista y no menos caballero, en el sentido más amplio de la palabra, que fue Carmelo Bilbao-Unanue.

Uno de los óleos que mejor define su línea artística es la Composición cubista, 80 x 58 cm., realizado en 1960. En él se aprecia cómo la estructura, el color y el descubrimiento conviven bajo la base teórica de las extrañas fuerzas que controlan el espíritu de la pintura.

En La espera, óleo 46 x 38 cm., tenemos un ejemplo de la sobriedad y la elegancia que siempre caracterizaron al pintor: la figura del arlequín ocupando la parte derecha del cuadro, mientras desde el centro nos mira un perro, galgo tal vez.

De su primera época se ha elegido Casas de Quebec, un pastel 62 x 50 cm., realizado en su etapa canadiense que no puede ocultar una influencia en el expresionismo alemán, con sus líneas inclinadas, luces y sombras.

Políglota, escritor, aventurero, gran lector, conversador amenísimo, dotado de una gran sensibilidad artística y siempre con unas ganas de vivir la parte más interesante de la vida. Fue en setiembre de 2005 cuando nos dejó Carmelo. Su obra perdura.