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“ANIDAR ERA OTRA COSA”, Diana Velásquez

por Mariano de Blas

Habitar la Línea. Calle Amparo, 91. Madrid. Del 10-31 de mayo. www.habitarlalinea.com

Hay lugares “modestos”, construidos por personas jóvenes en ilusiones y generosidad con su vida para hacer algo útil, en este caso la cultura. No sería pertinente (¿insultante?) denominarlas “emprendedores”,  porque el  término ha quedado contaminado por los nuevos vocablos con el que el capitalismo nos quiere adoctrinar. Lugares y personas que no están apoyados, ni sostenidos, ni justificados,  por eso que se autoproclama como “la clase política”, sus clientes  y sus manifestaciones y hechos, correa de transmisión, no de nuestros votos, sino de los poderes del dinero que diría Iñaki Gabilondo.

Toda esta perorata para hablar de arte. Y es que el arte siempre está imbricado a una ideología, a una manera de entender la realidad y desde luego a la relación con los demás. Es decir, explotar a los demás (esa capacidad de hacer “negocios” que Bárcenas justifica),  o al contrario, de servicio y utilidad social. La exposición se titula “Anidar era otra cosa”, por la artista colombiana Diana Velásquez,  afincada en Madrid. El lugar, “Habitar la línea”, una galería que genera actividades culturales y también docencia, al lado de Lavapiés, ese barrio madrileño en donde te puede pedir la identificación la policía porque seas un poco moreno, pero no por esquiar en Canadá, como el ya citado Bárcenas. Desde luego los “lugares” de unos y otros siempre serán diferentes, unos en despachos de lujo, coches blindados de lujo (qué tanto le hacen sufrir a Blesa), y celdas y “condenas” también de lujo. Esta galería es pequeña, de clase “turística”,  quizás los VIP nunca vayan, y eso se perderán, lo que es un consuelo vengativo para tanta injusticia.

La exposición consta de dos partes, unas piezas formando cajas-collage de delicada factura, de sutiles y agradables superposiciones de elementos texturales, colores, motivos. La otra son unos pseudo nidos de madera, de esos que se cuelgan en los árboles para los pájaros, pero realizados artesanamente por Velásquez.

Estos nidos son potentes artefactos simbólicos. Llevan mucha fuerzo en la solidez de su gruesa madera, en la sabia estructuración de sus formas. Pero también mucha ternura, son casas, nidos, vientres maternos, rincones en donde atisbar ocultos mensajes que cada uno descifrará con lo mejor de su corazón. Parecen recompuestos, remendados y reconstruidos, con diferentes propuestas de deconstrucción en el espacio y en las referencias.  Incluso uno tiene paneles de avispa, una casa dentro de una cada. La artista juega con conceptos duales casa-nido, habitar-anidar, cultura e instinto.

Desde luego que en el mundo animal y vegetal no existe ni la ética ni la moral. Efectivamente los fuertes se comen a los menos fuertes. Pero tampoco hay crueldad ni maldad. El león se come a la cebra sin malicia, sin “reírse” (o hacerle una “peineta” a lo Bárcenas, dedicada a los  españoles), sin considerarse superior (me multiplico el sueldo por 18 cuando un amigo poderoso bigotudo me “coloca” en mi puesto de director de la Caja Madrid). Delante de estos nidos, además de conmoverse, uno puede pensar que las personas, en este caso una gran artista, puede extraer del mundo animal, no sólo la lección instintiva de los padres alimentando y protegiendo a sus polluelos, sino que en la deconstrucción del concepto nido, ser capaz de construir un artefacto simbólico hermoso, con una belleza delicada pero colmada de fuerza. Se podría pensar e intuir entonces,  que las personas podemos pergeñar modelos  de convivencia basados en la ética y en la moral, para que adoremos a los nidos,  como lo que debe ser nuestra sociedad, un mundo en donde las personas disfruten de hacer cosas positivas y buenas a los demás,  porque ese es el mejor y más inteligente premio a uno mismo.

Las paredes tan blancas, el espacio tan pulcro, tan “limpio de corazón” (por citar el olvidado mensaje real del Nazareno) de la galería,  acoge con toda  dignidad esos nidos-casas y esas cajas-contenedores de estratigrafías de susurros misteriosos, celosías a pequeños universos encerrados que se hermanan con mundos inmensos. Entonces uno recibe una maravillosa experiencia de “bondad” humana. Quizás sólo una artista mujer y madre sea capaz de hacer una obra así. Quizás una madre (aunque no haya tenido hijos) es la que mejor sabe que los hijos de los embargados de trabajo y utilidad, ilusiones y domicilio,  sufran el más terrible de los “scratches”, esos “arañazos” (por la picadura terrible de una araña venenosa),  esos “rayajos” que te hacen tus congéneres. Unos niños sin nido, con padres desesperados con sus picos vacíos, con sus alas rotas. Detrás de estas obras  hay una artista. Detrás de estos sucesos tan terribles hay unos autores con nombres,  apellidos, cuentas bancarias y patrimonios, con domicilios y sedes  lujosos, con instituciones (necesitadas de protección policial).

“Habitar la línea” en donde “Anidar era otra cosa”, esa conjugación del verbo ser entristece, parece hablar del pasado,  cuando está estupenda exposición se me antoja una esperanza, porque “todavía” quedan personas y lugares así. …….Después, de nuevo a recibir la sobredosis diaria de miedo, noticias terribles de malvados impunes, de discursos que son insultos a la inteligencia y, lo que es peor, a la justicia social, eso tan sencillo como repartir mejor,  porque realmente hay para todos. Afortunadamente, estas cosas tan bonitas se ofrecen generosamente a la mirada y a la experiencia de todo el que tenga la fortuna de visitarla.