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Discos

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Discos

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“Yo soy el que soy”, biografía del violinista Aaron Lee

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Discos

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José Manuel Lucía Megías: “Aquí y ahora”

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José Ramón Blanco: «Ramón de Basterra, el resplandor de la locura «

por Alberto López Echevarrieta

Editorial Muelle de Uribitarte. Bilbao, 2012

Dentro de su colección “Bilbainos recuperados”, la editorial Muelle de Uribitarte de Bilbao acaba de publicar el libro Ramón de Basterra, el resplandor de la locura del que es autor el jurista José Ramón Blanco. Con elegancia, honestidad y estilo, esta obra acerca al lector la figura de uno de nuestros más originales poetas, a decir de Eugenio D’Ors “el mejor de su tiempo” y al que la Villa de Bilbao honra con un destacado busto público obra de Quintín de Torre. A pesar de éste y otros reconocimientos en la misma línea, la figura de Basterra ha quedado oscurecida con el paso del tiempo. Este repaso biográfico sirve para hacernos recordar el trabajo de un hombre que brilló con luz propia como formidable ensayista e, incluso, autor teatral.

Ramón de Basterra

Ramón de Basterra nació en Bilbao el 14 de marzo de 1888 quedando huérfano muy pronto. El hecho de que de inmediato pasara a vivir con sus tías influyó notoriamente en su vida a juicio de su biógrafo.  “Estudió con los jesuitas, señala Blanco, pero fue mal estudiante porque le gustaba la buena vida, la diversión, las comilonas y las mujeres. Fue en su última etapa en el colegio cuando le prometió a Unamuno que iba a cambiar”.

En 1915 ingresó en el Cuerpo Diplomático, siendo sus destinos Italia, Rumanía y Venezuela, lugares íntimamente relacionados con algunos de sus libros más interesantes, La obra de Trajano (1921), y, sobre todo, su mayor ensayo, Los navíos de la ilustración (1925). Pero es en su poema Vírulo, mediodía (1927) donde Basterra incide directamente en el vanguardismo para exaltar catolicismo e imperio dando lugar a equívocas interpretaciones que le harán víctima de un maniqueísmo denunciado por Alfonso Carlos Saiz Valdivielso en la presentación de la biografía: “Algunos críticos, con aviesas intenciones, le llevaron prácticamente al olvido. Desde el año 1941 en que Guillermo Díaz Plaja escribió “Poesía y pensamiento de Ramón de Basterra”, posiblemente la primera monografía sobre el poeta, hasta nuestros días parece que la sociedad ha pretendido olvidarle y eso que en aquel trabajo fue bien tratado. A partir del comienzo de la década de los años sesenta su figura empieza a perderse en un olvido más bien provocado para pasar a ser absoluto en los años ochenta”.

Redescubrimiento

El redescubrimiento de Ramón de Basterra se produjo en 1988, con motivo del centenario de su nacimiento. Fue entonces cuando los solventes Gregorio San Juan, Germán Yanke, González de Durana y Ángel Ortiz Alfau empezaron a reivindicarle, aunque aisladamente. Se produjo entonces una especie de chispazo: Se tomó en consideración al artista desde aspectos interesantes de su vida y obra. Desde entonces hasta ahora el silencio.

“Se le tachó de mantener ideas fascistoides, apunta Saiz de Valdivielso, posiblemente porque sus conceptos pueden conducir a planteamientos imperialistas. Se erigió en transmisor del mensaje que contiene al Pirineo como una gran unidad de cultura que une a los celtas galaicos, navarros, vascos, aragoneses y catalanes. Esta concepción pudo conducir a ese error”.

Estas teorías y la idea de España como encarnación de los ideales latinos fueron expuestas por Basterra en tertulias que tenían lugar en el Café Gato Negro, en el edificio de la Comedia madrileño, frecuentadas por Ricardo Baroja, Miguel de Unamuno, Sánchez Mazas, Zuloaga, Valle Inclán, José Félix de Lequerica, los Maeztu y Ortega y Gasset, entre otros.

A través del nuevo libro asistimos al itinerario vital del poeta, descubriendo, por ejemplo, su faceta como formidable articulista en periódicos tales como “La Gaceta Literaria”, “El Liberal”, “Euzkadi”, etc. Pero donde su biografía adquiere mayor intensidad si cabe es cuando aborda el tema de Hispanoamérica. Basterra aprovecha su estancia profesional en Venezuela para escribir Los navíos de la ilustración donde narra la apasionante historia de la Real Compañía Guipuzcoana de Navegación que impulsó el Conde de Peñaflorida en 1728. Pero para entonces la salud ya le había dado un primer aviso con un ataque de demencia que, junto a otro al corazón, acabó con su vida en 1928 en Madrid.

El libro

El libro de José Ramón Blanco es de fácil lectura, ya que el relato posee una amenidad que se agradece. Aporta ciertas fantasías que enriquecen el discurso, fantasías que no son invención, pero ayudan a comprender la complicada vida de este hombre que fue fino diplomático y brillante ensayista, un autor que publicó su obra en muy poco tiempo, sin descuidar sus relaciones amorosas, sobre todo la mantenida con una señorita, hija de un concejal de Weimar y ya comprometida. Blanco, poeta también, sitúa el enamoramiento durante una hipotética partida de tenis. Puede que no fuera practicando ese deporte, pero ese escenario le sirve al autor para describir el ambiente en el que vivía el protagonista.

Aporta originales pensamientos e ideas  del poeta. “Hay que vivir conforme a un estilo, hay que moverse dentro de una armonía de movimientos, dijo en una conferencia titulada “El afeitarse a diario es un signo de cultura”. La raza británica tiene el culto a un modelo: el “gentleman”. La francesa vive del culto  al “gentilhomme”. En Italia se reverencia al “galantuomo”. España vive, hace muchas generaciones, del culto al hidalgo, siendo dos hidalgos nuestros personajes más famosos: Don Quijote de la Mancha y Don Juan Tenorio”.

“Fue un destacado hombre de letras, concluye Blanco. Le gustó el estilo de Walt Whitman, pero sobre todo el de Unamuno, con el que mantuvo una correspondencia epistolar muy interesante. Desgraciadamente murió relativamente joven, a los 40 años, y de una forma muy dramática”.