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Discos

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Discos

por Xavier Valiño

LUIS PRADO: La estafa de la vida adulta (Osadía-Maldito Records)

“Has hecho lo que te dijeron que hicieras / Has ido por donde tenías que ir / Y ahora, ¿qué sientes? No sé si te arrepientes / Pero al menos has llegado hasta aquí”. Es la visión un tanto desencantada de la vida de Luis Prado, uno de nuestros tesoros nacionales que ha pasado durante estos años bastante ajeno al radar público.

El nuevo álbum del músico reclamado por artistas como Fito, Ariel Rot, M-Clan, Rebeca Jiménez, Los Zigarros, Coque Malla o Miguel Ríos ya lo indica así desde su título, La estafa de la vida adulta, que es la tercera parte de una trilogía que inició con Mis terrores favoritos (2016) y siguió con El tsunami emocional (2021), intercalando por el medio singles como “Deberías (hacer algo con tu vida)” o “Tejero y su coach (El musical)”.

Son diez cortes en los que deja claro que la vida adulta no es exactamente lo que había imaginado y que hay que ir sorteando todo tipo de percances y obstáculos para poder ir tirando y, de vez en cuando, encontrar algo de belleza en la existencia. Justo lo que ofrece abundantemente con su música, expresándose con su particular devoción por el pop de mediados de los 60 a mediados de los 70. Por ahí pululan la Electric Light Orchestra (en su mejor tema, “La magia en un momento”), Supertramp (“Moderadamente bien”), Randy Newman, Elton John, guiños a Pink Floyd (“Modo hater”) e incluso alumnos más cercanos en el tiempo, como Ben Folds, tal vez la referencia más cercana.

PEARL JAM: Dark Matter (Monkeywrench/Republic-Universal)

Parece como si el productor Andrew Watt tuviese la receta para hacer que las grandes bandas de rock que han existido durante décadas vuelvan a sonar frescas. Evidentemente, se le puede llamar talento. El otoño pasado consiguió que The Rolling Stones volvieran a sonar como nadie esperaba ya de ellos con Hackney Diamonds, y parece haber hecho ahora lo propio con Pearl Jam. Porque en su duodécimo álbum Dark Matter parece haber sacado lo mejor de Eddie Vedder y compañía cuando todo apuntaba simplemente a otro día en la oficina.

Puede que el material de Dark Matter no sea innovador. Su anterior disco, Gigaton (2020), era seguramente más sorprendente, pero sonaba un tanto forzado aquí y allá como para ser recordado entre sus mejores logros, mientras que Lightning Bolt, de 2013, era un trabajo de grunge sencillo y excesivo. Aquí hay más equilibrio, ayudado por un conjunto de canciones más inspirado. Con el tema de apertura, “Scared of Fear”, se puede sentir la urgencia de una banda que quiere demostrar su valía nuevamente. En los temas más rabiosos y punk como “React, Respond” o “Running”, Pearl Jam suena tan sucio como en los años 90, aunque con una producción más apta para todos los públicos.

El sonido de aquella década no les queda nada lejos. “Wreckage” contiene un guiño al folk rock de los R.E.M. de entonces, con unos coros que recuerdan especialmente a “Learning to Fly” de Tom Petty. No faltan los medios tiempos perfectos para los estadios, con “Upper Hand”, “Waiting for Stevie” y “Setting Sun”, recordando otras canciones suyas como “Black” o “Daughter” o el tema de Eddie Vedder en solitario “Hard Sun”.

Pearl Jam ya no tiene que demostrar su valía y aquí recurren a lo que ya tiene bien asimilado, cierto, pero Andrew Watt consigue aportarle una frescura un tanto inesperada a estas alturas. Queda claro que el álbum fue grabado en poco tiempo, lo que hace que la banda suene más lozana y espontánea que en sus anteriores álbumes, convirtiéndose en su mejor entrega desde Yield (1998).

PET SHOP BOYS: Nonetheless (Parlophone)

Si uno retrocediera 40 años atrás en el tiempo en 1984, acabaría en la Segunda Guerra Mundial. Si lo hiciera hoy, se encontraría en el mismo mes en que Pet Shop Boys (Neil Tennant y Chris Lowe) lanzó su single de debut, “West End Girls”. Tennant cumple 70 años este verano y es hoy una persona diferente al moderno periodista de Smash Hits que logró saltar al otro lado de la barricada y convertirse en una estrella del pop en Londres, que entonces todavía era el lugar más importante para el pop.

El productor James Ford, conocido por sus bandas The Last Shadow Puppets y Simian Mobile Disco, pero también por producciones para Arctic Monkeys, Gorillaz, Foals o Flroence and the Machine, creció con los Pet Shop Boys y los comprende profundamente, así que deviene perfecto para refinar el sonido de su decimoquinto álbum Nonetheless. Siguen apareciendo generosas cantidades de sintetizadores analógicos y cajas de ritmos de la vieja escuela envueltas en cantidades aún más generosas de cuerdas, algo que tampoco es tan distinto a cualquier disco anterior de Pet Shop Boys.

Por su parte, Tennant si es consciente de su situación y escribe desde donde se encuentra ahora. Sin sonar necesariamente nostálgico, recuerda acontecimientos importantes de la vida y reflexiona sobre el sentimiento de soledad que inevitablemente invade a cualquiera que haya vivido durante un tiempo, como en el tema especialmente bailable “Why Am I Dancing”, en el que canta “¿Por qué estoy bailando cuando estoy tan solo?”.

En la elegante “ The Secret of Happiness”, a lo Burt Bacharach, aborda las grandes cuestiones de la vida, mientras que en otra gran balada, “A New Bohemia”, pone en contexto los santuarios artísticos de antes. “New London Boy” habla de lo que podría suceder entre la segunda y tercera estrofa de “Being Boring” -su mejor momento, allá por 1990, del disco Behaviour, al que aquí remiten en más de una ocasión-, cómo a los 19 años cayó directamente en la escena glam rock de la capital británica en 1973, cuando “todo el mundo está bailando con Roxy y Bowie”. Y en “Bullet for Narcissus” se pone en la piel de un guardaespaldas que arriesga su vida por Donald Trump, a quien desprecia.

El dúo mantiene intacta su capacidad de escribir melodías directas y vestirlas con una melancolía electrónica brillante. Sigue tomándose muy en serio su trabajo, mostrándose especialmente relevantes por seguir aportando un punto de vista inteligente en la música pop, en una época en la que semeja que la ramplonería sigue encontrando mayor difusión y sumando más recompensas.

VARIOS: Back to Black: Songs from the Original Motion Picture (Island-Universal)

Es bastante habitual en las películas de ficción basadas en músicos ya desaparecidos el aprovechar para vender de nuevo sus canciones, como si se tratase de un nuevo recopilatorio. En otros casos, menos, se suele contar con otros artistas de otra generación para que hagan adaptaciones de sus temas. Por eso llama la atención el nuevo disco recién editado Back to Black: Songs from the Original Motion Picture, ya que no pertenece a ninguno de los dos modelos citados.

Su publicación coincide con el estreno de la película Back to Black en el Reino Unido, que aquí hará lo propio el próximo 31 de mayo. Además, y al mismo tiempo -lo que se puede prestar a confusión-, se edita también Back to Black (Original Motion Picture Score), la música incidental del largometraje dirigido por Sam Taylor-Johnson y protagonizado por Marisa Abela, una banda sonora instrumental -salvo una pieza que luego citaremos- compuesta por Nick Cave y Warren Ellis.

En el primero de ellos, el que seguramente llegue a un público mayor, aparecen tres canciones del debut de Amy Winehouse y tres del segundo. Lo más interesante es la selección de temas de artistas que la inspiraron, como Billie Holiday, Minnie Riperton, Dinah Washington, Sarah Vaughan, Little Anthony & The Imperials o Donny Hathaway, de otros con los que colaboró como Tony Bennett y de un tercer grupo más cercanos a la protagonista, como The Specials -curioso que, habiendo versionado varias canciones de la banda aparezca una que no adaptó, “Ghost Town”- o The Libertines. Y la sorpresa es la emocionante canción nueva, creada expresamente para la ocasión por Nick Cave, “Song for Amy”, que redondea ambos lanzamientos.

VAMPIRE WEEKEND: Only God Was Above Us (Columbia/Sony)

Han pasado dieciséis años desde que Vampire Weekend lanzara su álbum de debut homónimo. La banda parecía sacada directamente de la película El club de los poetas muertos con su aura de estudiantes hípsters, e inmediatamente causó un gran revuelo. Especialmente por canciones como “A-Punk” y “Oxford Comma”, dianas pop de ritmo acelerado pero que bebían tanto del ska como de las andanzas sudafricanas de Paul Simon. Desde entonces, sus siguientes trabajos fueron siempre recibidos positivamente.

Only God Was Above Us (Solo Dios estaba por encima de nosotros, título tomado de un accidente aéreo al que a un avión se le despegó la parte superior de su fuselaje en pleno vuelo), su quinto álbum, tiene un sonido más relajado. La constante variación de instrumentos, ritmos y estilos, mayor que en  sus anteriores discos, lo hace impredecible y emocionante. La forma natural de cambiar entre música clásica, jazz y rock de guitarras para terminar en un arreglo orquestal a lo The Beatles dentro de una misma canción es algo ciertamente destacable y que no chirría en ningún momento, con una amplia lista de instrumentos a su servicio.

En sus textos, el cantante y compositor Ezra Koenig busca el optimismo en tiempos de guerra, desigualdad financiera, desinformación y desastres climáticos, con la conciencia histórica y la resignación como alivio, aunque sin evitar la diatriba directa como esas primeras palabras que dicen “Fuck the world” y que no es necesario traducirlas. “Cada generación pide sus propias disculpas”, canta Koenig con su característica y clara voz en el single “Gen-X Cops”, uno de sus mejores momentos.

Ezra Koenig, Chris Tomson y Chris Baio -con la colaboración ocasional de su antiguo compañero en la banda Rostam Batmanglij- tienen ahora alrededor de cuarenta años, pero nunca han perdido su energía juvenil, y a ello le suman años de experiencia y de apego a otros sonidos e inquietudes que han ido incorporado a su catálogo. Aquí suenan más libres que nunca, con lo que aquellos estudiantes se han ido convirtiendo en los maestros de un género en el que no parece sencillo que les surjan acólitos.

PONY BRAVO: Trópico (Telegrama)

Desde sus inicios en 2006, Pony Bravo se ha convertido en el más claro ejemplo que entronca distintos sonidos llegados de diferentes lugares con la tradición del rock andaluz. Lo que aventuraba Si bajo de espaldas no me da miedo (y otras historias) (2007) cristalizó inmejorablemente en Un gramo de fe (2010), seguramente su trabajo más recordado. Daniel Alonso, Darío del Moral, Pablo Peña, Javier Rivera y Raúl Pérez siguieron trabajando en otros dos discos mezclando incansablemente  distintos géneros musicales, a los que cabe sumar la banda sonora de Camina o revienta (2012, no publicada) y el espectáculo audiovisual Espejo blanco (2022).

Precisamente este último, estrenado en el Teatro Lope de Vega de Sevilla hace un par de años, ha servido de punto de partida para dar forma a los doce cortes que integran su nuevo lanzamiento, el quinto disco del grupo, Trópico. Compuesto por la banda en diferentes sesiones de trabajo desde entonces, este disco se adentra en un compilado de mundos posibles en los que la exótica sirve de hilo conductor.

A veces parece lejano recuerdo sonoro a discos de Martin Denny o Yma Sumac (“El antiguo bizco”, “Primeros pobladores”, “Linda”), dejando paso, en otras ocasiones, a ideas y enfoques relacionados con las tradiciones musicales andaluzas, con elementos de electrónica o ritmos de baile, pero también con ecos de bandas sonoras antiguas (“El sueño de Roy Batty”), que parecen aquí reimaginadas. Mientras, “Magic Feeling”, “Monte y foresta” (con el guiño a su éxito de 2010 “Noche de setas”), “Piedra de Gaza” o “C’est chic, c’est bon” (con su referencia a Chic, claro está) son otros de los cortes del disco que deslumbran en su asombrosa alquimia sonora.