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Se ha presentado a los medios esta magna exposición con motivo del centenario del nacimiento de Antoni Tàpies (1923-1012). La Fundación Antoni Tàpies la organiza en colaboración con la Comunidad de Madrid. Más»

Discos

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Es un título sugestivo basado en el corte de la tela en diagonal respecto al hilo para confeccionar una prenda al bies. La propuesta de la exposición es tejer un relato contra Más»

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The Record -traducible como El Álbum– es el primer disco de larga duración de Boygenius, el proyecto musical conjunto de Phoebe Bridgers, Lucy Dacus y Julien Baker. Producido por ellas mismas en los estudios Shangri-la de Rick Más»

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El pintor Pedro Sandoval expone su reciente trabajo artístico en el espacio GMA de Roma. La muestra permanecerá abierta hasta el próximo 14 de enero de 2024. El texto de presentación en Más»

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Medardo Rosso. Pionero de la escultura moderna

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Esta exposición acompaña a un artista que en su momento no obtuvo el debido conocimiento y nos revela cómo fue un gran precursor en la expresividad y renovaciones estéticas que ha influido Más»

 

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por Xavier Valiño

THE ROLLING STONES: Hackney Diamonds (Polydor-Universal)

La pregunta es clara: ¿Era necesario un nuevo álbum de The Rolling Stones? No, claro está. En un mundo dominado por la música en español, Hackney Diamonds resulta anacrónico. Y, sin embargo, la expectación despertada por este disco revela que hay mucho seguidor anclado en un estilo de música, que es fiel a la banda o que los medios de comunicación siguen prestando mayor atención a los sonidos que dominaron el mundo de la música desde los 60 hasta principios de este siglo.

Dicho esto, ¿merece la pena el nuevo álbum de The Rolling Stones? No se trata del gran disco que algunos proclaman, ni el mejor suyo en 45 años (A Bigger Band parece hoy olvidado), pero hay algunos momentos que nadie esperaba a estas alturas. De hecho, el cierre con su revisión de la canción que les dio nombre en su momento, “Rolling Stones Blues”, a guitarra y voz entre Keith Richards y Mick Jagger, sí merece estar en un lugar muy prominente en cualquiera de sus antologías. Y suena a la mejor despedida posible, si no vuelven a grabar, como es bastante probable.

Hay más, al menos dos piezas incontestables. La primera, su góspel épico “Sweet Sounds of Hell” que, de haberse publicado en los setenta, seguiría siendo hoy una pieza incontestable de sus directos. Y, la segunda, “Bite My Head Off”, en la que se ponen cazurros, casi punkies, con el bajo de Paul McCartney cabalgando un tsunami sónico. El resto semeja ser un disco bueno de Mick Jagger, con una producción demasiado lustrosa y en el que se echa de menos a Charlie Watts. Pero nadie contaba con que estos octogenarios editasen algo así a su edad. Y eso, sin duda, hay que reconocérselo.

VARIOS: Produced by Tony Visconti (Demon)

No es normal que en el mundo de la música el productor sea la estrella, a diferencia del cine, donde es incontestable la labor del director y el culto a su persona. Bien es cierto que sus trabajos y responsabilidades son distintas, y por eso llama la atención un álbum en el que el nombre principal sea el del productor, aunque tampoco hay ninguna duda de que si alguien lo merece en la historia del rock, ese es Tony Visconti.

Produced by Tony Visconti incluye 77 canciones en cuatro CDs (60 en vinilo en la edición de 6 LPs y 14 en el lanzamiento de 2 vinilos, aunque en estos dos casos sin canciones de David Bowie), con un libreto de 80 páginas que recuerda la labor del productor durante seis décadas, trabajando para los artistas más diversos, y notas de cada una de las canciones comentadas por él. Y, lo que resulta más atractivo, es que la selección la ha hecho el propio Visconti.

Como él mismo señala, hay artistas y canciones inexcusables. De hecho, la recopilación se abre con T.Rex y David Bowie, probablemente los dos artistas que más inmediatamente se relacionan con su nombre. Están, cómo no, U2, Joe Cocker, Thin Lizzy, Manic Street Preachers o The Good, The Bad & The Queen. Pero, también, otros como Procol Harum, The Alarm, The Move, The Damned, Ralph McTell, The Moody Blues o Dexys Midnight Runners que no se relacionan de forma tan inmediata con él, e incluso proyectos como Tony Visconti & The Hype que él encabezó. Sin duda, todo un merecido reconocimiento hecho con el mismo esmero y atención que él le prestaba a aquellos discos en los que participó.

PRINCE: Live at Glam Slam (NPG-Warner)

Si alguien va a tener una cantidad de discos póstumos superior a su discografía oficial, ese va a ser Prince. Tiempo al tiempo. El modelo bien podría ser lo que hasta ahora han venido haciendo los herederos de Jimi Hendrix. Repasemos: tras su muerte, se han editado ya Piano & A Microphone 1983 (2018), Originals (2019),  Welcome 2 America (2021) y Live (2022), eso sin contar las reediciones, ampliadas con numerosos extras, de Purple Rain, 1999 y Sign O’ the Times.

Llega ahora el turno para un directo de Prince & The New Power Generation, registrado concretamente el 11 de junio de 1992 en el Club Glam Slam de Minneaopolis. No es sino uno de tantos conciertos de los que hay grabados suyos y que irán cayendo cada cierto tiempo, en este caso documentado un concierto posterior a la edición de su álbum Diamonds and Pearls, y por eso incluye 9 de sus 13 canciones, con doble versión de “Gett Off”

El genio de Prince se desboca en “Willing and Able” o “Sexy M.F.”, incorporando en el segundo disco dos medleys de cuatro y tres canciones respectivamente, donde deja claro al empastarlas que sus conciertos se podían vivir como una cadena imparable e imbatible de canciones unidas y perfectas para el baile, casi sin solución de continuidad, salvo en momentos puntuales como su interpretación de “Nothing Compares 2 U” o la tórrida “Insatiable”.

THE RADIO FIELD: Don’ts and Dos (Less Records)

Subterfuge no es solo un sello independiente español. También es el nombre de una banda de pop que ha tenido bastante proyección en la escena independiente de su país, Alemania. Desde 1993 han editado cinco álbumes, el último, Dots, del año pasado. Al frente siempre ha estado Lars Schmidt, al que parece que la pandemia le sirvió de acicate ya que editó entonces un álbum homónimo con el proyecto Quent, hecho a medias con el músico Veit König.

No solo eso, sino que el año pasado presentó una nueva formación llamada The Radio Field, que en principio contaba solo con él pero a la que después sumó a Philipp Breuer (guitarra, Pale), Christoph Schneider (bajista, Clayton Farlow, Klee, Soap/Soccer) y Mark Specht (primer baterista de Subterfuge). Esta aventura está claramente volcada al power-pop, como demostró en su primer EP (Simple), del que ahora recupera tres cortes para su primer álbum, en concreto “Years Ago”, “Clover” y “The Wait”, dejando fuera “Congratulations”.

Su debut, Don’ts and Dos (Lo que no se hace y lo que sí se hace) está cargado de guitarras rutilantes de jangle pop, riffs tintineantes gloriosamente nítidos y armonías vocales empastadas a la perfección, para lo que se ayuda en ocasiones de otros vocalistas como Stefanie Schrank, Mimi Welldirty o Robert Stadlober, e incluso de dúos como Phantom Handshakes. “She Needs Therapy”, “Clover”, “Other One” o “Years Ago” son algunos de esos momentos que los emparentan inmejorablemente con Teenage Fanclub, Gigolo Aunts, Velvet Crush, The Lemonheads y todos los sospechosos habituales de este género que dieron lo mejor de sí en los 90.

XOEL LÓPEZ: Caldo espírito (Esmerarte-Sony)

En el caso de Xoel López, resulta todo un ejercicio intentar encontrar la raíz de sus canciones, las influencias. Son muy variadas, desde el rock británico que tanto le marcó en sus inicios hasta la música latina que de pequeño mamó en su casa. Lo más notable es que, sean cuales sean, las acaba haciendo suyas, dentro de un mundo sonoro con una poderosa voz propia.

Caldo espírito, su decimosexto disco si incluimos proyectos sonados como Deluxe, no será un referente como Atlántico aunque sí sigue la estela de sus últimos discos con distintos momentos destacados. La diferencia, en esta ocasión, puede que esté más en los textos, con López decidido a dejar claras un par de cosas, a hablar de relaciones tóxicas, de conflictos personales, del desencanto, de lo frívolas y superfluas que son las redes sociales o del capitalismo y el mercantilismo salvaje.

También recupera, puede que por haber revivido Deluxe en los últimos tiempos, las guitarras rabiosas, los coros rotundos, la épica y las voces casi gritadas, en sintonía con la temática de las letras. Pero no todo es así, de acuerdo con la habitual variedad de sus trabajos y la falta de prejuicios: “Mágica y eterna” es puro Juan Luis Guerra, mientras que “Faneca brava”, puede que el mejor momento de este álbum, lo abre a una electrónica sugerente. Y todo hecho con gente más joven, a la que suele exponer a un público más amplio para que luego sigan una carrera en solitario con mayor repercusión, siendo, por lo tanto, un disco tan personal como colaborativo.

MARCELO CRIMINAL: La última casa de apuestas (Sonido Muchacho)

Marcelo García (1997) empezó haciendo canciones pop en su cuarto y, luego, pasó a publicarlas de forma autoeditada. Fue en 2018 cuando Carolina Durante y Amaia hicieron una versión de “Perdona (ahora sí que sí)” y una parte del mundo se dio cuenta de la existencia de tan particular músico.  Desde entonces ha editado tres discos, a los que se suma ahora La última casa de apuestas.

En sus canciones la vida no se desenvuelve según una trama lineal, sino que más bien se asemeja a esas escenas de las que somos protagonistas, que irrumpen brevemente en nuestra vida para luego desaparecer en el olvido. El disco es eso: el lugar que hay entre el siempre y la trascendencia, entre tú y el amor de tu vida. Todo está filtrado por la memoria y las trampas de la imaginación de Marcelo Criminal, un microcuento en 22 capítulos que recogen inseguridades, cotidianidad, timidez, placeres y victorias, codificando en un lenguaje universal sentimientos comunes pero difíciles de acotar.

Por eso sus canciones, con ecos de Daniel Johnston o Albert Plá, hablan de los laberínticos corredores de El Corte Inglés, el Parque de Fofó, la Avenida de Juan Carlos I, el bajo de su psicoanalista y sus múltiples experiencias en la universidad, su biblioteca e incluso el instituto que queda ya más atrás. Y hasta se atreve a contar la historia -ficticia, ¿hace falta aclararlo?- de “El día que mataron a Pedro Sánchez” en compañía de Nacho Vegas.

Rasgueos de guitarra miedosas, cajas de ritmos minimalistas y una dicción destartalada que parte sílabas a sus anchas acompañan a esas historias trágicas y cotidianas de incomprensión, de dificultad para hacerse entender, de indecisión frente al sábado noche. Por algo en su día alguien llamó “el niño Marcelo” a este llanero solitario de la cotidianidad y de la imaginación. No iba nada desencaminado.