Discos

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Discos

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«Velázquez en Italia: entre Luigi Amidani y Juan de Córdoba»

por Maica Nois

(Academia de Bellas Artes de San Fernando. Del 1 de junio al 4 de septiembre de 2022)

Una exposición pequeña en cuanto al número de obras exhibidas sin embargo muy interesante por calidad y tema. Una vez más es posible hacer un seguimiento de nuestro gran pintor en los episodios más importantes de su biografía,   sus dos viajes a Italia, entroncados con su vinculación laboral en la Corte.Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, de padre portugués y madre sevillana. Una figura tan señera que nace en la ciudad  más rica, popular  y cosmopolita como era Sevilla en 1599 por el monopolio del comercio con América . Inicia su formación con dieciocho años y estipula su contrato de cuatro años de aprendizaje con Francisco Pacheco con residencia en el propio taller del maestro. En 1617 supera el examen exigido para la práctica del arte y se le concede de modo excepcional el derecho de ejercer en todo el territorio del reino. Adquirida su titulación se casa con Juana, hija de su maestro, con la que tiene dos hijas. La nueva situación le garantiza trabajos y encargos.

En 1622 llega a Madrid, auspiciado por el consejo de Pacheco, ya que en la Corte se encuentra como primer ministro  del joven rey Felipe IV, el conde-duque Gaspar Guzmán de Olivares, español de Sevilla y que favorecía en la corte al mundo sevillano. Logra destacar con el retrato del poeta Luis de Góngora y Argote que provoca el interés personal del rey quien le nombra pintor de cámara.

Se traslada a Madrid con su familia. Se aloja en el palacio real donde trabaja  en su taller al servicio real y vive como un dignatario de la corte. Su servicio a la corona le obligó a efectuar labores en cuestiones burocráticas, administrativas y de etiqueta que obstaculizaban su actividad artística. Conoce en 1628 a Rubens quien transitaba por España en labores diplomáticas de copiar y estudiar las colecciones reales. Este trato le infunde la necesidad de completar su formación por lo que solicita licencia real para marchar a Italia. Sería un viaje de estudios. y puesta al día en el arte italiano.

Dotado con cuatrocientos ducados de plata -dos años de su salario- por Felipe IV y doscientos ducados de oro, una medalla con el retrato del rey y varias cartas de presentación de conde-duque de Olivares se embarca el 10 de agosto de 1629 para su primer viaje a Italia desde Barcelona  como ujier de cámara acompañando al marqués de Spínola rumbo a Génova.Desde allí se trasladará a Milán. Posteriormente a Venecia donde es recibido y alojado por el embajador español don Cristóbal de Benavides. Tiene la posibilidad de admirar las obras de Tintoretto y Veronés en la basílica y Scuola de San Lucca. En Ferrara  es alojado por el cardenal, amante de las artes, Julio Sachetti quien le indica debe continuar a Cento para conocer a Francesco Barbieri «el Fuerino» practicante de la pureza de los colores  «vénetos», pincelada suelta y pastosa. Estancias breves en Bolonia y Loreto.

Llega por fin a Roma,1630, Ciudad Eterna, de interés artístico notable. Permanece un año como favorito del cardenal Francesco Barberini, sobrino del papa Urbano VIII. Estudia los frescos de Rafael en las estancias Vaticanas y los de Miguel Ángel en La Capilla Sixtina y los reproduce en dibujos a lápiz,. Solicita, en el verano, permiso al duque de Toscana ser alojado en la villa Médicis, en Trinitá dei Monti. Estancia que le permite contactar con las obras de la antigüedad que observa y copia. Dos lienzos de esta época le caracteriza «La túnica de José» y «La fragua de Vulcano».

Retrata a la reina María de Hungría, que estaba de paso en Nápoles camino de Viena junto a esposo Fernando de Habsburgo, antes de su regreso.

Con esta primera etapa en Italia se culmina la última fase de su formación. Desde ese tiempo ya no sería el mismo artista puesto que su estilo y técnica cambian: color, pincelada más suelta y segura, modo de preparar las telas ………

En su regreso a la corte obtiene una renovada estima por el monarca quien no había querido que nadie pintara en su ausencia al infante Baltasar Carlos. Este retrato se puede contemplar en el Museum of Fine Arts de Boston.  Alterna en este periodo con pinturas de corte y obras de devoción  «Cristo crucificado», «San Antonio Abad», «San Pablo Ermitaño».

La construcción del palacio Buen Retiro, al otro extremo de Madrid. circundado de jardines, denominado «retiro» por ser el lugar de aislamiento del rey en circunstancias especiales como luto o penitencia, y  después lugar de recreo que incluía la caza. Para este lugar Velázquez realiza una serie de soberbios retratos ecuestres de Felipe III, Felipe IV, esposas y herederos. En la decoración del gran Salón de Reinos se cuelgan obras de triunfos y batallas como «La rendición de Breda».A su alrededor se multiplican los acontecimientos políticos con las sublevaciones por la independencia de Portugal para separarse de la corona española y de Cataluña apoyada por tropas francesas en 1640. Caída del conde-duque de Olivares despojado de poder y confinado en Toro 1643. Dos desgracias abaten al rey: el fallecimiento de la reina y de su hijo.

Para sobrepasar los avatares y adecuar el imperio ante la ventaja de Francia el rey dispone modernizar el viejo  y austero Alcázar y que se aproxime a la manera italiana. Nombra a Velázquez inspector y administrador con plenos poderes.

Estas circunstancias propician la necesidad de viajar a Italia para comprar pinturas originales y estatuas antiguas. Su situación personal es completamente diferente. Ahora  irá como máximo maestro y hombre de confianza del rey de España.

 Así se  produce su segundo viaje a Italia. Parte en noviembre de 1648 con don Juan Manuel de Cárdenas en embajada extraordinaria al Papa Inocencio XI. Goza, gracias al explicito mandato del rey, con la mejor influencia para conocer los ambientes nobles italianos. Por lo que en los primeros meses se mueve fomentando labor de coleccionista y diplomático más que de pintor, en selección de obras para adquirir utilizando sus cartas de presentación.

De los dos años y medio que pasa fuera uno lo dedica entero en Roma donde puede volver a pintar para realizar su obra maestra de inmortalizar al papa Inocencio X Panfili.

Son numerosos los requerimientos de volver. Se conoce uno de los motivos de su permanencia está relacionado con una relación de la que tuvo un hijo y pudo ser Flaminia Triva «La Venus del espejo».

Al fin se produce su vuelta en junio de 1651. Como resultado de sus adquisiciones el rey a propuesta del Consejo Real le nombra «aposentador mayor» situándole como alta jerarquía cortesana.

Después de toda una vida dedica al servicio real realiza una obra maestra ·»la familia de Felipe IV» conocida como «Las meninas» a partir del siglo XVIII. Su cuadro más estudiado de tres metros de alto por dos setenta y seis de ancho. Representa a la infanta Margarita con cinco años en el candor propio de la edad en una escena cotidiana rodeada de su corte palaciega. Es una escena casi fotográfica que congela un momento en el tiempo.

El formato de gran tamaño fue terminado en los talleres de Palacio era necesario porque iba a ser colocado en el despacho privado del rey en la gran pared enfrente de su mesa de trabajo. Un cuadro que sólo pertenecía en su contemplación al área personal real.La historia de los diversos retratos de la infanta tiene su lógica puesto que se le iban realizando retratos consecutivos ya que estaba prometida al emperador Leopoldo de I de Austria, que era hermano de su madre,  para que éste conociera el desarrollo de su prometida con la que se casa a la edad de quince años (la infanta falleció a la edad de 21 años en su cuarto parto). Una infanta en la que estaban depositados los intereses de unir la rama de  Habsburgo y España.

El  empeño de Velázquez estuvo siempre en pertenecer a la orden caballeresca militar de Santiago con la que mantenía un lago proceso judicial ya que era rechazado en su petición porque estaban excluidos por Estatutos constitucionales todo aquél que ejerciera oficio como era el trabajo manual de pintar. Lo logra por intervención real el 12 de junio de 1658. Se mantiene la creencia de que la cruz de Santiago que figura en su autorretrato del cuadro fue pintada posteriormente a la obra pues la fecha del cuadro y la concesión de la orden no son correspondientes.

A su fallecimiento recopilar tan fecunda y brillante existencia acomodada en lujos, no frecuentes en la época con el reconocimiento del rey, frente a envidias. Es indudable que ejerció oficio y que su reconocimiento completo en su trabajo se produce en el siglo XIX como «pintor de pintores», un precursor del puro ver y un pionero de la  modernidad. Incuestionable ya en el  s.XX sus cualidades plásticas de cómo disponer los colores en el lienzo, sus pinceladas, máxima libertad en el procedimiento, captar la realidad con los esfumados. La escenificación y composición, tan importante en Las Meninas, para hacer entrar al espectador en la realidad sensorial.

Es de gran atractivo e importancia un paseo por esta selección de la Real Academia en base de los viajes a Italia que sin duda fueron determinantes en el devenir artístico del maestro que ya desde su aprendizaje manifestó su especial talento.

Poder contemplar la copia de «La Santa Cena» de Tintoretto, el dibujo-retrato del cardenal Borja, el retrato por primera vez de Juan de Córdoba proveniente de los Museos Capitolinos, quien fue en Roma su agente curial. El retrato de Felipe IV que posee la Academia. Parte de la rica producción de esculturas de los vaciados procedentes de Roma traídos por Velázquez.

Su capacitación fue continuada incluso con el poco tiempo que le dejaban sus variadas y absorbentes ocupaciones que le obligaban a pintar con velocidad con pinceladas que dejaban a veces percibir que los lienzos estaban inacabados. Por lo que en sus trabajos de grandes dimensiones tenía que renunciar usualmente a bocetos y dibujos previos gracias a su talento para la composición. Realmente un prodigio en el arte de pintar al que es necesario volver siempre admirativamente.