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El expresionismo alemán en la colección del Barón Thyssen-Bornemisza.

por Carmen González García-Pando

(Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Madrid. Hasta 14 de Marzo de 2021)

En mayo de 1961 el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza acude a una subasta en Stuttgart y compra una acuarela de gran cromatismo y sencillez, una obra expresionista de los años treinta del pintor Emil Nolde titulada “Joven pareja”. Pero ¿qué fue lo que le atrajo de un cuadro tan diferente a todo lo que hasta entonces había adquirido? Según sus palabras: Su audaz gama de colores y la atmósfera tan particular que emanaba de ella me llamaron inmediatamente la atenciónA partir de este momento comenzaría un viraje del anterior interés por los clásicos a la apreciación por el arte actual. Se iniciaba una de las colecciones privadas mejores y más completas del mundo hasta el momento actual.

Cambio de rumbo

Durante el periodo de entreguerras su padre Heinrich Thyssen había coleccionado numerosas y excelentes obras de maestros antiguos a las que calificaba como las únicas que podían considerarse Arte. Todo lo que fuera creado más allá de finales del XVIII no tenía ni valor, ni interés para el. Un pensamiento que había inculcado y que también compartía su hijo Hans Heinrich como el mismo reconoció en varias ocasiones pues, según sus palabras, le tenía “lavado el cerebro”.

Cuando fallece su padre en 1947 el barón hereda no sólo las empresas y una inmensa fortuna sino gran parte de la colección de arte familiar que en el futuro iría ampliando con la compra de cuadros a sus hermanos. No obstante en aquellos años aún sigue coleccionando pintura antigua del renacimiento y barroco. La influencia del padre todavía le dominaba.

Tendrá que alcanzar la edad de 40 años cuando sufra un importante cambio de mentalidad. Ha llegado el momento de deshacerse de las ideas del padre, de la influencia del abuelo y cambiar el rumbo de su colección emulando el ejemplo de magnates como David Rockefeller que apostaban por otro tipo de pintura más moderna. En todo ello también permanecía el deseo de “limpiar” el nombre de la familia, el pasado nazi de Alemania y la etiqueta de ser un magnate nacionalista y conservador como sus antepasados.Es entonces cuando se inclina hacia la modernidad, comienza a buscar arte de vanguardia y a desarrollar una intensa actividad coleccionista de los principales movimientos artísticos entre los que el expresionismo alemán ocuparía un lugar primordial. “Yo sentía en este arte un espíritu distinto, un espíritu de libertad que rompía totalmente con la tradición académica”

Expresionismo. Creación y divulgación

“Expresionismo alemán en la colección del barón Thyssen-Bornemisza” es la primera exposición con la que el Museo Thyssen de Madrid rinde homenaje a su fundador aprovechando el centenario de su nacimiento en 1921. La muestra recoge, por vez primera, una recopilación completa de este periodo compuesto por los fondos del museo -cuando las obras del barón pasaron al Estado español en 1993-, además de las que quedaron en manos de sus hijos y de la colección particular de la baronesa Carmen Thyssen. En resumen más de 80 pinturas expresionistas que comprenden lo mejor del expresionismo alemán por su gran calidad y porque viene a rellenar la laguna existente en nuestro país donde apenas hay representación de esta pintura en ningún museo o institución.

Tres son las líneas que la comisaria Paloma Alarcó ha desarrollado a lo largo de la exposición en donde se incluyen los principales autores del movimiento y abarca todas las épocas.

En la primera se estudia el proceso de creación de unas pinturas muy contrastadas y de colores antinaturales. El grupo expresionista más importante “Die Brücke” (El puente) aspiraba a crear un enlace entre el pasado germánico y un futuro utópico. Para ellos la relación entre el hombre y la naturaleza era esencial como también la investigación en nuevas ideas, transformar el paisaje bien en el estudio, al aire libre o volver la vista hacia las culturas primitivas para reivindicar una era preindustrial sin contaminación alguna. Se trataba de un puente entre la vida y el arte. Obras como “Ante la cortina roja (1912)” de Erich Heckel, “Desnudo de rodillas ante un biombo rojo (1911-1912)” y “Franzi ante una silla tallada (1910)” ambas de Ernst Ludwig Kirchner ilustran la primera sala de la exposición y hacen referencia al papel protagonista del estudio del pintor en sus cuadros. Mientras que “El verano en Nidden” de Pechstein, el “Puente en la marisma” de Nolde o “La Fábrica de ladrillos” de Eric Heckel inciden en los exteriores. Entre ambas representaciones, los organizadores de la muestra han dedicado un espacio dedicado a las fuentes pictóricas de estos primeros expresionistas. Referencias culturales que se observan en pioneros de la modernidad como Van Gogh, Munch o Gauguin cuyas obras fueron mostradas en exposiciones realizadas en distintas ciudades alemanas y a las que pudieron acceder los jóvenes expresionistas por medio de publicaciones o bien de forma presencial. De estos maestros admiraron la manera de expresar las emociones internas por el color como era en el caso de Van Gogh, el mundo exótico y la libertad primitiva de la naturaleza en las obras de Gauguin, o el expresionismo existencial de Munch. Como escribiría un joven Max Pechstein: “Con gran orgullo nos sentíamos portadores de una misión vinculada artísticamente al holandés Van Gogh y al noruego Edvard Munch”.

El barón Thyssen comenzó adquiriendo obras de “Die Brúcke” para posteriormente volcar su atención en otro grupo mucho más místico y simbólico: “Blaue Reiter” (El Jinete Azul). Wassily Kandinsky, August Macke, Franz Marc, Paul Klee o Jawlensky son sólo algunos nombres, entre otros, que con el paso del tiempo fueron derivando hacia unos principios más abstractos. No obstante muchos de ellos mantuvieron una característica en común: la conexión entre la tradición y la modernidad a través de formas abstractas. Al respecto Jawlensky escribiría: “Mi alma rusa estuvo siempre cercana al arte ruso antiguo, a los iconos, al arte bizantino, a los mosaicos de Rávena, Venecia y Roma y al arte románico. Todas estas formas artísticas causaron en mi alma una profunda vibración, pues sentía en ellas el verdadero lenguaje espiritual.”

El reconocimiento de público y crítica poco a poco se fue ensanchando gracias a que la mayoría de estos artistas fueron emitiendo manifiestos y organizando muestras para divulgar sus ideas artísticas. Algunas de las obras que participaron en las primeras colectivas e individuales del Jinete Azul acabaron formando parte de la colección Thyssen. Ejemplo de ello es “Vista de una plaza” de Paul Klee, el ”Circo” de Macke o “Pintura con tres manchas” de Kandinsky.

Guerra. Persecución y Estigmatización

En 1913 la llegada de la Gran Guerra acabó con la explosión creativa de los momentos anteriores. Los componentes de “El Puente” fueron buscando cada uno su camino por separado: unos exiliándose, otros alistándose en el frente o huyendo a su país de origen. Más tarde, con la subida al poder de Hitler se iniciaba un periodo de terror y descomposición de la sociedad alemana. El régimen nazi organizó exposiciones para condenar la pintura de estos artistas. Una de las cuales, y tal vez la más famosa, se abrió en Münich en 1937 bajo la denominación de “Arte degenerado” que recorrió diversas ciudades del país. Algunos de los cuadros requisados por los nazis, y que entonces se encontraban en los fondos de los museos alemanes, los adquiriría el barón Thyssen. Y es que debido a la necesidad del gobierno de recaudar dinero para la guerra, algunas obras se sacaron al mercado como “Nubes de verano” de Emil Nolde o “Metrópolis” de George Grosz, seguramente el cuadro más destacado de ellos pues estuvo en aquella exposición difamatoria donde se podía leer una inscripción que decía “Arte como herramienta de propaganda marxista contra el servicio militar”.

Este cambio de mentalidad, de interés por el arte “degenerado” que condujo al barón a la compra de numerosas obras, hay que interpretarlo no sólo por capricho o particular apreciación de unas obras hasta entonces por el ignoradas. Existe otros motivos más personales como es su deseo por desligar el apellido Thyssen al régimen nacionalsocialista porque, aunque es sabido que el barón Heinrich Thyssen nunca tuvo relación con la Alemania nazi, si en cambio la tuvo su hermano Fritz quien en un primer momento financió al partido nazi aunque más tarde se opuso a su política de pacto con la URSS y tuvo que huir a Francia desde donde fue devuelto a Alemania sufriendo primero las represalias de Hitler y posteriormente la de los vencedores en los juicios de Nuremberg.

Recuperación y Rehabilitación. Los marchantes

El fin de la guerra supone el reconocimiento inmediato del arte expresionista y de sus creadores. Había que recuperar el arte alemán denigrado por los nazis y devolverle su dignidad. Por tanto se emprende una campaña de rehabilitación que se traduce en numerosas retrospectivas de este periodo. En la más destacada, presentada en Essen en 1958, se muestra entre otras un conjunto de seis pinturas que posteriormente pasarán a la colección Thyssen. Entre ellas “Fränzi ante una silla tallada” y “Doris con cuello alto” del pintor Kirchner, el artista alemán favorito del barón que le fue descubierto gracias a su amigo y reconocido marchante, Roman Norbert Ketterer, figura clave en la promoción y venta del arte moderno alemán. Bajo su influencia la colección del barón dio un giro hacia la modernidad y el reconocimiento de un arte nuevo. Lo comprobamos en obras tan emblemáticas como “La joven pareja” de Nolde, “Feria de caballos” de Pechstein o “Casa en Dangast” de Heckel.Este tercer apartado de la exposición hace hincapié en la influencia de aquellos marchantes y en la acertada elección del barón a la hora de invertir en obras de gran calidad. A Leonard Hutton le compró obras de distintos artistas del Blaue Reiter y en concreto el magnífico lienzo de “El sueño” de Franc Marc, obra que el artista había regalado a su amigo Kandinsky y que poseía una historia memorable de amistad y reconocimiento internacional.

Es importante resaltar que, al margen del espíritu coleccionista y la pasión por el arte de su creador, el barón Thyssen supo dar a su colección un tinte público y expansivo gracias a la puesta en marcha de numerosas exposiciones por todo el mundo. Una actividad frenética expositiva que se genera a partir de 1960 para exhibir los diferentes aspectos de su vasta colección. Pues como bien decía: “Mi legado como coleccionista es compartir y sólo puedo devolver este don haciendo posible que lo vea más de un hombre y comprenda el talento del artista”. “Los pintores no hacen la obra para los ojos de un solo hombre”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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