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Discos

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Brittany Howard, la música como terapia alternativa

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Cinco años después, Brittany Howard le da continuidad a su aclamado debut en solitario, Jaime, con What Now?, extrayendo un poder inmenso e indeleble de la imprevisibilidad sin fin. A lo largo Más»

“La ruta del mantón de Manila.La feliz unión entre Asia, Hispanoamérica y España»

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«Goya, el despertar de la conciencia»

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Discos

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The New Raemon, el adiós a un amigo

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Colita-Antifémina

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Blanca Li, «Le Bal de Paris»

por Nuria Ruiz de Viñaspre

Teatros del Canal del 19 de diciembre de 2020 al 9 de enero de 2021

Volvamos a la realidad. A la realidad aumentada. A la realidad inventada. ¿Al vacío? Pero ¿existe la realidad? Existe el vocablo y las condiciones ideales para que esta se dé, pero el concepto ¿existe? ¿Existe lo necesario para retomar el punto de partida en la frase, qué realidad es la real? Si estás dentro (de inmersión) de Le Bal de Paris, en el intersticio del vocablo y el concepto podrás ser otro, apresar el humo, tocar los cielos, hacerte con la luz infinita, bailar el aire, respirar bajo el agua, porque aquí (allí) y ahora todo vuelve a ser un todo donde el todo es posible es claridad y presencia. Cierto es que esa expresión, “Volver a la realidad” parece llevar aparejada una connotación negativa, ya que pudiera ser la afirmación de que lo bueno ya ha pasado y que toca vivir la peor parte hasta que podamos permitirnos ese “volver a la realidad. ¿Visión ilusoria? ¿Visión defectuosa?

En plena pandemia, época esta de inmovilidad total, Blanca Li ha puesto en pie un sueño propio inyectándonos las dosis perfectas para entrar en su ilusión del mejor modo, bailando. Viajando. Moviéndonos. Confundiéndonos en la vacuidad de ciervos, panteras, leonas, cebras, pájaros, conejos… todos de otrosmundos. ¿Realidad o sueño?

El espectador muta en avatar dentro de un escenario onírico. Va vestido de gala y su cabeza es una máscara de un animal (“me parecía aburrido utilizar rostros humanos”, dice la creadora). Blanca Li

En Le Bal de Paris, la ausencia del yo, un yo difuminado que avanza hacia el cambio continuo, la ausencia del resto de seres “humanos”, igualmente desdibujados en un flujo incesante de preciosas cabezas animalarias, que de tan virtual es ya real, nos transportó a países lejanos. Dentro de un cuadrado de tanto de largo por tanto de ancho, cuadrado tan habitado ya de confinamiento, la irrealidad de la realidad resultaba tan confusa como confusa era la realidad de la irrealidad. ¿Qué originaba qué en este causa y efecto? Blanca lleva tatuada la realidad ilusoria pero no en el sentido de la realidad como ficción o irrealidad sino en el sentido de expansión, apertura y libertad mental.

En ese cuadrilátero, como buzos en el fondo de un océano y vestidos de Chanel con bombonas de otro oxígeno a la espalda, no existían las fronteras, no existía la discriminación. Sabiendo que en el escenario (útero imaginado que también es realidad) una silla poliédrica es diferente a una baranda alzada al aire, porque están hechos de una no-silla y una no-baranda, en Le Bal de Paris experimentamos que ambos, silla y baranda, estaban interconectados, que todo era un todo y que el escenario era una prolongación de nuestras preciosas extremidades. Éramos avatares sí. Sabemos que el avatar es un asistente virtual informático, una proyección del yo, una prolongación, pero ¿no es el yo otro asistente, otra prolongación de algo? Todo es tan real como irreal.

El experto dirá: “en el sentido real, todas las visiones que vemos en nuestras vidas son como un gran sueño”. Aquí traigo a colación a Descartes, al recordar los tres motivos de duda del filósofo, duda de los sentidos, duda de las verdades matemáticas y duda de la existencia de lo real. En el espectáculo de Blanca Li se duda de lo real llegando a pensar que es imposible distinguir la realidad del sueño, ya que nos muestra cosas inexistentes con la misma viveza que las cosas que percibimos despiertos y acomodados en nuestra propia “realidad”. Aquí tocamos al otro, bailamos al otro, recorrimos parajes insospechados. Estábamos en el centro de una fiesta, en el centro del vacío, como diría el poeta Roberto Juarroz.

Cuanto más se profundiza en la realidad física, más se revela que esa realidad física no es nada parecida a como nos la imaginamos. Arthur Eddington afirmaba que “la materia en su mayor parte es un fantasmagórico espacio vacío”, y Hans-Peter Dürr mantenía que “la materia no está́ compuesta de materia”. Pero si la naturaleza de la materia no es material, ¿qué es?, ¿de dónde surge?, ¿cuál es la fuerza que la genera? A estos juegos nos invita Blanca Li en su baile inacabado. La realidad creada por nuestra mente es igual de espacial que la creada por la coreógrafa. El juego está servido sobre un cuadrilátero al que entras desnudo, como recién nacido. Allí todo es nuevo, tu cuerpo inexistente es nuevo, ya que esta propuesta parece basarse en una definición del yo, que supone como opuesto y separado a otra la cosa conocida.

Aquí despunta como un sol la realidad virtual, herramienta por cierto muy utilizada terapéuticamente y que consigue que superemos baches psicológicos enfrentándonos a ellos en otra realidad paralela, como el miedo a conducir, la fobia a los aviones, a hablar en público, a las alturas, a las agujas… en definitiva, fobia a esa realidad creada por nuestra ficticia mente.

Doy las gracias por haber subido en ascensores que me llevaron a otros cielos, haber viajado y recorrido lugares inimaginables en este tiempo donde no puedes desplazarte ni al bar de la esquina. Por salir más sana de lo que entré. Tan lejos fue mi viaje que en esa realidad mía pedí matrimonio a mi acompañante y mi acompañante dijo sí.

Cierro con el poema de Juarroz que resume para mí el espectáculo de Blanca.

A veces me parece

que estamos en el centro de una fiesta.

Sin embargo

en el centro de la fiesta

no hay nadie.

En el centro de la fiesta

está el vacío.

Pero en el centro del vacío

hay otra fiesta.

 

Ficha técnica

Concepción, dirección y libreto: Blanca Li

Dirección musical y música original: Tao Gutiérrez

Dirección de la creación visual: Vincent Chazal

Vestuario: Chanel

Desarrollo en realidad virtual: BackLight Studio

Integración del Sonido: Tape

Bailarines: Glyslein Lefever (asistente coreográfica), Jonathan Ber, Rafael Linares Torres, Margalida Riera Roig, Gael Rougegrez, Katalin Arana, Antonio Carbonero, Mika Fau, Joaquín Fernández Fernández, Laura López Muñoz, Gaizka Morales Richard, Rafael Rivero Hervis y Yadira Rodríguez Fernández

Dirección técnica y regiduría: Olivier Georges
Supervisión informática: Eddy Bessé