El cine español pone rumbo a Ibiza: Nominados de la 9ª edición de Ibicine

El cine español pone rumbo a Ibiza: Nominados de la 9ª edición de Ibicine

La Academia de Cine en Madrid ha sido el escenario elegido para desvelar los nominados de los Premios Astarté, marcando el inicio de la 9ª edición de Ibicine. Este festival no solo es una Más»

Discos

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THE BUCANNAN: San Borondón (Malpaís-Sweet Groove) Desde que en 2016 presentasen su primer tema “Acapulco” (en el recopilatorio Bikini Beat Vol. 1), el trío de enmascarados que forman The Bucannan (los señores Rosa, Verde Más»

«Cayetana. Grande de España

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La Fundación Casa de Alba comunica la Exposición Cayetana. Grande de España con la que se celebra el centenario del nacimiento de la XVIII Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart. La muestra Más»

Ron Sexsmith

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El canadiense Ron Sexsmith editó su nuevo álbum, Hangover Terrace, hace unas semanas. Su título viene de una visión que tuvo desde el bus que lo llevaba de gira por el Reino Más»

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ROSALÍA: Lux (Columbia-Sony) Va a ser difícil que se puedan mantener buena parte de los comentarios despectivos o las críticas que hasta ahora se le habían hecho a la catalana. Desde luego, no Más»

My Morning Jacket, conexión universal a través de la música

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Is (traducido del inglés como “Es”) es el décimo álbum en la larga ya trayectoria de una de las bandas más importantes de los últimos años, My Morning Jacket. Editado a través de Más»

Cristina Iglesias: «Pasajes”

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El emblemático edificio construido en 1910 por Gaudí para la familia Milá con las peculiaridades arquitectónicas que han conferido relieve a su obra sobre todo inspirada en la naturaleza y su profundo Más»

Discos

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CMAT: Euro-Country (CMATBABY/AWAL-Popstock!) “Ciara, no seas zorra, ese hombre tiene hijos y esto no les gustaría”. Sí, a CMAT no le agrada precisamente el conocido chef de la televisión inglesa Jamie Oliver, Más»

 

Pilar Adón: «La vida sumergida»

por Mercedes Martín

(Galaxia Gutemberg, 2017)

La vida sumergida son trece relatos de los que destaca la técnica narrativa: una voz subjetiva, casi lírica, apenas pasa nada, salvo en el interior de las personas, muchas lagunas que hacen que escape nuestra imaginación. ¿De qué tratan las historias? Se pregunta el lector. Hablaré de algunas de ellas sacando mis propias conclusiones, especulando mucho, trabajando con mi imaginación. La primera historia parece tratar de dos mujeres atrapadas por un destino común, la convivencia forzada, quizá son la misma mujer. Pero una de las mujeres hace de madre, la otra de hija, o quizá una es la conciencia de la otra. Al final, parece que la segunda mujer, “la joven”, pierde la conciencia –imaginemos–, la mata. Y ahora, sin conciencia, no sabe ser ella misma.

La segunda historia parece tratar de un asilo. Un asilo de ancianos con demencia senil –imaginemos, no estamos seguros, pero la historia requiere de nuestra creatividad. La mujer, la protagonista, es mayor, quizá. Vive en el asilo, sale a pasear, no sabe muy bien dónde está, nosotros pensamos que aquel lugar que ella llama abadía es en realidad un asilo. Quizá, después de todo, es una abadía. No importa. Ella vive en total dependencia de otros seres que parecen ser sus carceleros, aunque se muestran educados, como el personal de un asilo.

La mujer pasea y se siente observada, la mujer recibe instrucciones del personal como si fuera una niña, la mujer, la mayor parte del tiempo, no sabe lo que está pasando, pero describe su entorno tal y como –imaginamos– su demencia se lo explica.

La cuarta historia parece un cuento de hadas: Una niña o una chica joven espera encerrada en casa a que vuelva la persona más querida –¿su madre?– mientras un hombre lobo merodea fuera. Al final del cuento, el cazador, interpela al lobo para disuadirlo de sus intenciones. El lobo hombre quiere asaltar la casa, quizá comerse a la niña. El lector piensa que quizá es una historia de maltrato doméstico. La quinta historia habla de una chica joven e insegura que espera, que solo sabe esperar. Mientras espera, el hilo de su pensamiento nos revela que se ha enrolado en una secta, que espera una vida mejor que la que tiene. Eso parece. La secta, con todos sus peligros, se dibuja en nuestra cabeza –la del lector–, mientras la chica –ingenua– sólo ve una promesa de paz y felicidad, de abandono a una voluntad superior que libere la suya, demasiado débil.

Todos los personajes de La vida sumergida carecen de libertad. Todos carecen de paz interior, de seguridad en sí mismos. Están afectados por la debilidad, por el miedo. Pero lo más destacado –vuelvo al principio– es el estilo de la autora. Su manera de contarnos solo una pequeña parte, suficiente para que nuestra imaginación trabaje en busca del sentido, del significado ulterior y descubra, finalmente, bajo la apariencia fantástica historias realistas tenebrosas –o eso imaginamos.

“Una época acababa con otra época. Su vida anterior habría terminado y tendría que desprenderse de los gestos y las afirmaciones del pasado. Sin más singularidades. Sin más temblores ni más temor. De la mano de la madurez llegaba la diligencia, y Elisa tendría que poner todo su empeño en mostrar que ya poseía esa madurez. La indispensable para comportarse de una manera reflexiva y eficaz, sin saber precisar ante semejante conducta si su actitud era la de la sumisión absoluta o la de una indiferencia atroz.”