Missing o los cuerpos perdidos

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Missing. Perdida en la memoria o pérdida de memoria. En tan solo una hora y media la compañía británica Gecko Theatre consigue que el espectador-niño se encuentre con su propio delirio, delirio Más»

Discos

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NEIL YOUNG: Hitchhiker (Reprise-Warner) Llevamos años oyendo hablar de los discos perdidos de Neil Young. Él mismo ha ido dejando caer detalles anunciando que los iba a recuperar en distintos formatos (su Más»

Doris Salcedo: “Palimpsesto”

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La torre tumbada del homenaje Más»

Jan Morris: “Trieste o el sentido de ninguna parte”

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No es una casualidad que este verano haya leído Trieste o el sentido de ninguna parte porque me gusta la literatura de viajes, lo que es una casualidad es que ahora, escribiendo Más»

Sarah McKenzie, música como mantra

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Hace tres años y medio que la cantante y pianista Sarah McKenzie participó en el concurso Umbria Jazz Festival: fue premiada con una beca especial para a asistir la icónica facultad Berklee Más»

Juan Gerstl, artista venezolano cinético: “El xagon, módulo esencial de mi arte cinético”

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  El artista se siente orgulloso y heredero directo de la gran tradición geométrico/cinética de su país: la escuela venezolana de Alejandro Otero, Jesús Rafael Soto y Carlos Cruz Díez. Una escuela Más»

Viet Thanh Nguyen: “El simpatizante”

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Siempre hay diversas versiones de una historia, por lo menos podemos ver claramente dos: la de los vencedores y la de los perdedores. Aunque la versión oficial es la de los que Más»

París rinde homenaje a Yves Saint Laurent e inaugura su museo

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             El 3 de octubre se inauguró el Museo Yves Saint Laurent en París, en la 5 Aveniva Marceau 5, la dirección del antiguo estudio en una mansión del Más»

Discos

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BENJAMIN BIOLAY: Volver (Barclay-Universal) Cuando en 2001 Benjamin Biolay editó su primer disco, Rose Kennedy, muchos lo encumbraron como el nuevo rey de la chanson. Curiosamente, para un cantante tan francés, hace Más»

 

Leslie Jamison: “El anzuelo del diablo”

por Mercedes Martín

Anagrama, 2015. 360 págs

El anzuelo del diablo. Sobre la empatía y el dolor de los otros ✆ Leslie Jamison © MultiSignosEn el Louvre se expone un cuadro de Leon Bonnat donde se ve a Job, el personaje bíblico, sentado en el suelo, con las piernas a un lado, la tripa abultada, el pecho enflaquecido, los brazos abiertos y las palmas de las manos boca arriba, mirando al cielo, en actitud suplicante. La piel le hace pliegues de delgadez y de vejez. Si uno examina la cara con atención, puede verse tras la larga barba amarillenta la boca hundida, los pómulos prominentes, los ojos implorantes, tanto que bizquean. ¿Qué suplica Job llegado a ese punto de desposesión y desdicha? ¿Que acabe su tormento, que Dios le crea, que le sea devuelto lo que ha perdido, que se reconozca la injusticia que con él se comete…?  Yo, desde luego, no lo sé a ciencia cierta. Lo que molestó en su día a la sociedad que admiró el cuadro de Bonnat fue que el dolor se exhibiera de ese modo, de un modo que se consideraba impúdico, obsceno.

La estadounidense Leslie Jamison escribe sobre el dolor y la empatía impúdicamente, y lo hace a través de doce ensayos en tono narrativo y autobiográfico. Cuenta por ejemplo que abortó. Examina desde toda la distancia de que es capaz, si de verdad lamentaba abortar aquella vida que llevaba dentro y si lo lamentaban los otros: su novio, sus padres, su médico. Si se sintió mejor después, o si se sintió peor, y si estos dilemas los genera el propio hecho de abortar o las expectativas que una tiene y las que tienen los demás.

Está claro que uno vive las cosas según una perspectiva. Por ejemplo, en ciertos lugares del mundo no existe el concepto de violación, porque es un hecho normal y corriente que unos individuos copulen con otros sin permiso. En otros, es un hecho terrible, criminal, doloroso y traumático. En algunas sociedades, los padres que pierden a los hijos, se recuperan del trauma rápidamente sin necesidad de un psicólogo, no porque sean insensibles, sino porque tienen otra filosofía de la vida, donde la muerte forma parte de la vida cotidiana y no se esconde. Está claro que las cosas se viven según unas creencias y el dolor no es solo algo físico ni si quiera es algo pasivo. Hay algo activo y creativo en el dolor, afirma Jamison, cada uno vive las experiencias propias y ajenas interpretándolas.

L. JamisonJamison narra su experiencia con el dolor propio y el que le rodea, tratando de averiguar qué hay de opinión en el dolor, qué hay de juicio propio y ajeno, qué hay de prejuicio. Porque el dolor no es objetivo o no solo es algo objetivo y mensurable. Depende de la cultura, del carácter, de la educación… ¿Qué hay de ficción en el dolor que uno siente, el físico y el psicológico? No quiere decir ficción en un sentido negativo, sino en un sentido lingüístico, social. Ponerle nombre a lo que sentimos, imaginarlo, explicarlo, comprenderlo, implica una elaboración, un comparar esto con lo otro, con lo que nos han contado, con lo que aprendemos, con otras experiencias vividas, unidas a juicios de valor adquiridos socialmente… Por eso este libro es valioso, porque la autora escribe con valentía acerca de algo tabú, que es el sufrimiento. La exhibición del propio sufrimiento es considerada obscena, no está bien visto que uno vaya contando sus penas ni que enseñe sus llagas. Se considera más adecuado sufrir en silencio, no andarse quejando y no molestar a los otros con la desgracia de uno. El hecho mismo de no seguir este acuerdo tácito acerca del dolor, te hace indigno. Te hace más digno sufrir en silencio. Y todo esto es lo que une a Bonnat con Jamison, con Job, con todos nosotros.