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Discos

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Lita Cabellut: “Retrospective”

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Nadie debiera perderse la primera exposición de Sonia Delaunay, Arte, Diseño y Moda, que se hace en España y que se clausura el próximo 15 de octubre en el Museo Thyssen-Bornemisza de Más»

 

Patricia Riosalido Villar: “Las cejas de la Gioconda” por Javier Buhaz

por Redacción

Editorial Me Gusta Escribir, Pallejá, Barcelona, 2016. 247 páginas

Esta opera prima de la doctora en Literatura Española y Teoría de la Literatura, por la UNED, Patricia Riosalido Villar, es un trabajo muy considerable, que merece ser comentado. En cuanto el estilo, es de tinte parcialmente  autobiográfico, como suelen ser las primeras obras de los escritores. El discurso es naturalista o si se prefiere realista, como podría ser el de un Pérez Galdós en Fortunata y Jacinta, o el de un Miguel Delibes,  en Diario de un Cazador, y así se mantiene durante todo el texto, en el que se cuenta  la infancia, juventud y madurez de una muchacha, Laura, y de su inseparable amiga y figura maternal, que es la castañera Filomena, hasta que ésta muere de un cáncer de pecho, en su modesta vivienda. GiocondaAl lado de estos dos personajes se difuminan un poco los demás. Los padres de Laura no salen muy bien parados, pues él es una especie de vago, que pasa todo el día en su casa, viendo la televisión y bebiendo cerveza, y ella fuma y mira constantemente a través de la ventana al vacío. Hay en la mujer sin embargo algo positivo, y es que se llama María Auxiliadora, siendo este apelativo acaso una alusión a que la madre sí que ayudó a Laura, pero no así el padre.

Patricia Riosalido ha vivido en Viena y en Copenhague y ello se nota mucho en la novela. La mayor impronta de Austria la da su  novio, Pablo, el cual es un muchacho de una clase empingorotada de la capital, que humilla a Laura tanto como la humilla la familia del chico. Se le presenta como el hijo de un empresario de licores, que lleva un anillo nobiliario y que ama intensamente los uniformes, acaso los uniformes del ya fenecido Imperio Austro Húngaro. La relación con Pablo no trae a Laura la felicidad, y cuando rompen, ella se siente más libre.

Las referencias a Dinamarca, país en que también vivió Patricia son más vagas y generales. Los nombres de su tercera y cuarta hermana, Carolina y Yolanda, recuerdan a algunos muy usados en Copenhague y su entorno, cuando salen gemelos, y también hay que reseñar el paso de una pata con sus patitos frente al estanque de la  casa de Patricia en Rungsted siempre perseguidos por el zorro, que a final de temporada ya se había comido a la mayor parte de las crías de Fru And.

Lo curioso es que Laura, una vez concluida su relación con Pablo, se aísla y se aparta de su círculo vital, se hace invisible, para seguir la propia expresión de la escritora, y no se encuentra a sí misma hasta que se halla con su otro yo, su doble espiritual, un músico de flauta travesera, al que siempre acompaña un perro de piel plateada, con el que se encuentra en el metro y que se llama José. Este la respeta y le anima a entrar en el mundo de la creación artística a través de la pintura. Laura se desarrolla como una excelente pintora, y hace exposiciones, lo que recuerda la inclinación de la propia Patricia por las manualidades y el arte figurativo.

Laura no tiene muy buena relación con su hermana mayor, Pilar, que la persigue y la acosa todo lo que puede. En cuanto a las gemelas, la escritora viene  decir que se conforman con el papel secundario que se les ha atribuido en la familia.

El título del libro, viene de una visita hecha por Laura y por José al Louvre, a ver la auténtica Gioconda. Laura aprecia que la dama no tiene ni cejas ni pestañas, de lo que induce que la belleza no ha de ser perfecta para considerarse verdadera belleza, una versión plástica de que lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Ahora bien, José  no es del todo un hombre real, sino sólo el doble de Laura, y por ello va y  viene cuando le parece. En la obra que comentamos se va dos veces, una de forma provisional y otra definitiva.  Cuando se ausenta por primera vez, Laura regresa a su aislamiento o invisibilidad, hasta que vuelve a encontrarle, precisamente en el metro donde le halló en una ocasión. Viven en una especie de comuna, y al fin la chica queda en estado.

Entiendo que quiere decir que ella resulta embarazada de sí misma, puesto que José no es otro sino ella, una sombra que viene realizar una función y que luego ha de alejarse. Así lo hace el tal José y, en efecto, aunque después de dar a luz Laura, la ayuda, cambiándole los pañales a la hija común, Aurora, que se llama como el famoso acorazado de los soviéticos, hoy varado en San Petersburgo,  si bien es cierto que el nombre se refiere a una aurora femenina y no política, lo cual es lógico, al  considerar del devenir creativo del trabajo, se va y desaparece definitivamente.

El texto es impecable, como corresponde a una doctora de su especialidad, aunque se me permitirá alguna crítica, sobre todo en lo que se refiere a las palabras francesas utilizadas  en referencia a la comida, ya que Patricia Riosalido es una gran gourmet y buena conocedora de vinos, pero su educación ha sido más germánica que francesa y por eso se observan algunas faltas menores en el francés usado para mencionar ciertos platos, lo que no tiene mayor importancia, pero que podría subsanarse con facilidad. 

Personalmente, estoy encantado con lo que ha escrito Patricia Riosalido en este libro, que me parece realizado con mucho cuidado, incluso con  perfeccionismo naturalista, y sólo me resta animarle a seguir escribiendo, y, si le gusta, a continuar realizando esas manualidades y pinturas a las que me he referido antes.