Javier Abella, fotógrafo artístico

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Es un fotógrafo extraordinario. Sus series rigurosamente concebidas, pensadas y llevadas a efecto son arte desde la primera a la última obra, desde el principio al último detalle, porque él se revela Más»

El renacimiento de un museo, el Hof van Busleyden

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            La localidad flamenca de Malinas ha recuperado para las artes uno de sus edificios más emblemáticos, el Museo Hof van Busleyden en el que se resume la época de mayor esplendor Más»

“Alarde de tonadilla. Una historia de la copla” en el Teatro Tribueñe de Madrid

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Vuelve Alarde de tonadilla. Una historia de la copla al Teatro Tribueñe de Madrid. El espectáculo de Hugo Pérez de la Pica es un recorrido hermoso por las tonadillas, romances, canciones populares Más»

Discos

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FLORENCE & THE MACHINE: High as Hope (EMI) Llegando a su cuarto disco, Florence Welch ha decidido dejar atrás la épica de anteriores entregas y mostrarse más humana y cercana que nunca. Más»

Jorge Villalobos: “El desgarro”

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El dolor es el tema principal de este conjunto de poemas en prosa; el dolor ante la muerte de la madre (cuando era niño el autor) y el largo proceso de duelo, Más»

José Galiana Izquierdo: “Una vida por medio”

José Galiana Izquierdo: “Una vida por medio”

José Galiana Izquierdo (Socuéllanos. Ciudad Real, 1929) ha ejercido su carrera de médico pediatra durante 45 años en Alicante. Ha tenido siempre inquietudes literarias y por ello ha participado en tertulias poéticas, Más»

Adriaen Brouwer, maestro de emociones

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  Bajo el título “Adriaen Brouwer: Maestro de emociones” se muestra en el Museo de Oudenaarde (MOU) y las Ardenas flamencas la primera y mayor representación de la obra de uno de Más»

Javier Lostalé: “Cielo”

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Una paradoja constante sostiene el último poemario de Javier Lostalé: la desaparición del individuo cuanto más se recuerda y quiere hacer presente lo que lo constituye. En estas páginas, resulta muy interesante Más»

 

Nuria Ruiz de Viñaspre: “La zanja”

por Alberto García-Teresa

Denes, Valencia, 2015. 82 páginas

ah nuria ruiz 1El juego con el lenguaje se pone en primer plano en el nuevo poemario de Nuria Ruiz de Viñaspre (Logroño, 1969). La autora presenta en La zanja una propuesta más experimental, que avanza desde los parámetros que dibujó en su inmediatamente anterior Pensatorium, en el cual ya hizo de la depuración y del rizoma la base de su escritura. Por debajo, se manifiesta un deseo de mostrar las conexiones, azarosas o caprichosas, de todo lo real, que se unen y que se descomponen con facilidad construyendo nuevas formas (de lenguaje, de representación de mundo o de entidad de mundo). De hecho, el poema y el mismo lenguaje son el motivo de los varios textos recogidos en estas páginas. Al respecto, Viñaspre alerta sobre el lenguaje y sus usos: «a veces las palabras no son lo que dicen que son y esas veces son mortales». No en vano, llega a sentenciar: «tengo tanta confianza en el lenguaje como desconfianza».

La poeta emplea un registro expresionista, con gran poder de evocación, con el que construye imágenes de larga reverberación. En las composiciones recogidas aquí, la autora ha perdido la violencia característica de otras obras, pero ha aumentado su vuelo imaginativo, pues persiste y ahonda en el impulso alucinatorio e irracionalista como método de aprehensión de la realidad.

A su vez, son continuos los juegos de palabras con las variaciones y derivaciones fonéticas. De hecho, algunos textos de La zanja resultan expresiones de poesía fónica. Reiteraciones y repeticiones (significativamente, con mucha presencia del número tres) se despliegan y se desarrollan constantemente en los versos.

ah nuria ruiz 2También emplea libremente la disposición del texto en la página, lo que refleja la pretensión de desborde de los marcos prefijados y de los lugares comunes por parte de la autora. Esa inquietud se corresponde con un ímpetu de indagación. Dicho afán se vincula física (y metafóricamente) con la acción de excavar, de adentrarse en la materia, como bien explicita la cita de Anne Carson que abre el volumen. No en vano, estos poemas dan a entender que Viñaspre concibe la escritura como un ejercicio de liberación de ataduras, de ruptura con lo establecido. Sin embargo, nos dice: «escribo para restaurar el orden». En ese sentido, esta aseveración puede resultarnos contraria a lo que los propios poemas revelan. Pero a lo que se refiere Viñaspre es más bien a devolver el orden caótico frente al falso orden normativo que ha impuesto el ser humano, y que han encorsetado tanto la manera de pensar y de percibir la realidad como las distintas formas de imaginar las posibilidades y las alternativas de su ruptura. Finalmente, en ese uso libérrimo de las posibilidades del lenguaje, algunas piezas recogen un uso excepcional de la tensión y del pulso del verso, que baila entre el descontrol del flujo de conciencia y la severidad de la precisión. Además, puntualmente, aplica a algunas piezas un anclaje crítico con la sociedad (que nos conecta con el mencionado Tablas de carnicero y Órbita cementerio).

Por otro lado, de nuevo, los animales vuelven a situarse en el centro de la simbología y de la imaginería. Tras los caballos de Pensatorium o las reses de Tablas de carnicero, en esta ocasión, les llega el turno a los pájaros y al ciervo, especialmente, aunque sólo ocupan esa posición en una parte de esta obra.

Al hilo de esta cuestión, siempre dentro de una unidad de sentido, La zanja resulta el poemario menos homogéneo de Viñaspre, quien ha ido ofreciendo volúmenes muy unitarios previamente. Pero también constituye uno de los de mayor poder de irradiación y de investigación lingüística por su parte.