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Conversación con el pintor Carlos Romano

por Ángela Rubio

www.carlosromano.es

CARLOS ROMANO ICarlos Romano (Madrid 1985) estudia restauración de pintura antigua. En el último año de esta formación realiza los murales de la Catedral de Mejorada del Campo y con 26 años organiza su primera exposición individual a la que han seguido otras tanto en España como en el extranjero participando además, en ferias internacionales París, Budapest o Hong Kong.  Diversas instituciones cuentan con su obra que está ligada con la Figuración Postconceptual y la Nueva Figuración madrileña.

A los pocos minutos de empezar la conversación pude darme cuenta de que estaba frente a una gran personalidad artística. En el transcurso de la entrevista se sucedieron momentos en los que incluso fue necesario hacer una pausa por la intensidad filosófico-artística de su discurso poético y apasionadamente calmado. Presento aquí algunos fragmentos en los que podrán conocer su concepción de la pintura, sus influencias, su filosofía artística, su modo de trabajar, sus inquietudes y hacia donde quiere ir en su trayectoria. Les presento al pintor Carlos Romano.

CARLOS ROMANO VIINo escribe sobre su obra porque, como todos los artistas, se siente perdido cuando intenta hacerlo pero si expresa que la pintura es un sentir poético donde residen los deseos más secretos de su corazón. Eso le impulsa a trabajar en la tarea de conocerse, en la aventura que supone buscar en lo más profundo de su persona para descubrir ese algo que no conoce pero que sabe que existe. La pintura, dice, es ese placentero viaje de deleitación de los sentidos que te enseña a escuchar tu música interior y a estar en sintonía con el sonido de la historia de los sonidos poéticos.

Desde sus cuadros de estructuras industriales horizontales y verticales llega a su obra “El último vuelo”, la que toma como ejemplo para explicarnos como fue llegando a la pintura metafísica, una de sus más importantes influencias. Aparece una mariposa colgando de un hilo como un todo conceptual donde intenta reflejar la función del arte y su capacidad de redención. Cuenta cómo empezó a jugar con el posicionamiento de los objetos, con la descontextualización del objeto y poco a poco empezó a ver en sus obras ecos de la obra de Giorgio de Chirico (1888-1978) principal representante de la Pintura Metafísica, quien también indaga en la realidad que está más allá de la realidad física. En esta tipo de pintura, evocan los inquietantes estados de la mente hasta hacernos dudar del mundo empírico considerado real.

CARLOS ROMANO IIEsta otra obra con un sillón en el centro, está llena de misterio, considera cada objeto aisladamente pero al mismo tiempo funciona perfectamente como un todo compositivo, equilibrado a pesar de la acumulación de objetos y del cambio de escalas. Romano, al igual que Chirico, emplea sabiamente otro carácter de la pintura metafísica: la confrontación entre tradición y modernidad, entre arte y naturaleza: columnas, busto antiguo y por otro lado naturaleza inerte con ese sillón clásico y arrebatadamente moderno al mismo tiempo. También ejemplifica esa asociación de objetos no relacionados propia de la pintura metafísica.

En esta línea de influencias y relacionado con Chirico también cita al belga Paul Delvoux (1887-1994) -recientemente programado por el Museo Thyssen– en el que también están muy presentes las arquitecturas clásicas. Edward Hopper (1882-1967) es otro de sus grandes referentes “Hopper es un genio, me gusta la técnica pictorialista que tiene, la manera de resolver la luz, la empasta muchísimo y la sombra la deja aguarrasada, consigue, la psicología del misterio de lo femenino, es bestial y luego desde el punto de vista técnico la manera de pintar la carnación y personalmente creo que no he visto a ningún pintor que pinte así porque es abstracto, si eliminas a la mujer se ve un Rodko” Romano habla de Hopper con una admiración hermosa desde la humildad y no como lo haríamos cualquiera de nosotros o un especialista en la obra hopperiana, sino como solo puede hablar un pintor.

También habla con admiración de Damián Flores (1963) de quien afirma que es una especie de Hopper español; de David Hockney (1937) por su visión personal de los temas, con escenas domésticas de su entorno siempre con colores planos y acrílicos y esa luz diáfana y clara. El pintor, escultor, fotógrafo Mariano Carrera Blazquez (Dis Berlín) es otro de sus referentes, también tiene arquitecturas metafísicas.

CARLOS ROMANO IIIAnte el cuadro del interior con bañera y cama, elementos, en un principio, inconexos me habla de su forma de trabajar: primero un boceto a mano con lápices de colores para imaginar como “rompería” un color sobre otro y luego el ordenador que le permite hacer dibujo vectorial. También hace fotos, recorta, escanea y modifica en el ordenador hasta que tiene una idea clara y “¿cuando tengo la idea clara? Es un golpe, supongo que es como cuando te enamoras” habla también de cómo funciona irse por ahí dos horas, ver por ejemplo un atardecer, hacer lo que te da la gana o también como pintar tres o cuatro hojas recién levantado casi como “escritura” mecánica donde pueden quedar plasmados sueños que hayas tenido. Este cuadro nació así, con un sueño, soñó con algo parecido a lo que aquí vemos y dos años más tarde, cuando terminó el cuadro se dio cuenta que lo había soñado. Esta es, a mi juicio, uno de sus cuadros más importantes por ser compendio de su obra y porque en él va más allá. Es figurativo pero tiene tintes abstractos, especialmente en la alfombra y además es como una vidriera llena de luz y color. Si nos fijamos, la perspectiva está mal pero el cuadro funciona por el color. Construye el espacio con el color. Aquí precisamente está la clave del cuadro y de por dónde quiere ir su obra a partir de ahora. Lo importante es el espacio, quiere trabajar el espacio psicológico, quiere plasmar de algún modo el sonido, la intuición psicológica de espacio atmosférico. “todo esto te genera mayor sensación de espacio que la perspectiva matemática. Lo que más me interesa es el espacio, que de mucha sensación de espacio. En el resto de mis obras fondo y figura son cosas exentas, no participan de un todo, no tienen la misma importancia. Aquí es un todo, fondo y forma son un todo” Esto sucede también en la obra del sillón en la que afirma haber puesto más verdad, más entereza que la que tendría una fotografía de estos escenarios.

CARLOS ROMANO VEn sus obras rara vez encontramos figuras humanas reales pero cuando estas aparecen son mujeres. Podemos admirar su técnica de dibujo en los bocetos o en las aguadas a la tinta china, dedicadas casi por entero a la mujer. Una mujer llena de belleza y feminidad como un canto poético de fascinación y admiración. Impresiona, emociona la gran intimidad y confianza de estas obras. Técnicamete resulta impecable, libre de artificios con un trazo sintético de reminiscencias orientales en el que aplica lo que un día leyó en un libro sobre la obra de Hopper “quito lo que me sobra para quedarme con lo que me llega”. Romano en estas aguadas se abre en canal, con franqueza auténtica y hasta un nivel que no estoy segura que él mismo sea consciente.

Carlos Romano confiesa tener cierto temor de que no le sigan saliendo obras así, incluso se pregunta si sus obras aportan lo que deberían aportar, si es suficientemente bueno, ¿se puede hacer mejor?, ¿qué es hacerlo mejor?, ¿realmente se puede hacer un cuadro que llene al que te rodea? Es consciente de que muchas de estas preguntas no tienen respuesta, que “ la pintura es un misterio y siempre te debates entre amar el misterio y querer desvelar el misterio…si no me traiciono tengo que acabar encontrando una verdad universal de mi obra…creo en eso porque lo he visto en la poesía, tú te lees a Juan Ramón Jiménez y es universal, esas emociones son verdaderas”  En cuanto a las emociones, el artista considera que la palabra emoción se utiliza demasiado y de manera muy superficial. Piensa que el arte se dedica a la emoción que es verdad. Es más, dice, “ el hombre sin una emoción verdadera y profunda de las cosas a dónde va?, ¿qué proyecto va a hacer? “ y termina esta idea diciendo “si pierdes el sentido de la belleza de lo cotidiano, pierdes el camino” y después enlaza con el sentido de las artes que es “abrir al hombre al camino espiritual”

CARLOS ROMANO VIIIEmociona la manera tan auténtica y valiente que el artista tiene de enfrentarse, relacionarse y conocerse a través del arte. Valiente porque adentrarse en lo más profundo del corazón de uno mismo sin saber qué es lo que vas a encontrar, no es nada fácil. Como él dice, llegar al secreto de tu propia pintura y la de los demás es necesario un sacrificio. El camino de la pintura es duro porque es solitario,  un día a día entregado a una labor en la sombra sin reconocimientos.  A veces el artista sufre porque su obra no está en los lugares donde piensa que podría o debería estar, porque la obra aun no tiene la proyección esperada pero al final resulta una vida lograda a través de la búsqueda sincera de las cosas del mundo y su significado. Lo primero es que su pintura le guste a él pero su objetivo es que su pintura sirva de ventana al placer de las cosas, pues está convencido de que en las cosas que nos rodean hay una metafísica ontológica que va más allá de los límites sobrehumanos, lo que realmente vemos en el día a día. En un sentido más estrictamente técnico-artístico su objetivo le da mucho miedo, quiere lograr una madurez como pintor tal, que al final de su trabajo vea la entereza, el respeto y la pureza artística presente en la obra de Giacometti, Bacon o  Freund, a los que tanto admira.