“Alarde de tonadilla. Una historia de la copla” en el Teatro Tribueñe de Madrid

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El artista en la corte, Giandomenico Tiépolo y sus retratos de fantasia

por Alberto López Echevarrieta

Museo de Bellas Artes de Bilbao, del 9 de diciembre de 2014 al 20 de abril de 2015

         Tiepolo 08Once pinturas y doce estampas conforman la exposición titulada “El artista en la Corte, Giandomenico Tiepolo y sus retratos de fantasía” que constituyen “el broche de oro para el año expositivo del Museo de Bellas Artes de Bilbao” en palabras de su director Javier Viar. El entusiasmo del regidor de la pinacoteca vasca está justificado por tratarse de una muestra sumamente atractiva, sobresaliendo principalmente los magníficos retratos. Estamos hablando del trabajo de uno de los artistas más influyentes de la pintura veneciana, cuyo estilo recuerda a su glorioso antepasado Paolo Caliari, el veronés.

Factoría Tiepolo

Estaban dotados de unas cualidades muy singulares para la pintura. Los Tiepolo fueron en su tiempo unos obreros del pincel que no paraban de pintar para poder satisfacer los encargos que les hacían. Pero eso no significaba que con la rapidez se perdiera en calidad. Tanto Giandomenico (1727-1804) como su hermano Lorenzo (1736-1776) heredaron de su padre Giambattista (1696-1770) esa magia especial que tuvo la escuela veneciana a la hora de utilizar gamas cromáticas muy encendidas y rasgos compositivos a base de claroscuros de gran belleza.

Tiepolo10Los trabajos pictóricos llevados a cabo por Giambattista en diversos palacios italianos fueron objeto de numerosos comentarios elogiosos en las Cortes europeas, hasta el punto de que su firma en este tipo de edificios llegó a ser un símbolo de prestigio. Nada tiene de extraño, por tanto, que en 1762 el rey Carlos III le encargara la decoración del Palacio Real de Madrid, concretamente el Salón del Trono y varios techos. El veneciano aceptó la propuesta a condición de tener como ayudantes a los dos hijos que seguían sus pasos artísticos.

Giambattista cumplió su misión hasta que la muerte le sorprendió ocho años más tarde. Fue entonces cuando Giandomenico decidió regresar a su Venecia natal no sin antes pintar varios cuadros de caballete y obras sobre papel, entre los que se encuentran los once óleos sobre lienzo que ahora se exhiben en Bilbao, así como las doce estampas al aguafuerte. El otro, Lorenzo, se quedó en la Corte dando sablazos y desaprovechando su arte, según malas lenguas.

Galería magistral

“La obra de estos dos hermanos es sencillamente extraordinaria, a juicio de Andrés Úbeda, comisario de la exposición. Llegaron a superar la limitación artística consiguiendo un estilo propio, a pesar de que tanto sobre su padre como sobre ellos sopesaba la influencia de El Veronés. Crearon una factoría artística de unas características como pocas veces se ha visto. El resultado está aquí”.

Tiepolo 01Un análisis profundo del “Retrato de un hombre con turbante” (1768) (60×50 cms.) nos podría llevar horas. Llama poderosamente la atención el magisterio que hay en las barbas del protagonista o en el propio turbante, sin hacer a un lado su mirada fija y profunda. En “Retrato de viejo barbado” (60×50 cms.) volvemos a maravillarnos con el rostro del personaje en sí, en el artesanado de su vestido, en el juego de luces, pero de nuevo sobresale ese mentón con una pobladísima barba en la que el artista parece haberse cebado, como si quisiera recordarnos que esa representación es una de sus especialidades.

Repasando las efigies de las damas encontramos el “Retrato de joven con pañuelo en la cabeza” (60×50 cms.), otra obra maestra, contemporánea de las anteriores, en la que el autor se da un baño de arte al mostrarnos los pliegues de las ropas y la simpleza ejemplar del pequeño ramo de flores sobre el pecho. El “Retrato de una mujer de perfil” (60×50 cms.) supuestamente corresponde a Anna Maria Tiepolo. El busto de la mujer emerge de la oscuridad con foco luminoso en el pañuelo con el que cubre su cabello, la cara y el pecho. De nuevo la maravilla de los pliegues de la ropa, pero ante todo la serenidad del rostro en mirada perdida.

En suma, una exposición exquisita y magníficamente presentada, ideal para despedir el año artístico.