Discos

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Esther Garboni: “A mano alzada”

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Børns, inocencia contrastada

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Tamara de Lempicka, reina del Art Decó (1898 -1980). Exposición y Conferencia de Adriana Zapisek

Tamara de Lempicka, reina del Art Decó (1898 -1980). Exposición y Conferencia de Adriana Zapisek

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Javier Abella, fotógrafo artístico

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El renacimiento de un museo, el Hof van Busleyden

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“Alarde de tonadilla. Una historia de la copla” en el Teatro Tribueñe de Madrid

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Manuel María de Gortázar: “Diario de el sitio de Bilbao 1874”

por Alberto López Echevarrieta

Prólogo: Mª Jesús Vergara. Muelle de Uribitarte Editores, 2014. 116 págs.

Diario de El Sitio portadaEl resultado de la segunda guerra carlista tuvo una trascendencia vital para Bilbao. La ciudad, que siempre se ha considerado liberal, fue sitiada y bombardeada a placer por los carlistas en un intento de someterla por las armas o por el hambre. Manuel María de Gortázar, prohombre de la Villa y encargado de su defensa en tal delicado momento, escribió las incidencias del día a día del asedio a su amigo Cayetano Uhagón. Aquellas cartas constituyen hoy un diario sumamente ilustrativo de cómo fueron aquellas fechas en que la población supo sobreponerse a las inclemencias y sacar pecho ante una situación desesperante. El “Diario de El Sitio de Bilbao, 1874” que se acaba de editar es un libro muy ameno y a la vez apasionante por ser el testimonio de uno de los protagonistas de aquel conflicto y por el estilo desdramatizado que utiliza.

La guerra

Los carlistas ya lo habían intentado otra vez, pero no consiguieron entrar en Bilbao. El segundo embate se inició el 21 de febrero de 1874. La capital vizcaína era un objetivo muy apetecible por su capacidad comercial y los contactos que tenía con los principales puertos de Europa desde que ya en la Edad Media tenía un consulado en Brujas a través del que trajinaban las lanas de Castilla.

“Los carlistas necesitaban el dinero del comercio bilbaíno, señala la historiadora María Jesús Vergara, autora del prólogo de la obra. Los bilbaínos desoyeron en todo momento las peticiones de rendición que hacían los sitiadores y se prepararon concienzudamente no sólo a la defensa, sino a soportar el asedio que se anunciaba”.

El diario es rico en detalles vividos por la población civil: Los vecinos de los pisos altos buscaron refugio en los más bajos y sótanos por creerlos más seguros; una tienda de porcelanas vació sus grandes cajones donde guardaban las vajillas para construir en ellos camas, utilizando la hierba seca que contenían para la fabricación de colchones…

Estamos ante una narración animosa que nos habla también del espíritu altamente religioso que animaba a las tropas carlistas y de lo liberal que era la sociedad bilbaína.

La defensa y el ejemplo

SitioDeBilbao Mujeres fortificaUnos 4.000 hombres formaron parte de la defensa de la Villa ayudados por una formación de voluntarios en edades comprendidas entre los 16 y 70 años a los que se sumarían los extranjeros residentes y gentes llegadas de otros puntos del territorio histórico. “Contra lo que pensaron en un principio los sitiadores, en Bilbao no se pasó hambre durante el asedio por tierra y mar. Funcionó la negociación secreta de productos del campo y la carne nutriente llegó de la mano de los ejemplares de raza equina que había en la Villa. Fue un tiempo difícil, pero de la narración de Gortázar se deduce que, por ejemplo, las mujeres bilbaínas, que siempre gozaron de exquisita fama a la hora de vestir, se vieron liberadas ante la necesidad de arrimar el hombro”.

Los bombardeos fueron indiscriminados no respetándose los hospitales de sangre que se montaron en algunos templos de la Villa teniéndose que ser trasladados a casas particulares.

El autor de tan curioso diario hace gala de un cierto sentido del humor a la hora de contar cómo determinadas zonas llegaron a estar sembradas de piñas, como él llama a los proyectiles, o la pena que sentían las consumidoras de chocolate al tener que sustituir los tradicionales churros por una imitación -60% de harina de trigo y el resto de haba- que “no mojaba”. Cita también la costumbre que se extendió por los barrios de establecer tertulias nocturnas a pie de calle a la luz de la luna. Y, cómo no, la presencia de quintacolumnistas.

Si bien la segunda guerra carlista se inició el 31 de diciembre de 1873, el sitio de Bilbao duró del 21 de febrero al 2 de mayo de 1874, fecha en que la Villa fue liberada por las tropas del General Castaños mereciendo el título de muy noble e invicta. Fue todo un ejemplo de solidaridad ciudadana.