Sorolla, pintor de la alta sociedad y la moda

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Discos

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Tom Cowsert, pintor colorista norteamericano

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Discos

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Escandar Algeet: “La risa fértil”

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Balenciaga, el diseño del límite

por Alberto López Echevarrieta

Museo de Bellas Artes de Bilbao, del 10 de mayo al 26 de setiembre de 2010

Dicen quienes le conocieron que estaba predestinado al triunfo en el mundo de la costura. No obstante, en el fondo fue una suerte, no exenta de méritos propios, que ese triunfo lo consolide en el París de los grandes modistos internacionales un artista español. Esto es lo que ocurrió con Cristóbal Balenciaga (1895-1972). Nació en Getaria (Gipuzkoa) como hijo de un pescador y una costurera, en el mismo punto geográfico donde cuatro siglos antes vio la luz Juan Sebastián Elcano, el primer navegante que dio la vuelta al mundo.
Aprendió a tirar de aguja en su casa, ayudando a su madre, una mujer incansable en su afán de sacar adelante a la familia. Una de sus clientas, la Marquesa de Casa Torres, que vivía en el Palacio de Aldamar, un sobrio edificio del siglo XIX ubicado en el mismo puerto del Cantábrico, se dio cuenta de las posibilidades que tenía el muchacho y le pagó los estudios en París. Allí tuvo lugar el despertar del artista que, ya de vuelta, en 1913, abrió su primer taller en San Sebastián. La aristocracia española que entonces veraneaba en la capital guipuzcoana fue su primera clientela. Pronto montaría sucursales en Madrid y Barcelona.

La guerra civil le empujó de nuevo a París donde se convirtió en una de las firmas más cotizadas del momento. A partir de entonces fue toda una referencia en el mundo de la moda. Al contrario de otros modistos, Balenciaga fue enemigo de ostentosas figuraciones. Prefirió siempre pasar desapercibido, huir del periodismo adulador. De ahí los enfrentamientos que tuvo con la prensa especializada y con organismos sindicales del gremio.

A pesar de que otros colegas se lanzaron hacia corrientes innovadoras en el arte del vestir, Balenciaga se mantuvo fiel a sus ideas y a los contornos estilizados de sus figurines para conseguir la elegancia en sus modelos. Dejó a un lado los motivos sensuales que proponían sus competidores, pero abrió corrientes nuevas que llamaron poderosamente la atención. Un ejemplo de ello es la línea Imperio que lanzó en los años 50, vestidos de alto talle y abrigos que tienen cierta semejanza con los kimonos japoneses.

La exposición que ahora nos presenta el Museo de Bellas Artes de Bilbao, con cerca de cuarenta piezas originales, no pretende hacer un análisis exhaustivo de la obra del modisto vasco, pero sí nos introduce en el papel que la moda y el vestido pueden jugar en la sociedad. Está claro en todo momento que lo que siempre buscó el artista es la elegancia en el estilo más puro, resaltando además la feminidad de sus modelos que en ningún momento debe estar reñida con el buen gusto.

Fueron sus clientas Marlene Dietrich e Ingrid Bergman, que siempre alabaron la maestría del artista que llegó a ser leyenda en vida. A los 74 años se retiró cerrando sus casas de París, Barcelona y Madrid. Su última aparición en público fue en el entierro de su amiga Coco Chanel y su último trabajo el vestido de novia de la Duquesa de Cádiz que realizó poco antes de morir en Valencia el 24 de marzo de 1972. Su cuerpo descansa en el cementerio de su Getaria natal.

BalenciagaCon Dior y Chanel, Balenciaga forma parte de un trío de ases irrepetibles en el mundo de la moda. ¿Quién fue el mejor? La respuesta es tan difícil como innecesaria. Simplemente la casualidad quiso que en un momento dado de la historia surgieran estos tres personajes contemporáneos para demostrar que con hilo y aguja también se puede hacer arte.
Dentro de un año, en la primavera de 2011, está prevista la inauguración en Getaria del Museo Balenciaga que están ultimando el Gobierno vasco, la Diputación de Gipuzkoa y el Ministerio de Cultura una vez resueltos los problemas (gestión, apropiación indebida, malversación de fondos…) que le afectaron en un principio.