David Refoyo: “Donde la ebriedad”

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A partir del juego con el título de la obra de Claudio Rodríguez, en Donde la ebriedad, David Refoyo (Zamora, 1983) lleva más allá el trabajo experimental con la palabra y con Más»

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Me atrevería a decir que esto es un reencuentro de íntimos amigos. Lo primero que ha hecho Eduardo Arroyo en la presentación de la exposición que tiene en Bilbao ha sido reconocer Más»

Museo Thyssen 25 Aniversario

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Se ha dicho que una de las cosas que más lamentó Margaret Thatcher durante su gobierno fue el no haber conseguido que la colección Thyssen se quedara en el Reino Unido. También Más»

Cómo vivir en el campo, el juego de crear

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Cómo Vivir En El Campo es un trío (Pedro Arranz, Miguel Breñas y Carlos Barros) de Madrid que, tras varios CDs autoeditados en sus inicios, publicaría en 2012 su primer largo, CVEEC Más»

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Discos

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NEIL YOUNG: Hitchhiker (Reprise-Warner) Llevamos años oyendo hablar de los discos perdidos de Neil Young. Él mismo ha ido dejando caer detalles anunciando que los iba a recuperar en distintos formatos (su Más»

Doris Salcedo: “Palimpsesto”

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Jan Morris: “Trieste o el sentido de ninguna parte”

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No es una casualidad que este verano haya leído Trieste o el sentido de ninguna parte porque me gusta la literatura de viajes, lo que es una casualidad es que ahora, escribiendo Más»

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Juan Gerstl, artista venezolano cinético: “El xagon, módulo esencial de mi arte cinético”

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Antonio Méndez Rubio: “Va verdad”

por Alberto García-Teresa

Vaso Roto, 2013. 92 páginas

antonio_mendezEl proyecto poético de Antonio Méndez Rubio nace desde la incertidumbre, desde la plena conciencia de la fragilidad. De ahí las constantes dudas y vacilaciones, la falta de certezas (constatación del devenir posmoderno) hacia la que viran sus más recientes publicaciones. El verso elíptico y quebrado representa la ruptura también en la linealidad del pensamiento. Los encabalgamientos crean un ritmo abrupto que coincide con un discurso interrumpido, no fluido, que desbarata los presupuestos. Además, busca la confluencia de voces (tipográficamente marcadas y también señaladas las fuentes a pie del poema), que provocan desconcierto. Así, se recoge un cuestionamiento de la verdad, de la seguridad de ese concepto. Igualmente, muchas oraciones están armadas con negaciones. Con ellas, se destruye una predisposición y una construcción de la realidad muy determinada, que se nos presenta como superficial y que asimilamos con naturalidad. Expresa también una conciencia de la impotencia, de la imposibilidad. Porque “es una negación / en la que nos afirmamos”. Y es que los versos recogen una tensión continua, a la que contribuyen las abundantes paradojas. Pero hay una valoración positiva de esa vacilación, pues supone abandonar esa quimérica seguridad y comenzar a recorrer el camino de la sabiduría. También el de la emancipación: «Se puede / vivir sin comprender nada. /  Se debe / vivir sin comprender nada».

Por otra parte, la ausencia de asideros no llegan a provocar un encierro en el «yo», sino una disolución del mismo, una fragmentación  para la cual el poeta encuentra manifestaciones continuas en su alrededor; en el paisaje o en otros estímulos que lo rodean. A su vez, la escritura aparece como un ejercicio de mediación entre el individuo y la realidad. En cualquier caso, prosigue la dicotomía entre el afuera y el adentro, que es individual pero que también aporta una lectura política, pues, ¿dónde se ubica la utopía? Al respecto, el horizonte utópico continúa siendo constante en sus poemas.

Pero la inseguridad, además de humildad, también arroja valentía para encarar la vida sin esperar nada, para avanzar por ella asumiendo el riesgo, desembarazádonse de falsos refugios filosóficos. Al respecto, se registra una exaltación de lo imprevisto, de lo imprevisible, de lo que desborda lo preconfigurado: «Era la única forma / de que un futuro se hubiera / podido decir: / salvando el aviso de todo futuro».

Antonio Méndez Rubio, de este modo, sigue ejerciendo la poesía como tanteo, como exploración, desmontando la aparente construcción sólida e inamovible de la realidad.