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“Tipos populares”: La otra historia de Bilbao

por Alberto López Echevarrieta

Museo Vasco, de Bilbao, del 13 de diciembre de 2012 al 24 de febrero de 2013

Cuarenta y cinco óleos representando a otros tantos tipos populares bilbaínos componen la primera muestra de celebridades  bizkainas que se expone en el Museo Vasco, de Bilbao. El curioso no busque aquí a políticos ni a los grandes próceres de la industria vasca porque no los encontrará en favor de esos tipos populares que toda ciudad tiene y que componen esa otra historia plena de curiosidad, comicidad y humanismo. Lo realmente llamativo de esta cita es que los aquí representados tuvieron su actividad hace un siglo o tal vez más y, sin embargo, aún se les recuerda a nivel popular por sus hazañas o habilidades que no fueron pocas. Txomin Barullo, Luciano, Mario Ugarte, Las Gallegas, Jodra y un larguísimo etcétera han pasado a la historia local con un especial cariño y con el convencimiento de que aventuras como las que protagonizaron son difícilmente repetibles.

El arte del vivir del cuento

José Luis Pitarque –simplemente Pitarque para la leyenda- vivió toda su vida del cuento. En Bilbao, su nombre sirve como sinónimo para designar a cuantas personas practican el arte de vivir como un maharajá sin dar golpe, no porque les falte trabajo, sino porque sus naturalezas no les permiten rebajarse a esos extremos. Con buena presencia y siempre elegantemente vestido con trajes impecables, desarrolló su actividad en la primera mitad del siglo pasado. Era muy inteligente, simpático e ingenioso hasta extremos insospechados. Muchas de sus mordaces bromas e innumerables anécdotas han resistido al paso del tiempo.

Una de sus habilidades era la de catador de banquetes nupciales. Sin ser invitado asistía a los banquetes de bodas que se celebraban en Bilbao. Empezó de forma indiscriminada, pero acabó seleccionando los restaurantes. Perfectamente ataviado, se mezclaba entre los convidados. Los que iban por parte de la novia pensaban que aquel señor tan simpático y atento iba por la parte del novio y los de éste creía lo contrario. Pitarque tenía “carrete” y su proximidad en la mesa era disputada. Se cuenta que en algunos casos llegó a soltar un discurso al final deseando lo mejor a los novios. Acabado el ágape, los comensales se disgregaban y Pitarque desaparecía del restaurante haciendo para sus adentros una crítica del menú. Su habilidad colándose en este tipo de comidas llegó a coger fama, hasta el punto de que, se decía, un banquete no tiene categoría social si no asiste Pitarque, porque su presencia era sinónimo de que la carta preparada tenía, como se dice en Bilbao, mucho fuste.

El resto del día lo empleaba nuestro personaje en hacer relaciones públicas, alternando y bebiendo gratis gracias a su ingenio. Cuando se le amenazó con aplicarle la Ley de Vagos y Maleantes se buscó un trabajo: Encargó a un ferretero que le hiciese unas hojas de afeitar y las fue vendiendo por los bares asegurando que eran especiales para “caras-duras”. Sus bromas no acabaron ni en víspera de su desaparición. Al ingresar en el hospital le preguntaron cuál era su profesión, dejando a todos boquiabiertos cuando dijo seriamente: “Fabricante de cañones”.

Pitarque es un ejemplo de los tipos que se muestran en esta exposición, tal vez el más famoso, porque, como digo, forma parte de la leyenda de pícaros que en el mundo han existido. Pero no ha sido el único: La especialidad de Mario Ugarte, por ejemplo, era la de organizar festejos. Movía masas del tipo de aquellas que se concentraban recibiendo al Athletic cuando venía de Madrid con la copa correspondiente. ¡Qué apoteosis montaba el tal Ugarte! Para la historia de Bilbao ha quedado su frase más famosa: ¡Qué pocos quedamos!

Otro “singular” fue Txomin Barullo, apodo por el que se conoció a José Domingo Sagarmínaga y con el que ha pasado a la historia local. Éste era otro festivo, hasta el punto de que en las actuales fiestas de Bilbao hay una konparsa que lleva su nombre. Pero también están Luciano, en cuyo restaurante Ava Gardner hacía arrumacos al torero de turno. O Las Gallegas, dúo femenino que recorría las calles tocando instrumentos de cuerda desafinando hasta hacer historia; Cabesita de ajo, Cuchillito y navajita, Talento y tantos otros.

La colección

Esta singular colección se compuso originalmente de 239 retratos al óleo como un proyecto personal de los hermanos José Antonio y Luis de Lerchundi y Sirotich fechado a principio de los pasados años 50. Siete años más tarde se pudieron ver en una exposición con fines benéficos y en 1967 salieron a la venta, desapareciendo así 18 cuadros. El resto lo compró el Ayuntamiento de Bilbao depositándolos en este museo. Los cuadros, todos ellos del mismo tamaño, han sido oportunamente clasificados, por Deportistas, Hombres Populares, Artistas, Escritores, Personalidades, Benefactores, Hombres de Negocios y Altas Cumbres, apareciendo ahora una primera tanda que corresponde a los Tipos Callejeros. Junto a los retratos se incluye una pequeña biografía de cada uno de ellos. La exposición se completa con una colección de libros en los que se citan las hazañas de tan singulares personajes.