Adriaen Brouwer, maestro de emociones

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  Bajo el título “Adriaen Brouwer: Maestro de emociones” se muestra en el Museo de Oudenaarde (MOU) y las Ardenas flamencas la primera y mayor representación de la obra de uno de Más»

Javier Lostalé: “Cielo”

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Julio Vilches: “Sálvora. Diario de un farero”

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Loredana Volpe: “A pesar de tu santa cólera”

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Discos

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La reconstrucción del Monasterio de Rioseco

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Discos

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José Ramón Blanco:“Como la luna de Enero”

por Alberto López Echevarrieta

Muelle de Uribitarte Editores. 103 págs.

José Ramón Blanco, nacido en León y residente en Bilbao, es uno de esos hombres que rezuma vitalidad por sus poros. Apartado por edad de su carrera judicial en el País Vasco, donde ha tenido a su alcance argumentos reales que pueden superar la mejor ficción, vuelca su tiempo libre, que a pesar de todo no es mucho, en actividades literarias. Investiga como el mejor ratón de biblioteca, lee hasta almacenar dioptrías en el empeño y escribe con el rigor del científico y la amenidad del maestro.

Ahora acaba de publicar Como la luna de enero, una obra que se aparta de sus creaciones poéticas muy a pesar de que, como han dicho sus seguidores más conspicuos “la poesía es su más auténtico territorio”. Sin embargo, cuando se pone a escribir narrativa lo hace con un pudor que cautiva al lector. Con su novela Una vida breve consiguió el Premio Asturias de la Fundación Dolores Medio y con La montaña de algodón nos sumergió primorosamente en dos mundos tan dispares como son la Turquía y el Bilbao de los años ochenta.

Un amor loco

La obra actual sigue la senda de un título anterior, La espada recuperada, una serie de relatos ambientados en diversos tiempos y en distintas localizaciones geográficas descritas con verdadero acierto. La amenidad, por tanto, está servida.

“Es una historia de amor que nace en un curso de verano en el Gales de 1977, nos dice el autor. El protagonista se enamora de una chica francesa que ya tenía novio. Pronto se da cuenta de que el amor no le será correspondido. Al acabar el curso hay una emocionante escena de despedida porque a ella le da pena dejarle y marcharse. Van juntos de Bangor a Londres y en el Metro de la estación se dicen adiós. Más tarde, el chico hace un viaje a Grecia con un  amigo y la va recordando en los sitios míticos de este país. El hombre es consciente de que ha perdido a la mujer de su vida. El recuerdo le persigue por las calles de París y por la quebrada geografía de Córcega. Termina el relato de una forma fáustica cuando el protagonista, ya muy mayor, confiesa que siente un deseo insensato de volver a la juventud”.

Y si los parajes, como digo, están tan hábilmente descritos, otro tanto ocurre con la descripción de las relaciones entre la muchacha y el joven que la corteja. Tanto que me hace pensar en un  tratamiento autobiográfico del galán.

“Sí, tiene algo de mí mismo, aunque novelo mucho la acción principal para darle al relato la amenidad  y el tratamiento que una novela de este tipo debe tener”.

Fausto romántico

Para el autor, la secuencia fundamental está al final, cuando el protagonista quiere volver a la juventud sólo para volver a estar con ella. La novela, calificada como itinerante, describe el carácter romántico del protagonista. Este romanticismo está presente en la práctica totalidad de la obra literaria de José Ramón Blanco a través de libros de poemas como Árbol joven y eterno (1971), Fábula de Ariadna y Teseo (CLA 1974), La barca de antaño (Rocamador 1976), Perséfone desde el río (Rocamador 1980) y De Bangor a Delos (Colección Gerión 1984). Posiblemente, este autor muestre una especial predilección por algunos de sus trabajos puntuales, como Poemas de amor, que mereció un accésit del Premio Alonso de Ercilla en 1987, y la traducción de los Poemas de amor de Lord Byron y de Canciones y poemas de amor de William Shakespeare.

En cierto modo no hay más que seguir sus poemas para darnos cuenta de su espíritu inquieto. En Trigo y amapolas dice: “Pero en mi alma viajera/ reina por siempre la melancolía,/ y los chopos en hilera y las nubes lejanas/ no son sino el recuerdo de otros mejores días”. En Como la luna de enero introduce elementos narrativos que no nos dejan indiferentes.

“Al final del libro he incluido una fotografía que es una especie de reto que hago a los lectores para que pongan rostro a cada uno de los personajes. Descubro de esta forma que se trata de un relato basado en seres que existen o han existido”.

Destaca Blanco la parte del texto que se desarrolla en la isla de Córcega donde estuvo un verano en un campamento organizado por la universidad francesa. Allí se reunió a gente de muy diferentes países, entre la que estaba Therèse, la chica que tuvo prendado al protagonista. “Estuve carteándome con ella un tiempo, de ahí que la novela tiene también un carácter epistolar. Un día recibí una misiva suya en la que me comunicaba que se había casado y fue entonces cuando dejé de insistir y la perdí de vista”.

Como dice la canción, así se fueron aquellos amores míos.