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Gustav Klimt. Homenaje al pintor vienés en el 150 aniversario de su nacimiento

por Carmen González García-Pando

Diez de los museos  más importantes de Viena rendirán este año homenaje a uno de sus pintores más emblemáticos, Gustav Klimt ((14 de julio, 1862 – 6 de febrero, 1918). El artista vienés que nació en Baumgarten, una pequeña ciudad próxima a la capital austriaca, cumpliría en 2012, 150 años. Por esta razón, por la influencia que tuvo en pintores relevantes como Schiele y Kokoschka  y porque se trata de la figura más representativa del modernismo pictórico (Jugendstil) en el mundo de habla alemana, una amplia gama de exposiciones y actividades se llevarán a cabo en Viena. Nosotros, desde estas páginas, queremos hacer una pequeña semblanza de su vida y el arte que nos legó.

En busca de un estilo personal

Gustav Klimt fue el segundo de los siete hijos que  tuvieron  Ernst Klimt y Anna Finster. El padre era grabador de oro y su madre habría querido dedicarse al canto pero ni las condiciones económicas ni las escasas oportunidades de promoción social, se lo permitieron. Klimt se crió en un ambiente de relativa pobreza y sólo gracias a su talento consiguió que la Escuela de Artes y Oficios de Viena, le concediera una beca. Tenía catorce años y era el inicio de un aprendizaje como pintor y decorador de interiores que duraría hasta 1883. Allí se formó con maestros como Michael Rieser y Karl Hrachowina y comenzó su admiración por el pintor Hans Makart. El resultado de estos primeros pasos es una obra de corte muy clásica.

Con su hermano Ernst  (grabador también como su padre) comenzó a trabajar realizando modestos proyectos en un colectivo que se denominaba la “Compañía de artistas”. Los primeros encargos llegaron en 1880 para decorar  la escalera del Museo de Historia del Arte de Viena y varias pinturas para el techo de un salón del palacio de Sturany. El estilo era claramente academicista.

Doce años duró la relación profesional entre Klimt, su hermano y el pintor Franz Mastch  cuyo fruto en común fue la decoración de varios edificios públicos y privados de la ciudad. Ejemplo de ello es el teatro de Reichenberg y el Burgtheater de Viena por el que Klimt recibió, en 1888, la Orden de Oro al Mérito de manos del emperador Francisco José I de Austria.  Sin embargo, bien fuera por la tragedia familiar (murió su hermano Ernst y su padre en muy corto espacio de tiempo) o bien por su propia inquietud, lo cierto es que Klimt inició una carrera en solitario cuyo resultado es una mezcla entre realismo y simbolismo. “Fábula e Idilio” es un ejemplo de esta etapa en donde la desnudez de las figuras carece de la sensualidad y provocación de futuros trabajos.

A pesar del distanciamiento  cada vez más acusado con Mastch, aún colaboraron juntosl en un importante proyecto para decorar  el Aula Magna de la Universidad de Viena. Se trataba de hacer unos paneles que representaran  la Filosofía, la Medicina y la Jurisprudencia. Klimt conjugó la forma clásica de la alegoría con su propio lenguaje plástico de matices provocativos y abiertamente sexuales. Cuando los cuadros se expusieron entre 1900 y 1905 en la Secesión, fueron objeto de furibundos ataques  e incluso tachados de obra pornográfica. A tal punto llegó el escándalo y las protestas que Klimt acabó por retirar las tres pinturas y renunciar al encargo. Más tarde, en 1945, aquellas obras fueron destruidas  por los nazis –junto con otras del artista- en el incendio del castillo de Immendorf.

Emilie Flöge entró en la vida del artista a principios de la década de 1890 y fue su compañera sentimental  hasta el final de su vida. La relación debió ser bastante tortuosa por las constantes aventuras amorosas del artista.  Se habla que fruto de aquellas infidelidades son los numerosos hijos que nacieron de aquellas relaciones. Ninguno tuvo con Flöge.

La Secesión Vienesa

La pintura de Klimt sufrió un giro decisivo hacia 1897 con la creación de la Secesión donde el mismo fue miembro fundador y presidente. La Secesión surgió como alternativa independiente a los artistas más convencionales promovidos por la Academia Vienesa. Se trataba de promocionar a los jóvenes artistas con exhibiciones en el extranjero y contó con la publicación de una revista (Ver Sacrum o La Sagrada Primavera) que recopilaba las obras de sus miembros. Sin embargo,  y en contraposición de otros movimientos, nunca la Secesión redactó un manifiesto ni impuso una línea estilística. Así pues no era difícil encontrar entre sus líneas a pintores simbolistas, realistas o naturalistas. Contó, no obstante, con cierto apoyo de las autoridades que cedieron un solar para construir una sala de exposiciones aunque las obras allí expuestas siempre fueron muy criticadas.

A partir de este momento comienza en Klimt el periodo más personal y creativo de su arte. Es el inicio de su madurez y pasa a convertirse en la personalidad más relevante y singular del arte nuevo austríaco. En contraposición con el tono moralista de la sociedad del momento, Klimt comienza a pintar unas pinturas enigmáticas y evocadoras donde la figura femenina se presenta enérgica y provocativa, envuelta en un halo de sensualidad y protagonista absoluta de la escena. c (1899) son dos buenos ejemplos que definen este cambio en el pintor. La primera recrea a la diosa griega de la sabiduría y la justicia. Mujer fuerte y victoriosa, acorazada y armada que se convertirá en símbolo y referencia entre los secesionistas centroeuropeos.  En Nuda veritas el protagonismo recae en el desnudo de una mujer con cabellos de fuego que mira frontalmente al espectador con una actitud desafiante y provocativa. Obviamente la obra fue tachada de impúdica, una afrenta al ideal clásico de la imagen femenina. En ambas obras Klimt utiliza por vez primera el oro como elemento pictórico, un material que utilizará en numerosas ocasiones.

La primera alegoría que el pintor realizó sobre el mito de Judith y Holofernes, fue en 1901 con una obra en la que la heroína, y ejemplo bíblico a seguir, se muestra como mujer fatal, fuerte y a la vez misteriosa y atractiva. Su mano soporta la cabeza de su enemigo que apenas tiene protagonismo alguno. Lo importante para Klimt era la recreación de ese ideal femenino ambiguo donde ella  es fuerza liberadora y amenaza al mismo tiempo. Obviamente también esta imagen provocó gran revuelo entre las mentes bien pensantes.

Para la XIV exposición de los secesionistas vieneses en 1902, Klimt concluyó su trabajo en el Friso de Beethoven que había realizado como homenaje al compositor alemán fallecido en Viena en 1827. El friso fue pintado directamente sobre la pared y se articula en una serie de episodios simbólicos sobre la salvación de la humanidad a través del arte. Tampoco esta obra se libró de la polémica de quienes tachaban el trabajo como un compendio de “alucinaciones y obsesiones”

Entre 1904 y 1907 Klimt continúa pintando un universo idealizado de formas acuáticas que ya inició años antes.  Las Serpientes acuáticas simbolizan el amor lésbico a través de formas ondulantes donde las mujeres se confunden con las algas y las flores, e incitan al espectador a entrar en su juego de miradas lascivas. El beso y Dánae son las obras más conocidas, pintadas en el cenit de su madurez entre 1907 y 1908. Según la interpretación del mito, Dánae es fecundada por Zeus en forma de lluvia de oro de donde nacerá el héroe Perseo. Un tema con una carga sexual tan explícita le sirve a Klimt para una vez más recrear la carnalidad y sensualidad de esa mujer que, en posición fetal, parece alcanzar el éxtasis amoroso. Muy alejada de la antigua iconografía clásica, el cuerpo desnudo es de una sensualidad extrema y su actitud denota  que es sexualmente  libre y autosuficiente para elegir su propio destino.

El beso es una evolución del tema ya pintado en el Friso Beethoven. Aquí la mujer se entrega al abrazo del hombre con enorme felicidad. Es la imagen de plenitud amorosa, de amor idealizado. Los ornamentos que conforman la figura masculina son cuadrados mientras que el artista ha elegido los redondos y circulares para ella. La decoración característica del pintor no resulta aquí excesiva sino que forma parte de la escena y transmite en las dos imágenes una sensación tranquila y placentera. Finalmente ambos cuerpos han sido enmarcados en una especie de cápsula dorada sobre un bello tapiz de vistosas flores. Los protagonistas de uno de los más famosos besos de la historia del arte, no podían ser otros que el propio Klimt y su compañera Emile Flöge.

Con los retratos femeninos, el talento de Klimt alcanza cotas elevadísimas de genialidad. Pocos abordan otro tema que no sea el de la mujer, de hecho el artista llegó a decir “no existe ningún autorretrato mío. No me interesa mi propia personalidad como objeto de un cuadro, sino más bien me interesan otras personas, en especial mujeres, otras apariencias…”. En esta faceta sí logró el pintor gran reconocimiento entre sus contemporáneos pues se sintieron atraídos por la modernidad llevaban implícita.

Con el lienzo de  Sonja Nips en 1898 Klimt se sitúa como el gran retratista de la burguesía vienesa. Después seguirían el de Serena Lederer, el  de Adele Bloch-Bauer -uno de los cuadros más famosos y caros del mundo- el de su compañera Emile Flöge de 1902, o el de Fritza Riedler de 1906 en el que el artista coloca un motivo ornamental detrás de la cabeza de la mujer alusivo al tocado velazqueño de la Infanta María Teresa de Austria. Y es que previamente a este año Klimt había viajado a España y visitado el Museo del Prado donde contempló la obra del pintor sevillano.

Las obras que Klimt lleva a cabo en los últimos años de su vida parecen gozar de una mayor paz y plenitud moral.  Emplea colores puros sin mezclar aunque las formas siguen siendo curvas y la figura femenina mantiene el protagonismo principal. Es un momento en el que el pintor se desprende de la presencia del dolor y la muerte y su pintura se vuelve más expresionista.  En La Virgen de 1913 una serie de formas femeninas, que parecen flotar en un ambiente colorista y feliz, se mueven en torno a la figura central que representa el paso de niña a mujer. Es un canto al amor femenino y representa el paso de su época dorada a la etapa final.

En febrero de 1918 Klimt tuvo un ataque que le paralizó medio cuerpo. Se dice que en el hospital sólo requería la presencia de Emilie pues le horrorizaba el que cualquier mujer pudiera verlo en ese estado tan deplorable. Viena estaba sumida en una epidemia de gripe el mismo mes que el artista sufrió una neumonía que lo mató.

 A su muerte se encontraron cientos de dibujos y algunas obras inacabadas que revelaron la técnica y ciertos secretos de su arte como el hecho de que sus mujeres eran pintadas desnudas y después, al introducir la decoración, las iba vistiendo.  Un matiz nada sorprendente de alguien que tanta fascinación y conocimiento tenía del cuerpo femenino.