Discos

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JOSH ROUSE: Love in the Modern Age (Yep Roc-Popstock!) Tras acabar la gira de su anterior disco, The Embers of Time, Josh Rouse buscaba un cambio. Necesitaba explorar nuevos sonidos y, también, Más»

Lorenzo Lotto. Retratos

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Un total de 38 retratos del pintor italiano renacentista Lorenzo Lotto se muestran en el Museo del Prado hasta el 30 de septiembre de 2018. La exposición, que ha sido comisariada por Más»

Josu Hormaetxe: “Corsarios Vascos”

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La piratería siempre ha tenido un atractivo especial para la investigación. Tal vez porque casi todos, de niños, hemos tenido como libro de cabecera La isla del tesoroo porque nos han seducido Más»

Silvia Pérez Cruz: valentía, locura, un encargo y un recuerdo pendiente

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Silvia Pérez Cruz ha editado recientemente su nuevo disco, Vestida de nit, cuyo origen está en un concierto acústico que le propusieron en su día dentro de un ciclo de música clásica Más»

110 AÑOS, 110 OBRAS

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El Museo de Bellas Artes de Bilbao, tercera pinacoteca en importancia y una de las más veteranas del estado español, se prepara para cumplir sus primeros ciento diez años de vida. La Más»

María Dueñas: ”Las hijas del capitán”

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Nueva York, 1936. La pequeña casa de comidas El Capitán arranca su andadura en la calle Catorce, uno de los enclaves de la colonia española que por entonces reside en la ciudad. Más»

Discos

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María López de Castro: La restaturación de una obra de arte. La fundamental colaboración interdisciplinar

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María López de Castro es Conservadora y Restauradora de Bienes Culturales y especialista en Pintura por el Istituto per l’Arte e il Restauro Palazzo Spinelli de Florencia y la Escuela de Restauración Más»

The Cranberries, la luz al final del túnel

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Hace aún escasas semanas que fallecía Dolores O’Riordan, la cantante de The Cranberries. Recordamos aquí sus palabras en una de sus últimas entrevistas que coincidió hace unos meses con la edición del Más»

Jesús Camargo, el color y la pintura del Mediterráneo

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El pintor Jesús Camargo muestra una pintura que refleja el paisaje y el color del mediterráneo. Una de sus series, titulada Magreb, es una de las más bellas de su trayectoria artística. Más»

 

Bruno Galindo: “El público”

por Mercedes Martín

Lengua de Trapo, Madrid 2012, 222 pp.

Bruno Galindo es un artista multidisciplinar. Perfo-poesía, música-poesía, poesía-pintura… En su página web enumera los ámbitos de su interés: música, periodismo, literatura. El público es su primera novela. Parte de la novela se prefigura en sus espectáculos musicales, en las que una voz grave de acento argentino nos habla (spoken-word), más que nos canta, acerca de la falta de eternidad.

El público es, precisamente, el protagonista de la novela. Representado en un hombre cualquiera, alguien sacado de una estadística, que viene a ser lo que en el programa posthumanista se llama postsujeto y en los análisis de mercado, consumidor. El público es la clase media frustrada, consumista, pero marxista nostálgica, cínica y oportunista, se queja, pero paga las facturas y hace oposiciones —si la dejan. No tiene principios, sino que tiene miedo. En la teoría, tiene ideales, en la práctica reconoce que los ideales están bien para otros, porque ellos pertenecen a otra generación y tienen que pagar la hipoteca. El público es el “último hombre” del programa nietzschiano.

Lo mejor de El público o lo que me parece más interesante es la voz narradora, que habla como quien lee las estadísticas. Lo que sucede al hombre medio, a “nuestro hombre”, es lo que sucede a la población de cierto rango de edad y nivel adquisitivo, según las estadísticas que manejan las grandes empresas y los gobiernos. Lo que ocurre en la novela es ordinario y, por eso, predecible. Por eso es patético que un número en la estadística intente escapar de su destino estadístico. El amor y el desamor, el éxito y el fracaso, la vejez, los proyectos abandonados… Todo se cumple según la media. Lo que parece una vida, es perfil o tipo. Sólo una cosa nos saca de esta rutina deliberada: de vez en cuando sentimos (también el narrador) cierta autocompasión, aquel puntito casi invisible, mezclado con otros en el diagrama de tarta, aquel ser anónimo y apático, nos grita en el espejo.

Mientras los poderosos parecen permanecer inmunes a las leyes y a la Agencia Tributaria, el público es contabilizado, grabado en sistemas de video vigilancia, manipulado en la publicidad, en las noticias, retenido en los controles de aduanas, vendido en internet, fichado por las compañías de todo tipo, en la calle le piden la documentación, lo despiden del trabajo, lo expulsan del sistema, de su casa, le dejan un rinconcito en un cajero (para más recochineo) y allí duerme.

Pero en algún lugar no detectado en los gráficos, una masa de gente representa la nueva era, gente que se reúne y debate sobre el futuro: ellos no quieren seguir siendo carne de mercado ni vivir como otros quieren que vivan, quieren inventar nuevos caminos. ¿Estará a tiempo el público de transformarse en este nuevo agente social, de constituirse en “una nueva conciencia, [con] un grado de lucidez colectiva nunca visto hasta ahora”, “una revolución generada por una telepatía furiosa que sería activada por una especie de Golem electrónico”? No contaré cómo termina la historia.