Emilio Sánchez Mediavilla: «Una dacha en el Golfo»

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Hace muchos siglos Bahréin era una región del Paraíso, al menos podemos deducirlo de las tablillas sumerias, asirias y mesopotámicas. El lugar donde cuentan que sucedió el diluvio universal, donde Gilgamesh persiguió Más»

Flavia Tótoro Taulis: «¡Qué sabes de arte?»

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Arte y Pandemia

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Cuando creíamos que los males se reducían a los totalitarismos y sus funestas consecuencias humanas, aparece un virus amenazador, el COVID-19, que asola nuestra vida y revuelve nuestra relación con la naturaleza Más»

Keb’ Mo’, el compromiso emocional del blues

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Desde que irrumpiera en la escena musical a principios de los años 90, Kevin Rooselvelt Moore (renombrado Keb’ Mo’ en 1994) se ha ganado una reputación por su maestría en los múltiples Más»

Joseph Roth: “La Cripta de los Capuchinos”

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Es una de las grandes novelas del siglo XX , escrita por uno de los grandes novelistas del mismo siglo. La Cripta de los Capuchinos novela del escritor austriaco Joseph Roth (Austria, Más»

Jesús Talón Pérez-Juana: «Entropía»

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Pocas veces llegan a los lectores libros de relatos que despierten, como este, emociones olvidadas en los armarios o trasteros de la juventud, relatos que contengan pequeños saberes que esperanzan, que animen Más»

Discos

Discos

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Parade y su deriva sentimental

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La deriva sentimental es el nuevo disco de Parade, una colección de 11 temas de Antonio Galvañ, al que suma “Josephine”, la versión de Stephin Merritt. En algún caso cuenta con su propia voz Más»

La danza y la poesía desde el confinamiento

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Sara Gallardo: «Eisejuaz»

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Discos

por Xavier Valiño

SPIRITUALIZED: And Nothing Hurts (Bella Union-PIAS)

Desde la misma portada, Jason Pierce nos confirma que no dejado atrás su fijación con el espacio, un lugar al que evadirse cuando se ha pasado por relaciones rotas, adicciones varias, neumonías casi fatales o tratamientos con quimioterapia. Es, también, otra forma de reconocer que sigue haciendo las mismas canciones, con un título tomado de una línea de la novela de Kurt Vonnegut Matadero cinco: “Todo era hermoso y nada duele”.

Pierce ha buscado componer letras que definan su situación a los 53 años, acogiendo lo inevitable de la existencia y aceptándolo con la satisfacción que se puede extraer al ser consciente de ello, casi todo grabado y tocado por él. De ahí su tono reposado y reflexivo, solo roto en dos momentos (“On the Sunshine” y “The Morning After). Tan catártico y adictivo como de costumbre.

 SUEDE: The Blue Hour (Rhino-Warner)

Según parece, este octavo disco de Suede cerraría una trilogía iniciada en 2013 (Bloodsports) y continuada en 2016 (Night Thoughts), confirmando lo que es uno de los regresos más consistentes de los últimos años. Y este, en concreto, un disco oscuro, paranoico, solemne y dramático, resulta ser su mejor trabajo desde sus dos primeros álbumes.

The Blue Hour revela un sonido árido, orquestal, de atmósferas cargadas, que habla de viejas heridas, situaciones sórdidas, dolor infantil… Y lo hace con inspirados riffs de guitarra de Richard Oakes, agradecidos arreglos orquestales de Neil Codling y un Brett Anderson convertido en la estrella de la función con una voz de múltiples registros. Hay interludios, temas densos y momentos más inmediatos (“Cold Hands”, “Life Is Golden” o “Don’t Be Afraid If Nobody Loves You”).

PAUL WELLER: True Meanings (Parlophone-EMI)

Tras más de cuatro décadas en activo, digamos que los últimos diez años el mundo de Paul Weller ha estado marcado por una explosión creativa imbatible que se inició con 22 Dreams. Más libre que nunca, y asumiendo más influencias y retos que en buena parte de su pasado, Weller llega a su decimocuarto disco dando un golpe de timón, puede que no sorprendente pero sí inesperado.

En algunos de sus trabajos ya había ido dejando caer antecedentes, y ahora ofrece el disco más abiertamente folk y reflexivo de toda su trayectoria. Los arreglos de cuerda y de viento podrían recordar a las orquestaciones que Robert Kirby hizo para Nick Drake. Weller medita aquí sobre el amor, la pérdida y la esperanza a los sesenta, en canciones que van pasando sin sobresaltos pero sin llegar tampoco a causar el impacto emocional probablemente buscaban.

TACHENKO: El don del vuelo sin el arte hermano del aterrizaje (Limbo Starr)

Ante un trabajo como es este, su séptimo disco, bien podría recordarse que su anterior recopilatorio retomando canciones antiguas en clave acústica, Misterios de la canción ligera, podría haber tenido una influencia clara en su sonido ahora menos eléctrico, algo que adelantaron los singles “La pena capital” y “Domingo de resurrección” que, por suerte, no son sus mejores exponentes.

Hay en El don del vuelo sin el arte hermano del aterrizaje (otro magnífico título) melodías brillantes, como siempre ha sido marca de la casa. Nuestros Teenage Fanclub patrios se olvidan en esta ocasión de las canciones eléctricas y rotundas (salvo en “Justo y necesario”) para firmar otro ramillete de temas melancólicos afortunados que ratifican que están construidos de una pasta única y muy especial (“Rápido”, “Suave conmigo”, “Gafas de sol”, “Los estilos”…)

 PAUL McCARTNEY: Egypt Station (Capitol-EMI)

Andan las revistas especializadas británicas soliviantadas con el decimosexto disco de Paul McCartney, asegurando que se trata de su mejor álbum desde el lejano Band on the Run (1973). Omiten, probablemente de forma interesada (un Beatle en la portada ayuda, y mucho, a las ventas), discos notables como, por ejemplo, Chaos and Creation in the Backyard (2005).

En Egypt Station, el primer disco de McCartney en 5 años, toca piano y bajo, como es habitual, pero también guitarra eléctrica, batería, armónica y sintetizadores, además de haber programado varios loops. Entre canciones resultonas, como los singles “Fuh You” o “Come to Me”, sí aparece algún que otro motivo para la alabanza, como “Despite Repeated Warnings” o “Back to Brazil”. No es para tanto, pero, ¿quién sigue haciendo discos así a los 76 años?

SWAMP DOGG: Love, Loss and Auto-Tune (Joyful Noise-Popstock!)

Leyenda viva del soul, Swamp Dogg también sigue grabando a los 76 años. No hay quien le discuta su pasado ni tampoco sus dotes como compositor. No obstante, en su nuevo disco, promovido por músicos-productores como Ryan Olson o Justin Vernon (Bon Iver) hace uso extensivo del auto-tune, una herramienta tan actual que es la que predomina en el mundo del trap.

Suena extraño en un principio, pero lo cierto es que el tono digital frío del Auto-Tune sirve para transmitir ese sentido de desapego emocional que recogen unas canciones que hablan de pérdidas emocionales y soledad. Olson agrega sintetizadores y cajas de ritmos renovando el clásico sonido de Dogg con un enfoque impresionista. Inspirado -y con mejor resolución- en el último disco de Gil-Scott Heron (I’m New Here, 2010), satisfará a unos y chirriará a otros.