Discos

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The Wedding Present: Something Left Behind

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Han pasado treinta años desde la edición de George Best, de The Wedding Present, el “mejor disco sobre una ruptura amorosa jamás hecho”, como lo definió alguien en su momento. Al mismo Más»

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LOS ZUBIAURRE. MEMORIA GRÁFICA

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Santiago Auserón, verso cantado

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Vagamundo, el último disco de Santiago Auserón se grabó a comienzos de 2017. Con este trabajo Auserón completa una trayectoria que empezó primero con Radio Futura y lo que fue el horizonte Más»

OLGA – PICASSO

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Guillermo Núñez: “Dibujar con sangre en el ojo”

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Dibujo y poesía se dan la mano para construir un estimulante libro que reflexiona sobre el proceso de creación. Como si de un cuaderno de trabajo se tratase, sin aparente mediación, este Más»

Discos

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Bruegel, una visión muy particular del mundo

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Bruselas rinde tributo a uno de los grandes pintores flamencos Más»

“Fra Angelico y los inicios del Renacimiento en Florencia”

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Entre las muchas y variadas exposiciones que el Museo del Prado ha organizado para celebrar su bicentenario, se presenta este verano una de las muestras más interesantes por diversas razones. La primera Más»

 

Fernando Rampérez: “Distancia e incertidumbre”

por Mª Angeles Maeso

(Ed. Avarigani, 2018. 104 pags.)

Fernando Rampérez, profesor titular de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Filosofía de Universidad Complutense de Madrid, analiza en este ensayo la capacidad de estas dos palabras, distancia e incertidumbre, para dotar de sentido a la vida. La argumentación sobre su necesidad, apoyada por igual en textos filosóficos y literarios, es una gozosa lectura que muestra cómo ambas disciplinas se ordenan en un mismo hondo y bello discurrir.De la configuración de la propia escritura, del vacío que late entre cada signo y que al mismo tiempo es conexión e incertidumbre, obtiene su primera apoyatura para mirar críticamente la organización del mundo globalizado, en el que la distancia, y con ella, la reflexión-reflexividad de uno mismo, han sido abolidas. De ahí, como pedía W. Benjamin, la necesidad de pensar el espacio y el tiempo unidos y atravesados por la experiencia, tal como “se entremezclan en el viaje o la travesía, el paisaje o el camino”. De ahí, que Rampérez, nos pida mirar la historia evitando dar por suficiente cualquier explicación, sino habitar el lugar del “entre”, que no es el lugar de lo equidistante ni de la indiferencia, que también exige tomar parte, saberse implicado y contingente.  Un lugar donde la raíz del deseo opere permitiendo que arte y política se acompañen.  Si  Benjamin hablaba de interrupciones, quiebras en la temporalidad histórica, Rampérez  fijará como criterio de valor del arte esas dislocaciones, pues “una obra que no descoloca, una obra que no desplaza el punto de vista, exigiendo pausas o cambiando el ritmo del paso, poniendo distancia con lo vivido o lo sufrido, inyectando incertidumbre y alterando lo que se siente o se experimenta o se espera, no es, quizá una obra de arte”. Una forma de desplazamiento que afecte a lo esperado; que altere la percepción de quien la contempla y que alcance a cuestionar el estatus la realidad asumida, porque, afirma Rampérez, “Cada obra dirá que la realidad, tal como está dada, no basta, y abrirá un margen de incertidumbre o libertad o creación” De ahí, su defensa de la literatura, y la metáfora, por su capacidad para otorgar sentido y presentar “un mundo sin seguridades ficticias ni ficciones consoladoras”

Su apuesta por las dos ejes, vertebradores del discurso: distancia e incertidumbre, avanza con rigor, mostrándonos los efectos que se producen en un mundo sin ellas: lo que vemos tras la palabra “concentración”, las sobrecogedoras imágenes de una humanidad amontonada y destruida, pero también tras los lugares de encierro de la biopolítica estudiada por Foucault: cuarteles, milicias, siquiátricos, fabricas, hospitales, escuelas, masas, donde todo sucede bajo la ley acatada que otorga buena conciencia. Una forma de vida estandarizada en la que seguimos, gracias a la supresión de la distancia política que también Arendt señalaba. Rampérez, por un lado propone términos como libertad, paz o anarquía que apoyen su reclamo de distancia; por otro, la constatación de los efectos que se producen cuando ella, la distancia, es aniquilada citando lo que sucede en nuestra era de las comunicaciones en tiempo real: eliminación de la incertidumbre, la ficción, la reflexión, la duda, todo lo que Baudrillard, califica como la obscena estructura de la “hegemonía”, capaz de preverlo todo: pasado, presente y porvenir, hasta el punto de neutralizar cada acontecimiento. Ya es tremendamente obsceno que los acontecimientos pasen ante nosotros como si no sucedieran, pero el profesor Rampérez  matiza que “a Baudrillard se le escapa el factor fundamental por el cual la globalización y su mitología resultan obscenas: porque, además, son mentira: “La visibilidad completa y el tránsito fácil son simplemente mentira. Se vende el libre acceso, la plena información (…)  pero la oscuridad sigue siendo la de siempre, o mayor, las claves de lo que sucede escapan todavía más, en la mitología de la transparencia, al control de la inmensa mayoría”. Mentiras que desarrolla en el magnífico “Excurso sobre la ingenuidad y la transparencia”, de obligada lectura.Su propuesta, desde cada uno de los capítulos, es saberse parcial, limitado, sin que esto sea sinónimo de relativismo, sino más bien una apuesta por un compromiso sin asideros, desde la anarquía. . “Nada más peligroso que una certeza total o un conocimiento que se quiere o se sueña absoluto.” Mejor no saber cuándo llega la muerte, ni la nuestra ni la de los demás. No se trata de una puerta abierta al escepticismo que tome la duda por método, no, porque: “La alternativa a la certeza no es la duda, sino la incertidumbre (…) La duda es habitable; la incertidumbre te saca de casa”  La incertidumbre que este profesor defiende lleva atributos como activa, combativa, militante, elegida, querida y estimada. Testificar lo visto, aunque duela nombrarlo, resistir conscientemente ante los límites que se mueven. “Ser humano implica no saber y acompañarse en la incertidumbre”. De ahí, que señale como obscena la concepción de una ética de principios universales.

Para el abordaje del yo (De la distancia de uno mismo), defiende como necesaria la ironía distanciadora del grito de Rimbaud, (Je suis, l´outre), que recoge a través del verso de J. Gelmán, De todos modos, yo soy otro, al tiempo que señala las carencias de la filosofía, (ya sea cartesiana o existencialista) al desalojar la concreción del cuerpo en la conciencia y, en consecuencia, configurar erróneamente un yo pleno y autónomo: “No tocado, rozado apenas, solamente lleno de una responsabilidad abstracta y fría”. De ahí, su reclamo para, una vez más, abrir distancia: “una hendidura en el yo mismo, insertando tiempo, discontinuidad e incertidumbre en ese relato al cual llamo yo” donde “No es posible captar ese primer momento de la conciencia sin encontrarla manchada, impregnada de memoria. No es posible probablemente porque ningún yo puro, inmaculado y autista de este tipo existe. No es la conciencia ese espacio autosuficiente y autoevidente que una filosofía casi geométrica ha inventado. Al encontrarnos con nosotros mismos, nos vemos ya sidos, ya acontecidos en un mundo concreto y con otros seres humanos concretos, nos sabemos creados por un dolor, un roce, un contacto, la alegría de un nacimiento, la duda de una decisión. Nos sabemos hechos por otros. (…) El mundo, de esta manera nunca nos resulta ajeno; y tampoco nuestro cuerpo.”

Un modo de vernos como flecha orientadora, también abordado desde los estudios literarios para la escritura del relato o el poema, donde también es frecuente remitir a Benjamin, donde también acabamos preguntándonos si seremos o no capaces de asombro y experiencia para, como nos recuerda y defiende Rampérez: “leer de otro modo mirando hacia adelante y arreglándonos con poco”. Con un amor sin absoluto, apenas humano, ya que tras Nietzsche, sólo nos queda amar el epílogo: amar al prójimo (próximo) como a ti mismo. A fin de cuentas, concluye  Rampérez, “hay amor porque no hay absoluto” O porque el archivo, como en la novela de Saramago, Todos los nombres, no es perfecto.

El libro se cierra recordándonos que si la memoria juega con el olvido, la muerte con lo no sabido. Y con la apelación a la distancia que  ha reclamado para cada apartado, suficientemente matizada en la última nota, donde “el soy” que durante toda la vida tiembla, duda y se sostiene en la incertidumbre, ya es una irónica certeza: “Soy del lugar en que moriré”, lo que, lejos de todo patetismo, le permite formular: “Somos, pues, del fin del mundo.”

Hay libros que crecen en horizontal por su número de páginas y libros que crecen ahondando en vertical. A estos últimos pertenece Distancia e incertidumbre.  La brevedad de los 15 capítulos (generosamente compensada por las notas) se ajusta a la coherencia con la que defiende la consciencia del no saber, para hacer hueco a la distancia y habitar la incertidumbre. Dos palabras que rigurosamente  sostiene en alto en cada uno de los capítulos. No dejen de probarlas.