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Adriaen Brouwer, maestro de emociones

por Alberto López Echevarrieta

(Museo de Oudenaarde (MOU) y las Ardenas flamencas, del 15 de setiembre al 16 de diciembre de 2018)

 

Bajo el título “Adriaen Brouwer: Maestro de emociones” se muestra en el Museo de Oudenaarde (MOU) y las Ardenas flamencas la primera y mayor representación de la obra de uno de los grandes maestros de la Escuela Flamenca que injustamente ha figurado siempre en un segundo plano en favor de sus contemporáneos Bruegel y Van Dyck. Me estoy refiriendo al pintor Adriaen Brouwer (1604-1638) al que se le sitúa entre Rubens y Rembrandt. Veintisiete pinturas de este singular artista, arropadas con cerca de medio centenar más, conforman la exposición que presenta la pinacoteca belga. En ella no sólo se pueden comparar estilos, marcar diferencias y descubrir nuevas facetas, sino también descubrir que fue un pintor muy copiado.

Brouwer vuelve a casa

La localidad de Oudenaarde se encuentra a 74 kilómetros de Bruselas y ha pasado a la historia por ser cuna de Margarita de Parma, hija del emperador Carlos I. Hasta ahora las discusiones ciudadanas han girado en torno al Tour de Flandes y al ciclismo en general, deporte por el que se siente aquí una auténtica pasión, pero a partir de ahora hay un nuevo invitado en los temas de conversación, un vecino al que pocos conocían y que ha resultado ser un maestro de la pintura flamenca, Adriaen Brouwer. Su obra ocupa hoy con todo merecimiento las salas del Ayuntamiento de la ciudad donde está enclavado el MOU, un edificio que fue residencia de Carlos I y en cuyas vidrieras están representados todos los reinos que formaban aquel imperio donde nunca se ponía el sol.

Esta introducción viene a cuento del decisivo papel que desde la época de Carlomagno jugaron los grandes monarcas en el estímulo creativo de la Escuela Flamenca cuyos orígenes hay que buscarlos en los conventos donde se fundaron talleres de donde surgieron extraordinarios artistas. Especial importancia tuvo el Ducado de Borgoña que protegió las artes potenciando el trabajo de los pintores de cámara. Ya en el siglo XV los pintores de Flandes tenían fama universal hasta el punto de creerse que la pintura al óleo era un invento de los hermanos Van Eyck.

Adriaen Brouwer aprendió a dibujar junto a su padre, en el taller donde éste diseñaba los cartones que servían de base para tejer los tapices que hicieron famoso a Oudenaarde. Aquellas obras, de enormes dimensiones y que representaban las hazañas de los grandes monarcas, enrolladas, eran enviadas a través de los canales con destino a Amberes desde donde se distribuían a los castillos y residencias más importantes de Europa.

Tipos y paisajes

Adriaen fue un alumno tan aventajado como irregular en sus acciones. Son legendarias sus francachelas en Amberes donde, con una enorme facilidad, perdía cuanto ganaba con sus pinturas. Vivía de prestado y de sablazos a sus conocidos, por lo que la movilidad de su residencia era frecuente. Esa fue una de las razones por las que, según se dice, sus obras son de reducido tamaño.

Hay dos etapas características en la obra de este artista: La de sus retratos y la paisajística. Dado su carácter bohemio, Brouwer pintó muchos rostros de gente popular para salir adelante económicamente. Nunca para enriquecerse. Cuando había alguna moneda en sus bolsillos rápidamente era invertida en la primera taberna que encontraba a su paso. Era en estos establecimientos donde encontraba clientes y tipos curiosos a los que, además, parece que les pedía que hicieran muecas para pillarles de esa guisa a modo de fotomatón.

Estos retratos le proporcionaron una gran fama. No eran las clásicas pinturas de personajes en pose, sino todo lo contrario. Buscaba las emociones y se sentía atraído por las miradas expresivas de los personajes. Las tabernas se convirtieron para él en improvisados lugares de encuentro donde trazaba los primeros esbozos para luego completarlos en el estudio. Ahí está el realismo de ese “Hombre con bicornio y la jarra de cerveza”que parece un fotograma sacado de una secuencia cinematográfica. O la “Riña en partida de dados”, plena de movimiento y en la que se utiliza como arma la inevitable jarra de barro de muchos de sus cuadros.

Para muchos, su obra maestra es “Los fumadores”(1636) en la que el artista se reserva el papel protagonista con sus amigos formando a su alrededor. La composición se completa con la inevitable jarra y una escoba en primer plano, y una ventana abierta a paisaje al fondo. Estamos ante un óleo que de la pura admiración se pasó a la copia más descarada en “El fumador”(1640) de David II Teniers, donde se aprecian la misma mueca de la cara, el vestuario, la postura del protagonista y hasta la jarra de barro.

Brouwer es pionero en presentar sus experiencias sensoriales por medio de escenas aparentemente cotidianas. En sus trabajos están presentes la cólera y la lujuria, el preparado de la comida diaria a través de esa mujer que abre mejillones ante el hombre que la ronda, los gestos de dolor de los hombres a los que se les están operando la espalda y el brazo… No son posturas ni situaciones al uso en la pintura de la época. Aquí son personajes gesticulando como si estuvieran preparándose un selfie.

Los últimos años de su vida fueron más sosegados y aquellas escenas de taberna que rayaban entre lo grotesco y lo cómico, derivaron en paisajes de la campiña flamenca. La nueva etapa surge cuando descubre, tal vez influenciado por otros pintores contemporáneos, los efectos de la luz en las diferentes etapas del día y la noche. Sale de los garitos que le hicieron tan popular y observa la naturaleza, con los primeros rayos del alba, el crepúsculo, la luna llena… Surgen de esta forma nuevos cuadros de pequeño formato, algunos tan exquisitos que el propio Rubens, su amigo, se hizo con algunos coincidiendo con su etapa paisajística.

La exposición “Adriaen Brouwer, maestro de emociones”se completa con obras de Bruegel, Rembrandt, Rubens, Van Dyck, Van de Velde, Hals, Pietersz, Hals, Molenaer, Teniers, Van Craesbeeck, Lievens, Van Rijn, Adamsz y Pontius. Una lástima que la iluminación no esté a la altura de tan soberbio espectáculo. Magnífico catálogo.