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El renacimiento de un museo, el Hof van Busleyden

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“Alarde de tonadilla. Una historia de la copla” en el Teatro Tribueñe de Madrid

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Discos

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José Galiana Izquierdo: “Una vida por medio”

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Adriaen Brouwer, maestro de emociones

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“Muchacha en la ventana”, la Mona Lisa de Rembrandt, en Bilbao

por Alberto López Echevarrieta

(Obra invitada del Museo de Bellas Artes: Del 22 de marzo al 18 de junio de 2018)

Muchacha en la ventana, de Rembrandt y cuadro-estrella de una de las más veteranas pinacotecas europeas, la Dulwich Picture Gallery de Londres, cuelga durante tres meses en el Museo de Bellas Artes de Bilbao gracias a su veterano programa La obra invitada y al patrocinio de la Fundación Banco de Santander. En la conferencia de presentación -por cierto, con el auditorio lleno-, Jennifer Scott, directora de la galería londinense, ha comparado el trabajo del pintor holandés con la Mona Lisa, de Da Vinci.Todos hemos pillado el símil, ya que nos encontramos ante una obra maestra, cuya calidad no admite la menor duda. Se trata de un óleo sobre lienzo de 81,8 x 66,2 cm. pintado en 1645 que constituye lo que podríamos denominar el triunfo del Naturalismo en la pintura europea. Rembrandt tenía 39 años cuando nos dejó esta aparente obra simple, pero llena de matices de una belleza insuperable.

Representa a una joven, con los brazos cruzados y una mano cogiéndose un colgante del cuello. Viste una camisola y se apoya en lo que pudiera ser el alféizar de una ventana con la mirada puesta en un punto inferior indeterminado. La perfección del retrato es tal que frecuentemente se suele citar una leyenda al respecto que recogió el teórico del arte francés Roger de Piles: Cuando Rembrandt apoyaba este cuadro en una de las ventanas de su casa, mucha gente se paraba al pie de ella pensando que se trataba de una persona viva y comentando cómo podía aguantar inmóvil observándoles tanto tiempo.

“Que un pintor te haga creer que estás ante una persona real, cuando se trata de una pintura, es la mejor muestra de su maestría”, ha señalado Jennifer Scott, quien ha señalado también la aparente simplicidad del cuadro. “No sabemos si la muchacha está en una ventana. Lo cierto es que mira fuera del cuadro añadiendo una intriga más al contenido”.Un examen detenido de la obra nos lleva a descubrir una marca de agua en la piedra de apoyo. ¿Acababa de limpiar el suelo y se deslizó la gota de sus brazos? Las hay también de insectos. ¿Por qué los mete Rembrandt? La ropa que lleva la chica no es la más adecuada para realizar un fregado, sobre todo con un tocado en la cabeza. Hay muchas incógnitas que el tiempo no ha sabido resolver.

Parece que la muchacha nos quiere decir algo. Hay un pequeño detalle en la punta de la nariz que sirve para demostrarnos que estamos ante uno de los mejores trabajos de Rembrandt y del mundo. La maestría del artista roza la perfección hasta en ese toque extra de la nariz. Y, claro, te crees la historia”, matiza Scott.

Por si había alguna duda, Rembrandt demuestra con su Muchacha en la ventana que ejerce un dominio pleno en el difícil arte del claroscuro.

Yo veo esta obra a diario y observo la reacción de la gente que pasa ante ella. Los hay que, en determinadas zonas del museo, pasan sin prestar mucha atención, pero cuando llegan ante este cuadro se paran atraídos por la fuerza que emana. Y son gentes de edades de lo más diversas, pero todas ellas se sienten atrapadas ante la magia de esta pintura”, termina la directora de la Dulwich Picture Galery.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao y la pinacoteca londinense vienen trabajando conjuntamente desde 1999. Esta colaboración se materializará en breve con la presencia en la pinacoteca vasca de nuevas obras de aquella procedencia. De momento, en Bilbao, siguen las excelentes entradas que tienen Goya y Arroyo.