“Alarde de tonadilla. Una historia de la copla” en el Teatro Tribueñe de Madrid

“Alarde de tonadilla. Una historia de la copla” en el Teatro Tribueñe de Madrid

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Discos

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José Galiana Izquierdo: “Una vida por medio”

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Adriaen Brouwer, maestro de emociones

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  Bajo el título “Adriaen Brouwer: Maestro de emociones” se muestra en el Museo de Oudenaarde (MOU) y las Ardenas flamencas la primera y mayor representación de la obra de uno de Más»

Javier Lostalé: “Cielo”

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Loredana Volpe: “A pesar de tu santa cólera”

Loredana Volpe: “A pesar de tu santa cólera”

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Father John Misty, la revolución igualitaria de la justicia osuna

por Xavier Valiño

Josh Tillman llega a su tercer álbum bajo el nombre de Father John Misty. Titulado Pure Comedy, el disco fue grabado en los United Studios (Ocean Way Studios) de Los Ángeles y contó con la producción del propio Josh Tillman junto a Jonathan Wilson. Le pedimos al propio Tillman que nos presente su trabajo y se descuelga con un texto iluminado, un documento único, tan espeso como lúcido y que, aunque no lo parezca, explica su contenido.Pure Comedy es la historia de una especie nacida con un cerebro
medio formado. La única esperanza de supervivencia para esta especie,
encontrándose en una roca cruel e impredecible rodeada de otras
especies que parecen más adaptadas a todo el entorno (y para las que
son deliciosos), pasa por la confianza en otros cerebros medio
formados un poco más viejos. Esta confianza toma diferentes nombres a
medida que la historia avanza, como “amor”, “cultura”, “familia”, etc.
A medida que pasa el tiempo y los cerebros prueban ser muy buenos a la
hora de crear significado allá donde no lo hay, la especie se
convierte en portadora de ironías de un bizarrismo y sofisticación
crecientes. Estas ironías están diseñadas para ayudar a la especie a
sobrellevar la vulnerabilidad desagradable y a intentar reconciliarse
con la idea de que su imaginación es desproporcionada en comparación a
la monotonía de la existencia.

Ahora, de repente esperan que en la oscuridad haya luz, que en el frío
haya calor, que de nada salga algo. La cooperación entre las especies
para conseguir estas metas da paso a una visión del mundo en la que en
el seno de esas especies crece la creencia de que hay algunos
individuos inadecuados para este tipo de trabajo. La contribución de
estos inadecuados es de una naturaleza más abstracta e inspiracional.
Los inadaptados empiezan a hacer sutiles distinciones entre ellos que
van más allá de “comido por un oso / no comido por un oso”. Estas
distinciones implican no-hacer-las-cosas,
tener-un-cuerpo-y-una-cara-guays, artesanía, etc. Un acuerdo emerge
en el que estos rasgos se pueden intercambiar por mejor-que-algo. Este
mejor-que-algo empieza a extenderse de forma desenfrenada, y la
especie empieza a preguntarse si no hay un Hombre del Cielo que a lo
mejor es la fuente de ese mejor-que-algo. Parece una buena explicación
de por qué esta especie es tan importante.El Hombre del Cielo dirige la función durante mucho, mucho tiempo, y
su círculo íntimo de mejores-que va creciendo muy poquito a poco,
aunque al final de su reinado todo el mundo en la especie se considera
uno de ellos. Desafortunadamente, hay algunos mejores -que se
juntan y deciden que una forma de mejor -que es mejor que otras formas
de mejor -que imparten esa enseñanza en los pequeños cerebros medio
formados de los bebés (muchos interpretan esta distinción como “yos”
contra “no-yos”). Los “no-yos” eventualmente acaban por encapsular a
todo el mundo que no sea un “yo” soltero, y esto allana el camino
hacia un comportamiento desagradable hasta que la especie llega a un
punto de alienación y miedo tal que no hay nada horrible que no se
hagan los unos a los otros. Para lidiar con este panorama tan poco
ideal, que parece sospechosamente incompatible con su progresividad y
evolución en este punto, se entretienen con un olvido basado en
política, sexo, finanzas, filosofía y otros juegos de guerra. Lo hacen
hasta que están tan insensibles, hasta que la idea de los “no-yos” es
tan insostenible, que son incapaces de darse cuenta de que están
muertos. Esto ocurre en un bucle infinito hasta el final de los
tiempos.
Algo así.

Imagina si quieres, a medida que el disco empieza, que estás en el
espacio exterior buscando la Tierra y que, aunque es imposible “caer”
a través del espacio, empiezas una caída libre en dirección a la
canica de azul brillante. Durante los siguientes 75 minutos, caes en
picado hacia la Tierra, perdiendo más y más perspectiva sobre el lugar
abstracto e impermanente que es nuestro planeta, sobre cómo tropezamos
con las mismas piedras de forma predecible, cómo resbalamos sobre la
misma piel de plátano una y otra vez, sumergiéndonos rápidamente en el
asunto turbio de ser un ser humano, el dudoso privilegio de estar
aquí, el significado esquivo, el amor verdadero y su habitual
ausencia, la euforia aleatoria y la inexplicable miseria de los demás,
la verdad y sus seductoras falsificaciones, la sofisticación de las
respuestas que no tienen sentido, el barbarismo de nuestros apetitos,
los golpes de suerte y la injusticia, la fe y la ignorancia, el
aburrimiento devastador que aletarga la mente y el terror de que todo
se acabará demasiado pronto. Antes de que te des cuenta, habrás
aterrizado y te encontrarás tendido en el suelo sobre tu espalda
mirando las estrellas. Si tienes suerte, estarás con alguien a quien
ames; incluso solo por un día, un año, una vida. Aunque haya pasado
una hora, ya no recuerdas cómo se veía la Tierra desde el espacio, ni
cómo todo te parecía muy simple tan solo hace unos minutos.

Sé que no todo el mundo piensa lo mismo sobre lo que está pasando
ahora mismo. Lo que para unos es claramente una variedad del
nacionalismo blanco servido como un número de anti-fantasías de
paranoia inducida impuestas sobre los pobres sin educación
precisamente por parte de los ideólogos apoyados por los votantes
obreros que pueden ser manipulados para que voten contra sus propios
intereses y así asegurar que siguen siendo pobres sin educación antes
de pasar a la acción, echándole la culpa de todos sus problemas a las
distinciones de raza, género y sexualidad, de tal forma que la gente
se olvide de todo lo que es bueno en los Estados Unidos. Esto es una oportunidad para otros de traer al país de vuelta de la influencia de los
hipócritas tiranos corporativos decididos a esclavizar nuestras mentes
con una débil retórica liberal que justifique arrebatarle el trabajo a
gente decente para que ellos puedan llevar a cabo su sueño utópico de
una imposible comunidad global diseñada para beneficiar únicamente a
sus arquitectos (probablemente consorcios bancarios, clubs pedófilos
y, definitivamente, los Illuminati).
Este disco no se casa con ninguna de estas visiones.
Estas dos visiones dan por garantizado cierto grado de sofisticación,
o, por lo menos, un grado de cooperación que estoy totalmente convencido
de que los humanos no poseemos; eso por no mencionar la lógica
inherente a los procedimientos aquí en la Tierra, que más que nada
prueban que todo es un chiste demente.
La terrorífica realidad concerniente al dilema descrito más arriba es
un caos y nadie está realmente al control de nada.
Pero, ¿qué pasa con la historia bien documentada de humanos que
convierten en un infierno la vida de otros humanos desde el principio
de los tiempos?
No hay una explicación intelectual, política o espiritual que
satisfaga a nadie durante mucho más que un instante. No hay una
explicación que calme nuestro instinto de compasión y liberación. Una
explicación que podamos aceptar y seguir hacia adelante o que podamos
seguir gritando a nuestros respectivos cielos: “¿Por qué, Dios, por
qué?”.
Las cosas son como son porque nosotros, la raza humana, así lo queremos.
Así es como lo queremos.
Aguante el jodido teléfono. Josh Tillman, has dicho y hecho algunas
cosas jodidamente estúpidas desde que te conocemos, pero esto es
demasiado.
Ahora los liberales y los conservadores están cabreados por igual
porque el cabreo es un sentimiento que es profundamente insensible a
las formas en las que el otro lado está equivocado de forma objetiva
en cuanto a decencia básica, pero, ¿cuál es la alternativa? O somos
todos cómplices en esta pura comedia, o la gente a la que no hay que
culpar estará en guerra con la gente a la que sí que hay que culpar
hasta que todos estén muertos. Así de simple.


¿Es posible el progreso? ¿Qué pinta tiene? ¿Sería la conversión de
todo el mundo a nuestras propias creencias? Bueno, ya hemos visto cómo
va eso. ¿Sería la destrucción de todo aquel que no se conforme? No es
eso. ¿La construcción de instituciones con el poder e infraestructura
a forzar una ley que contente a cuantos más mejor? No hay mucha
evidencia de que esto haya dado buen resultado.
Lo que yo recomiendo es lo siguiente: volvamos al ciclo Védico y
rindámonos a la evidencia de que muchos de nosotros acabaremos
devorados por los osos. Es lo natural. ¿Qué tal si, en vez de
pretender que nuestras vidas incluyan perpetuamente valores como la
felicidad, la realización de los sueños, la extirpación del dolor, la
certeza existencial, la salud material y todo tipo de estimulación
romántica, nos mostramos agradecidos por cada día que pase sin que nos
devore un oso? ¿Qué tal si el progreso simplemente significara pasar
de un día al siguiente sin haber sido desmembrado violentamente por un
oso grizzly de 9 pies de alto y 500 libras de peso?


La ironía aquí, evidentemente, es que muchos más humanos de los que
nos imaginamos, muchos de los que no van a leer las interminables
notas para un disco de folk-rock, viven en un miedo diario y perpetuo
a ser asesinados por un mamífero mucho más terrorífico que un oso, y
creo que ya sabéis a qué mamífero me estoy refiriendo. Este tipo de
ataque mamífero se basa en la virtud pesadillesca de que es un
asesinato puramente ideológico. Los osos matan porque están
hambrientos; son razonables a ese respecto. Así que a lo mejor
deberíamos someternos a su autoridad. En los osos confiamos.
Si seguimos viviendo de esta forma, inmunes a las leyes naturales de
esta roca sin Dios que gobiernan todo lo demás, la existencia humana
continuará siendo un chiste cruel. Temo, sin embargo, que ya sea
demasiado tarde para que volvamos al orden natural. No tenemos ningún
deseo de volver a nuestra escena primaria. Nos gusta tal y como es
ahora mismo. ¡Tenemos bocadillos cuando estamos hambrientos! ¡Tenemos
aviones para ir a donde queramos! ¡Tenemos redes sociales para que
todo hijo de Dios nos escuche cuando nosotros queramos! Sabemos que
hay que pagar un precio asombroso por todas estas ventajas, y que el
exceso de unos pocos se paga con la escasez de muchos, ¡pero
precisamente por eso inventamos la globalización! ¡Ya hemos construido
el muro! Es un gran muro que llega hasta el cielo y que es
transparente como el cristal de un museo. Es un muro precioso que
atraviesa quirúrgicamente las naciones, las ciudades, los barrios y, a
veces, incluso las casas. Es un mundo dentro de un mundo, y los que
viven dentro de él no tienen ni idea de lo que pasa al otro lado de la
misma forma que ahora mismo no sabemos qué pasa en Marte.
Sólo hay una criatura que pueda penetrar ese muro, amigos, y son los
osos. Los osos pueden cargarse el cristal. La revolución igualitaria
de la justicia osuna está llegando. Antes de lo que piensas. A medida
que hace más y más calor, están llegando. Están llegando a nuestros
barrios, están llegando a nuestras escuelas, a nuestras iglesias, a
nuestros bancos, a nuestros lugares de negocio, a nuestros gobiernos,
a nuestras camas.
La broma es que lo mejor que podemos hacer es perseverar, que es lo
que hemos probado que nos encanta hacer. Vamos a salvar el planeta, y
será un sacrificio glorioso como el que nos mostró el Hombre del Cielo
que nos inventamos.
Osos, tío”.