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Cuéllar: Ciudad Monumental y Sede de las Edades del Hombre

por Carmen González García-Pando

Cuéllar es una pequeña villa segoviana a mitad de camino entre las ciudades de Segovia y Valladolid y perteneciente a la comarca Tierra de Pinares que, debido a su carácter medieval, fue declarada conjunto histórico gracias al amplio patrimonio cultural que posee. Su castillo y triple recinto amurallado, el conjunto de arquitectura mudéjar y la amplia diversidad de edificios históricos, iglesias y monasterios justifican de por sí una visita. Pero si además este año es la sede de la XXII edición de las Edades del Hombre, el motivo está doblemente justificado.

 Semblanza histórica

Algunos historiadores, como Diego de Colmenares del siglo XVI, relacionaron esta villa con la antigua Colenda romana, sin embargo otros rechazan la tesis pues no se localizaron vestigios romanos. Durante la Edad Media, en el año 977, la villa fue arrasada por Almanzor convirtiendo a sus habitantes como esclavos y trasladándolos a Al-Ándalus. Tuvo que pasar mucho tiempo para que Cuéllar lograra un buen nivel económico gracias al interés que el rey Alfonso X el Sabio mostró por ella implantando un importante centro ganadero que, junto a las exenciones que hizo en su Fuero Real de 1256, la convirtieron en un centro de producción lanera tan importante que llegó a exportar para los telares flamencos. Así se convirtió en una de las poblaciones más importantes de la meseta del Duero.

Llegado el siglo XVII, en plena Edad Moderna, cambió la suerte para Cuéllar que experimentó un gran retroceso y decadencia como ocurrió también con las antiguas villas, sede y refugio de reyes antes de que éstos se trasladaran a Madrid donde residía la Corte. No obstante, y gracias a las normas dictadas por Carlos III, la ciudad se recuperó social y económicamente aunque lamentablemente la fortuna no duró mucho tiempo pues el paso de los franceses en los años 1808 y 1809 supusieron una gran hecatombe ya que los templos fueron saqueados y sus tesoros expoliados como fue el caso de la colección de joyas y armas que guardaba el castillo.

Durante el siglo XX la zona de Cuéllar fue superando los infortunios gracias a los productos agrícolas y ganaderos, especialmente durante los años de postguerra en los que muchos pueblos de alrededor sucumbieron por falta de recursos y la fuerte emigración los iba dejando vacíos. Sin embargo en la actualidad la población se ha ido recuperando gracias a la inmigración llegada especialmente de Europa Central y Sudamérica.

Patrimonio único y singular

Un buen lugar para iniciar el recorrido de la ciudad es la visita de su imponente fortaleza: El Castillo de los Duques de Alburquerque, el monumento más emblemático de la villa segoviana y que fue declarado Monumento Nacional en 1931. Se desconoce la fecha exacta de construcción pero posee varios elementos mudéjares como la puerta sur. Realmente estamos ante un edificio gótico y renacentista con un aire más palaciego que militar debido a las remodelaciones de la Casa Ducal de Alburquerque. A destacar el patio de armas con sus crujías laterales y otra frontal con una importante galería renacentista. También su Torre del Homenaje sede de la fundación de la citada Casa Ducal.

La muralla de Cuéllar nace desde los extremos del castillo y es un triple recinto de origen románico y de gran longitud. Sin duda se trata de las murallas más importantes y mejor conservadas de Castilla y León. El primer recinto delimita la zona más próxima al castillo y bordea la parte más alta de la villa; el de la ciudadela recoge entre sus muros la parte más baja y, finalmente, la contramuralla que es la más dañada y que, a modo de barrera, abrazaba los dos anteriores. Por todo su perímetro se llegaron abrir once puertas de acceso pero en la actualidad sólo se conservan siete entre las que destaca el Arco de San Basilio, de estilo mudéjar y que recuerda la arquitectura militar toledana del siglo XIV.

Avanzamos hacia el casco histórico y observamos que una de las características que mejor definen el conjunto es la conservación del trazado y la planta medieval de esta villa castellana. Apenas ha sufrido cambios y, a excepción de un ensanchamiento realizado entre los siglos XV y XVI, se ha respetado bastante el entramado de calles largas y anchas en sus vías principales, con otras más cortas y sinuosas por la irregularidad del emplazamiento. La Plaza Mayor, porticada y con reminiscencias mudéjares, fue centro, hasta hace muy poco, de celebración del mercado semanal y acoge el edificio del Ayuntamiento cuyo patio gótico renacentista está dedicado a Isabel la Católica. La iglesia parroquial de San Miguel se alza enfrente del consistorio y reúne una mezcla de estilos que van desde el románico hasta el barroco. Es visita obligada su interior donde se conservan obras de Luca Giordano, del escultor español de origen flamenco Pedro de Bolduque y de la escuela de Gregorio Fernández. Igualmente es aconsejable recorrer la calle de la Morería con su pronunciada pendiente y donde antiguamente se extendía el barrio musulmán.

Pero si en algo destaca sobremanera esta población segoviana es por su arquitectura mudéjar, sin duda uno de los principales focos de la cuenca del Duero debido a la importante comunidad musulmana que tuvo durante el siglo XV. La iglesia extramuros de San Andrés, del XIII, cercana al castillo es el mejor ejemplo del mudéjar cuellerano. Realizada en ladrillo y mampostería conserva restos románicos como un zócalo y la portada de la fachada; y fue declarada Bien de Interés Cultural en 1982.

La iglesia de San Martín que alberga el centro de interpretación del Arte Mudéjar, pionero en España y San Esteban con su importante ábside decorado con elementos mudéjares y sus cuatro sepulcros con yeserías de arabescos fechados entre los siglos XV y XVI… son sólo algunos ejemplos de las muchos más edificios conventuales, palaciegos y casas nobiliarias que esta ciudad guarda entre sus muros. Por eso no extraña que un lugar con tanta riqueza histórica y cultural haya sido elegido para celebrar las Edades del Hombre y que las sedes sean los tres templos anteriormente citados.

Reconciliare

La figura de un hombre extendiendo la palma de la mano en actitud de entrega, de conciliación, es el motivo del cartel que Cuéllar ha elegido para la exposición. La imagen hace mención a la necesidad que el mundo tiene de reconciliación, de ahí que se haya usado el término “Reconciliare” para denominar la XXII edición de la más famosa muestra de arte sacro en nuestro país. Cuentan los organizadores que el motivo que les incitó a utilizar este término se debió a que, “durante la restauración de las yeserías mudéjares que adornan los enterramientos existentes en el presbiterio de la Iglesia de San Esteban, se descubrieron unas bulas en la tumba perteneciente a Isabel Zuazo, señora importante de la época, pero sobre todo mujer piadosa y temerosa de Dios. Las guardaba cerca de su corazón, un indicativo del deseo de poner toda su vida, después de la muerte, ante Dios buscando de Él su reconciliación”.

En una época donde continuamente surgen guerras y divisiones, que el terrorismo y odios fraticidas suman dolor y violencia, la idea de perdón y reconciliación se hace necesaria en nuestras vidas. Con esta idea la Fundación apunta por la idea de misericordia, del perdón de Dios a nuestras faltas pero también es un repaso del hombre de hoy y sus vivencias en paralelo con la historia sagrada.

Cuatro son los capítulos en los que se ha divido el casi centenar de obras que se reparten entre los tres templos y que, al igual que en ediciones precedentes, el arte contemporáneo se entremezcla con el clásico, fundamentalmente el barroco. De esta manera en San Andrés se inicia el primer capítulo: “Hieri-Antaño” y encontramos por ejemplo como la talla policromada (“Padre Eterno”) del siglo XVIII de la ciudad de Toro o los óleos sobre cobre (“Caín matando a Abel”, “La construcción de la torre de Babel”) del taller de Frans Francken II… dialogan con el lienzo de Eduardo Palacios o la “Maternidad” de José María Castilviejo del 1969.En la iglesia de San Martín se desarrolla el segundo y tercer capítulo bajo la denominación “In figura” y “Hodie-Hoy” respectivamente. El impresionante tríptico del Descendimiento de Ambrosius Benton de la Catedral de Segovia preside este bello templo al que acompañan trabajos tan importantes como esa Virgen de la Esperanza de Juan de Juni, la emocionante talla del Cristo de la Agonía de Manuel Pereira, el Cristo contemporáneo de Julio López o la Crucifixión de Luciano Díaz-Castilla, estos últimos realizados el pasado siglo.

Con las piezas que se exhiben en la iglesia de San Esteban finaliza el cuarto y último capítulo, “Semper-Siempre”. Aquí como apuntábamos anteriormente se encontraron las bulas durante la restauración de las tumbas y fue lo que dio lugar al proyecto expositivo bajo el nombre de “Reconciliare”. Ahora se exhiben dichos documentos previamente restaurados por el Centro de Conservación de Simancas lo que representa una ocasión única para poder ser contemplados. Completan este apartado numerosas obras entre las que se puede destacar la “Oración en el Huerto” del Greco, el lienzo de “San Ignacio de Loyola” del autor Sebastiano Conca procedente de la Universidad Pontificia de Salamanca, o la “Magdalena Penitente” talla policromada del XVII, de la Escuela Castellana, y que ha sido restaurada para esta ocasión.

La Música y el Olfato

Un aspecto importante en las ediciones de las Edades del Hombre es la música. Música que bien sea de ayer o compuesta para el proyecto que se acomete intenta conseguir un equilibrio entre la narración y las obras presentadas con el fin que el espectador se emocione y mimetice con el ambiente recreado.

David Rivas es el responsable de plasmar en música el mensaje de cada capítulo. De esta manera va pasando desde la inestabilidad musical del principio donde el hombre se enfrenta con sus semejantes, los temas líricos y llenos de tristeza que espera la intervención de un Dios reconciliador, a otros de melodías más solemnes, triunfantes que finalizan con un potente tema in crescendo que describe el triunfo de Dios y del hombre en la Reconciliación.

El sentido del olfato también se ha tenido en cuenta pues de todos es sabido que un aroma rememora sensaciones, recuerdos y estimula nuevas emociones. Por eso los organizadores han creado una fragancia resultado de mezclar sándalo y bergamota. El primero procedente del árbol sagrado de la India y la bergamota de la región italiana de Calabria. La mezcla es empleada en la búsqueda de la serenidad y armonía espiritual pues sus connotaciones frescas, cítricas combaten la inestabilidad, la ira y predisponen el ánimo a la empatía y reconciliación.