Luigi Prestinenza Publisi: “Arquitextura”

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El célebre arquitecto portugués Álvaro Siza ha dicho recientemente que se viven malos tiempos para la Arquitectura, porque los ciudadanos no se interesan por ella. Arquitextura es el libro de Luigi Prestinenza Más»

Birkins, acompañando a Bowie

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  No están solos. Al menos eso parece deducirse del título de su nuevo disco (You Are Not Alone, traducible como No estás solo). Y, especificándolo todavía más, sería David Bowie quien Más»

Julia Sáez-Angulo: ““Historias y personajes del Norte de África”

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  Historias y personajes del Norte de África, el libro de Julia Sáez-Angulo,  prologado por el historiador Francisco Pastor Garrigues, ilustrado por Juan Jiménez y editado por EspacioCultura, ha sido presentado por el historiador Más»

Andrés García Cerdán: “La muerte del lenguaje. Para una poética de lo desconocido”

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Recupera el sentido heterodoxo, ágil y plural de la miscelánea el poeta Andrés García Cerdán (Fuenteálamo, Albacete, 1972) en este volumen. La muerte del lenguaje presenta un conjunto diverso de artículos, comentarios Más»

Discos

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RHYE: Spirit (Loma Vista/Concord) Desde que editó el exitoso Woman, su debut en 2013, Mike Milosh ha vivido de todo: una larga y costosa batalla legal con su anterior sello Polydor; un divorcio de Más»

María García Zambrano: “Diarios de la alegría”

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Sabemos que toda escritura está vertebrada por un eje desde el que cada poeta mira el mundo. Sabemos que, en el caso de María García Zambrano, desde su libro anterior, (La hija, Más»

Alain Badiou: “Manifiesto por la filosofía”

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“Manifiesto por la filosofía es el libro de Alain Badiou, traducido al español por Irene Agoff y publicado por Eterna Cadencia Editora. Un libro clásico de hace 30 años importante, que vuelve, Más»

Rosa Benéitez Andrés: “José-Miguel Ullán. Por una estética de lo inestable”

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Merece la pena destacar este iluminador y ágil estudio de Rosa Benéitez Andrés sobre la obra de José-Miguel Ullán; una figura incómoda, que descoyunta las categorizaciones canónicas de la Historia de la Más»

Philippe Lancon: “El colgajo”

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Me figuraba que El colgajo sería una descripción del atentado desde dentro, el atentado terrorista contra la sede de Charlie Hebdo en 2015. Una narración en primera persona de los acontecimientos previos Más»

 

Alberto García-Teresa: “La casa sin ventanas”

por Redacción

Ed. Baile del sol, 2016, 116 págs. Por Mª Ángeles Maeso

AlbertoGarciaTeresa-porDaniOceans”Cada vez levantamos más tabiques/en la casa sin ventanas”  es el primer verso de esta casa-cárcel, quinto poemario de Alberto García-Teresa, en el que desde ese primer paso quedamos señalados como responsables en la siniestra labor de sellar los lugares de encierro.  La voz que nos lleva por el interior de esa casa es la de un “nosotros”, un sujeto consciente que sabe que su comodidad reposa sobre mullidas montañas de cadáveres, de modo que el empleo de la casa como imagen omnipresente no está al servicio de una exploración onírica ni a la expresividad de ningún asombro. Se trata más bien de la mirada gélida, casi cínica, de un sujeto colectivo suficientemente advertido que ve y no puede hacer que no sabe.  García–Teresa pone imágenes tocadas por la mirada de ese nosotros capaz de colaborar para que la gestión del deseo y de la subjetividad  pase a manos de los mercaderes;  un nosotros  entregado a un manejo de la fantasía sin condiciones; a un autoengaño capaz de ver  que la casa, con sus habitaciones y su profundidad de armarios, no es una caverna. 

Entramos en “La casa sin ventanas”, nos damos de bruces con sus habitantes que, como nosotros, saben de la naturaleza por los canarios enjaulados o por animales de pecera. Respiramos como ellos oxígeno de bombona y aire acondicionado; no hay agua corriente sino pozos; sabemos del sol por botes de autobronceado como sabemos de las caricias de catálogo, de aromas empaquetados o de música de archivos mp3. Aquí el movimiento, los viajes, son circulares y a lomos bicicletas estáticas.

La naturalización de esa voz recorre este símbolo de la casa como topografía de la intimidad en el que no queda nada del valor envolvente y protector que a este símbolo le otorgara el psicoanálisis; ninguno de esos rincones de las poéticas de Bachelard adonde ir a visitar los dioses lares de la infancia.  El sujeto “casa sin ventanas”  carece de mirada sobre sí mismo y sobre el mundo, es un zombi sin nada que le albergue, porque tampoco tiene nada que albergar. Este es un espacio repleto de espejos, donde se vive “a ras de suelo”, acunados por el sonido de los ascensores.

Este encierro está vertebrado de arriba abajo: entre la verticalidad de las órdenes y una laberíntica circularidad. Pero esa verticalidad es de falso techo: las órdenes, que vienen de arriba son acatadas por miedo a que tiemble ese piso inferior que tampoco existe.

image001Lo único cierto es que en “La casa sin ventanas,/las goteras siempre son/un problema causado/ por los de abajo”, un abajo que no es el sótano, pues ya hemos acordado que  el sótano, aquel lugar de donde emanara lo inconsciente y lo instintivo aquí no existe. Lo único imprescindible es no romper, con precisión milimétrica, el orden que rige la casa, lo que  implica recortar, por ejemplo, que las piernas  mermen  “para entrar en ella”; implica no preguntarse “qué ocurre /con la bolsa de almacenaje/del aspirador”; implica traspasar el papel del filósofo al diseñador;  implica naturalizar que los fallos de energía o la falta de agua afecten a las habitaciones del fondo;  implica decretar que quien guarde las llaves sea quien dictamine qué es la libertad.

Los censores que vigilan ese orden viven en cada pupila, no es el ojo ajeno del Gran Hermano. El sujeto que habla en estos poemas ya sabe que en la cárcel el exterior es el patio y, aún así, aspira al simulacro de “un patio con sus mangueras/con sus cuerdas de tender,/ con sus baldosas color terroso/ con su cielo bien techado” . El mismo sujeto que cuida ese orden: “no olvidamos nunca/que la ropa blanca/ se lava con la blanca/ y que la de color/ destiñe”. Este sujeto que sabe lo que sabe y que se permite la ironía y el cinismo, hacia el final del poemario, fluctúa indeciso entre un nosotros que se identifica con las víctimas: “los otros nos hacinamos” y con quien domina: “con la cuchara en la mano/ estamos más atentos/ al monopolio de los enchufes/que al reparto de los cubiertos”.  El exceso  explicativo de  algunos de estos  últimos poemas no impide el impacto incisivo de algunas de sus metáforas: “un atlas/es literatura fantástica”;  “los cirujanos/ son astronautas/ en la casa sin ventanas”

La nota esperanzadora para que esta alegoría, con la que este poeta denuncia la cosificación de las personas, para que La casa sin ventanas no llegue a ser  “hogar y templo”, reside en la consigna “asomarnos”; en el canto a lo inesperado del epílogo a cargo de J.Riechmann. Y, sobre todo, en el invisible poder que concitan los símbolos que despliega García-Teresa, no sólo para presentar una realidad negada, sino para transformarla.