José Manuel Lucía Megías: “El único silencio. Poesía reunida 1998-2017”

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Diversa, rica y especialmente atenta a las diferentes posibilidades expresivas de las distintas formas, la poesía de José Manuel Lucía Megías constituye un interesante viaje por la multiplicidad de voces que recogen Más»

Discos

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OKKERVIL RIVER: In the Rainbow Rain (ATO-PIAS) Away(2016), el anterior álbum de Okkervil River, estuvo marcado por desapariciones y cambios, empezando por el fallecimiento del abuelo de su líder, Will Shelff, y Más»

Restaurado“El Vientre Del Observador”, de Urzay

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El vientre del observador, una de las obras más icónicas del Museo de Bellas Artes de Bilbao acaba de ser restaurada recuperando de esta forma la brillantez y la vivacidad de los Más»

Victor Vasarely. El Nacimiento del Op Art

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Un conjunto de formas geométricas simples como triángulos, rectángulos y cuadrados, en contraste con líneas paralelas, repeticiones hipnóticas y formas policromáticas inundan este verano las salas del Museo Thyssen de Madrid. Es Más»

Lila Downs, la luz que brilla cada vez más fuerte

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Lila Downs llega a su décimo segundo álbum, Salón, lágrimas y deseo, intentando dar continuidad a su lucha por el empoderamiento de la mujer, tema a favor del cual se ha manifestado Más»

Discos

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JOSH ROUSE: Love in the Modern Age (Yep Roc-Popstock!) Tras acabar la gira de su anterior disco, The Embers of Time, Josh Rouse buscaba un cambio. Necesitaba explorar nuevos sonidos y, también, Más»

Lorenzo Lotto. Retratos

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Un total de 38 retratos del pintor italiano renacentista Lorenzo Lotto se muestran en el Museo del Prado hasta el 30 de septiembre de 2018. La exposición, que ha sido comisariada por Más»

Josu Hormaetxe: “Corsarios Vascos”

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La piratería siempre ha tenido un atractivo especial para la investigación. Tal vez porque casi todos, de niños, hemos tenido como libro de cabecera La isla del tesoroo porque nos han seducido Más»

Silvia Pérez Cruz: valentía, locura, un encargo y un recuerdo pendiente

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Silvia Pérez Cruz ha editado recientemente su nuevo disco, Vestida de nit, cuyo origen está en un concierto acústico que le propusieron en su día dentro de un ciclo de música clásica Más»

110 AÑOS, 110 OBRAS

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El Museo de Bellas Artes de Bilbao, tercera pinacoteca en importancia y una de las más veteranas del estado español, se prepara para cumplir sus primeros ciento diez años de vida. La Más»

 

Miguel Mula: “Arqueros en mi fiesta”

por Angel Luis Luján

Olcades poesía, Cuenca 2011

La nueva colección “Olcades Poesía” arranca desde Cuenca con un contundente primer libro, que es también la opera prima del autor, Miguel Mula, original de Águilas (Murcia). Arqueros en mi fiesta es un poemario denso y sin concesiones, de una lírica entre vallejiana y simbolista, y con un profundo anclaje arquetípico. La idea de irrupción que se desprende de la incongruencia entre los dos términos del título (¿unos arqueros en una fiesta privada?) da buena cuenta de las tensiones y sorpresas que sostienen al poemario en todos sus niveles, y de su alto grado de imaginación.

El del arquero es un arquetipo que ha tenido diversas y curiosas manifestaciones a lo largo de tiempos y culturas. En su forma más amable es Cupido, y Miguel Mula juega con esa plasmación en los títulos de las dos partes principales: “La flecha en el corazón” y “El corazón en la flecha”; pero también puede interpretarse como el flechador Sagitario, que representa a un Centauro, de carácter más cruel; y no hay que olvidar a Apolo, cuyos atributos son precisamente el arco y la lira.

De esta conjunción de poesía y tensión, nace la reflexión de Octavio Paz sobre la lírica. Explicando la imagen de Heráclito que es germen de su libro, nos dice el poeta mexicano: “la lira, que consagra al hombre y así le da un puesto en el cosmos; el arco, que lo dispara más allá de sí mismo”.

El arco es, pues, aquello que se tensa para alcanzar un fin, un blanco, y esta poesía, como toda buena poesía, nos habla de los límites, y del deseo de lanzarse más allá de toda experiencia, pero mostrando a la vez que toda vivencia encuentra sus límites quizá demasiado cerca, más cerca sin duda de lo que quisiera el sujeto de la experiencia.

Los poemas son, así, flechazos, disparos que van más allá de la herida, hacia la razón de todo ser: “El abrazo la herida” se titula el último poema, sin guiones ni comas, como si fuera una sola palabra. Este título hace eco a otro poema (todo es resonancia en este libro), “El abrazo del loco”, emblemático de la colección. Es un texto en prosa que contiene otro poderoso arquetipo, la mítica figura del loco del tarot o un avatar más de la leyenda del rey pescador, con un guiño a la mística, con elementos surrealistas y el establecimiento de diálogo con un cuadro.

Este poema y el siguiente, “Altamar” (nuevamente una sola palabra) nos sitúan en la misma línea: la del deseo que encuentra su límite en la muerte, o mejor dicho en la amenaza de la desaparición que da su sentido pleno al deseo. El amor es, en este libro, muy parecido a la soledad, y algo cruel, lo que nos recuerda al verso de Mallarmé: “meurtries /  De la languer goûtée a ce mal d’être deux”. Y Mallarmé es precisamente vilipendiado en un poema que se abre con una provocación: “Que le den por culo al azur” (p. 30).

Y es que el libro tiene también mucho de baudelairinao, del Baudelaire de la muerte de los amantes: “Una tarde hecha de rosa y de azul místico, intercambiaremos un destello único como un largo sollozo, cargado todo de adioses”. Pero en Mula el desenlace no es tan espectacular, ni tan optimista. En él encontramos lo sublime junto a lo grotesco: el amor es negro y habla por boca de un viejo desdentado, como un limón exprimido, mostrándonos qué cerca está el todo de la nada.

El poemario, como se ve, es rico en tonos costrastantes. Hay poemas serenos, elegíacos, casi simbolistas como “Pasó el tiempo de las celebraciones” (p. 53), otros en tono de humor, juguetón y lúdico, como el que se cierra con el chocante: “en bucólica autovía hipérbaton nos hizo” (p. 61). Asistimos también al quiebre desmitificador después de una encendida enumeración lírica: “Pero, ¿almorzaremos mañana?” (p. 25).

Sin embargo, el valor principal del libro, a mi modo de ver, es el planteamiento del tema de la identidad, un tema caro a la poesía moderna. La identidad es una leyenda, como planteaba también Diego Jesús Jiménez. Somos la historia que nos contamos a nosotros mismos. Esto se hace evidente en un poema en que Miguel Fernández Parra nos dice de Miguel Mula: “Miguel Mula huyó de Miguel Mula” (p. 45). Esta complejidad enunciativa y el carácter especular de este planteamiento necesita ser transmitido no en una alocución directa sino como resultado de una polifonía de voces. Son varios los migueles que hablan en los poemas y de esos retazos de discurso el lector debe construir un sentido. Si alguien pensó que la poesía no es un género polifónico (como puede ser la novela) aquí tiene un contundente desmentido. Por no hablar, por otra parte, de los múltiples ecos de la tradición: Fray Luis de León, Garcilaso, San Juan de la Cruz en este contexto hablan con una voz sorprendentemente nueva.

Ello nos lleva a otra de las dimensiones del libro, que lo es también de la poesía moderna: el giro metapoético. A la desasosegante constatación que hace el poeta: “ya todo está dicho y ya solo queda / tu silencio y mi silencio mirándose” (p. 24), no cabe otra respuesta que inventarse a otros que nos digan, hacer de ventrilocuos, multiplicar las voces, o simplemente construir un poema palíndromo como el que cierra el libro: la poesía no puede más que repetirse a sí misma, invirtiendo el orden o subvirtiéndolo.