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El latido de tus palabras. Teatro de la Reunión

por Nuria Ruiz de Viñaspre

(Centro Conde Duque, Madrid 19 y 20 de diciembre)

 

Escenas de dos obras rabiosamente trasladables a nuestros tiempos porque tocan temas universales. Obras de dos autores coetáneos nacidos en dos extremos del planeta. Rusia y España. Chekov y Lorca. Un hombre y una mujer. Platonov y Yerma. Un hombre fértil desesperanzado y una mujer estéril esperanzada. Platonov, plato de desesperación en todas nuestras mesas, y Yerma, la represión que hay en toda sociedad actual. Ninguno de ellos parece crecer y sin embargo el latido de los actores, tanto como actores como personas, no deja de crecer en manos de Juan Carlos Corazza.Curioso que una obra tan desesperanzadora como Platonov fuera escrita por un Chekov adolescente y determinista (la biografía es algo que siempre llevamos a la espalda). Un Chejov que situaba al hombre en el precipicio del fin de mundo, como si fuera un Principito puesto en pie en el vértice del mundo. Un Principito que quiere quemarse a lo bonzo y llevarse al mundo en ese acto. Un ser sin esperanza alguna en el amor ni en el desamor. Ni siquiera en la vida que hay en ambos. Un hombre completamente perdido en el espacio y con una única arma: la cerilla ya prendida que es la desesperanza. Cabeza y un palito de madera en sus manos. En él vemos la caída de un hombre y con ella la extinción de un mundo. Esa historia de amor y desamor, esa historia de no correspondencia de conjuntos, no dejaba de recordarme a aquel círculo de entendimiento ajeno de nuestra querida Andrómaca de Jean Racine, donde se formulaba esta cruelísima ecuación que nunca se cerraba, como si fuera una herida abierta. Una cadena amorosa de un solo sentido: Orestes ama a Hermione que ama a Pirro que ama a Andrómaca que ama a Héctor que está muerto. Platonov está muerto antes de estar muerto… En otras obras Chejov cerraba este círculo de entendimiento, pero en Platonov, Chejov no cierra el círculo, porque el círculo resbala de un latido a otro. Pasa de un uno a un otro hasta llegar al origen. Un origen que está ya muerto. Un marido suplica amor a una mujer que suplica amor a un hombre que suplica amor a la muerte que ya está muerta. Un hombre que se deja caer al vacío. Pero se tarda tanto en caer al vacío… porque el vacío es la nada y en la nada la nada existe.Lo que está claro es que si juntamos las dos obras, Platonov y Yerma, sí que hay una correspondencia de conjuntos, sí que existe esa cadena bidireccional. Esa dirección de ida y vuelta. Ya que los gramos de desesperanza que tiene Platonov detestando el ser que es y que otros engendraron, los tiene de más Yerma, que vivía con la esperanza de engendrar un ser idéntico a ella. En la mujer estéril vemos el instinto frente a la represión, en el fértil Platonov vemos la represión frente al instinto. Mismos actores representando estos dos extremos, y dentro de estos extremos, mismos actores representando diferentes papeles. Todo un adiestramiento. A Hamlet le da miedo soñar, a mí me da miedo vivir, podría seguir pensando Platonov, pero a Yerma no le da miedo vivir de haber podido engendrar. Se asustaba de ella misma si no engendraba.

El Latido de tus palabras ha sido uno de los Ensayos abiertos donde más he disfrutado las intervenciones del director a los actores. Ensayos abiertos al público. Aquí toma solidez esta denominación de origen. Actores a pecho descubierto, actores a la intemperie frente a una sala repleta de público. Y digo que más las he disfrutado porque cuantas más intervenciones se hacen, más se abren los vértices del escenario así como las escuadras de las mentes de los actores. Unas mentes donde todo de repente es posible. Así, a diferencia de aquello que decía Lorca en boca de Yerma, como si crecieras al revés, los actores crecen al envés, es decir hacia arriba. Hacia lo profundo pero en altura. Yerba que crece en la memoria del caballo (Pizarnik). De abajo arriba.Estructura por tanto generosa esta propuesta de Teatro de la Reunión y Juan Carlos Corazza, ya que en ella todos dan y todos reciben. Por un lado el director, que de tanto experimentar y probar nuevos puntos descubre encrucijadas por las que se aventura; los actores sobre todo, que no dejan de crecer como personas y como actores; y el público que con mirada oblicua es capaz de ver y de juntar esto. Destaco también la humildad en actores, dirección y público, un valor constante en un proyecto así. Todo un experimento sociológico esta forma de ver un teatro no cerrado, como aquel Platonov que no cerraba esa cadena de vida. Avanzar tras experimentar y experimentar y experimentar nuevos modos de decir. Porque el lenguaje nunca es inocente (Blanchot). Probar otros caminos a través del apoyo mutuo. Y es que como diría Lorca, no hay en el mundo fuerza como la del deseo. Esa es la fuerza de Corazza, amasar los sentimientos de los personajes a través del teatro. Hacer crecer personal y profesionalmente al actor tomando como base la arcilla y una cerilla cuyo fuego, a diferencia del de Platonov, empuja y no destruye. No hay nunca un palabra de más en las escenas propuestas que no sea trasladable a la experiencia de la vida. Todo es espejo.

Visionario por otro lado, que exija al actor solo aquello que sabe que puede dar. Solo así no los quiebra. No los rompe. Solo los riega con riesgo para hacerlos más elásticos en esta vida tan volátil. La improvisación siempre a flor de piel. Para que cuando otro personaje que esté en el lado opuesto estire sus músculos no se rompan de tan entrenados que están. Y es que, Juan Carlos Corazza (Teatro de la Reunión), en estos ensayos abiertos al público, adiestra músculos, les inyecta en el tuétano la esperanza del “todo es posible, por lo tanto inténtalo hoy y también mañana” pero también donde nunca traspasa la línea de la imposibilidad, porque no hay prisa. El mañana esta ahí y en ese mañana lo intentarán de nuevo. Un mañana en el que Platonov no creía. Este es el trabajo inacabado. Una sinfonía inacabada. Una banda sonora in progress.

Lo que más me gusta de este teatro no cerrado es dar también espacio al error. Porque ¿quién dicta qué es el acierto? El error –entendido más como algo imperfecto, algo inacabado- es tan fructífero que a partir de él todo son posibilidades resplandecientes. Esa es la búsqueda incesante. Ese y no otro es el acierto. Experimentos pedagógicos. Me da por pensar que si a Platonov se le conoce como el pedagogo de la destrucción, J. C. Corazza bien pudiera ser el pedagogo de la construcción. Ahí me quedo.

Hoy y mañana últimas funciones abiertas solo para mentes abiertas.

Ficha artística

Dirección: Juan Carlos Corazza con la colaboración de Paula Soldevila

Autores: Federico Garcia Lorca y Antòn Chejov

Fotos: Oliver Roma

http://condeduquemadrid.es/evento/latido-tus-palabras-chejov-garcia-lorca/