Marta Gómez de la Serna
Galería Peironcely. Madrid Octubre-noviembre, 2008
Por Julia Sáez-Angulo
La autora, que maneja por igual los pigmentos óleo
o acrílico, representa rincones solitarios y melancólicos
de la arquitectura, como la verja de la terraza o el patio añil,
cuadro en el que un grifo dorado es el único elemento restallante
que rompe el campo cromático.
Las
flores, floreros, frutas (uvas, limones, ciruelas...) y fruteros son igualmente
motivo de representación plástica, algunos en formatos alargados
a modo de sobre dinteles. También da vida pictórica a elementos
inanimados como un madero en suspensión, unos bloques de hormigón
o un pájaro de madera, lo que provoca una sensación extraña,
inquietante en el espectador que lo contempla.
Marta de la Serna sabe crear una atmósfera poética
en su pintura figurativa, en la que se revela un dominio cabal del dibujo
y una sabia administración del color. La autora dice: "Los
objetos, los espacios se comunican entre sí… no cesan de
vivir… se esparcen sensiblemente a su alrededor mediante reflejos
íntimos y matices, como nosotros con nuestras miradas y nuestras
palabras…"
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