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Baldomer Gili Roig (1873-1926): "El objetivo del pincel"Pinturas y fotografías. Lérida. Museo de Arte Jaume MoreraPor Julia Sáez-Angulo Baldomer Gili Roig (1873-196) fue calificado como artista "delicado" por la crítica de su tiempo, también como un rebelde que se empeñó en seguir la belleza de la tradición frente a los embates de la renovación plástica. El hecho de que eligiera Roma en lugar de París –entonces meca de los movimientos bullentes de la vanguardia- indica que el pintor quería seguir una senda ya conocida para perfeccionarla. Con los vanguardistas, a los que llamó "arribistas" mantuvo una distancia, si bien acogió con simpatía a Picasso durante unos días. Al mismo tiempo se alejaba del academicismo al que consideraba frío y desprovisto de emoción.
Sus viajes y estancias pictóricas por Irún, Madrid y Munich le fueron enriqueciendo, pero su destino magno fue la Roma de los césares y los papas, porque allí maduró su formación artística. El viaje será el principal conductor de su inspiración; su afán por encontrar nuevos entornos naturales, nuevas luces, nuevas caras... Viajó por toda Italia, también por Francia y España. De Cataluña fijó en sus lienzos lugares de Calella, Palafrugell y Vinaixa.
"Su obra no se puede desligar del presente que le
tocó vivir y en ciertos momentos llenó un vacío en
el panorama del arte catalán simbolista", dice mariona Seguranyes
en el catálogo. Su formación le sirvió para adquirir
una técnica esmerada que pudo volverse contra sí mismo.
La luz y el paisaje serán los puntales de su trayectoria artística
a través de los cuales irá evolucionando. El "pleinairismo"
que llegó desde el XIX parisino y que él desarrolló
sin querer avanzar en los nuevos movimientos que iban a sacudir el arte
con las vanguardias históricas de principios del XX. |
Nº
33 - Mayo de 2008
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