Artes Hoy
 

Ernst Bloch: El principio de la esperanza


Editorial Trotta. Madrid, 2007. 544 págs.

 

Por Julia Sáez- Angulo


Ernst BlochErnst Bloch (1885 – 1977) ha partido de Hegel y Marx para reflexionar su filosofía. Al primero dedicó su monografía "Sujeto-Objeto". Su preocupación por la dimensión religiosa del ser humano le llevó a escribir una monografía sobre Thomas Müntzer, titulado "Thomas Müntzar, teólogo de la revolución. El pensamiento de Hegel". Su gran obra "El principio de la esperanza" es la síntesis de su pensamiento.

La obra se escribió entre 1938 y 1947, durante el exilio de filósofo en los Estados Unidos de América y más tarde reelaborado en su retorno a Alemania. Para el autor, la utopía es la verdadera dinámica del ser humano y este libro ha sido calificado como verdadera "enciclopedia de las utopías". Su particular estilo, entre el romanticismo y el expresionismo alemán, lo hacen muy particular e interesante.

En el tercer volumen, la obra se centra en las denominadas por el propio autor: "imágenes desiderativas del instante colmado". Personajes como Don Quijote, Fausto o argumentos de viejos cuentos de la tradición, le sirven para recrear un pensamiento rico y sugerente, aunque siempre lastrado de cierto marxismo, por muy utópico que él lo quiera derivar.

"La verdadera génesis no se encuentra al principio sino al final" es una de las tesis de Erns Bloch, al reflexionar sobre el franqueamiento de fronteras, la música, las imágenes de la esperanza contra la muerte o la religión.

Ernst Bloch"Los Herodes apuntan a la nada, mientras que Orfeo, Zoroastro, Buda, Moisés, Jesús apuntan a lo maravilloso: depende de este siglo si va a hacer real, al menos, lo fácilmente alcanzable. Si el reino de la libertad se va aproximar de tal manera que sea posible una entrada en lugar de un éxodo", escribe el autor.

Bloch recoge el pensamiento de Goethe en los versos de "Diván de Oriente y Occidente" que dice: "Un mensaje de claves secretas/ ocupa el mundo,/ hasta que al final, todo giro/ conduce a lo mismo".

"Nada es bueno en sí, si no es apetecido. Pero nada es apetecido si no se lo representa uno como bueno. El que un impulso se dirija a algo, presupone el impulso, pero así mismo que el objeto al que se dirige es capaz de satisfacerlo", escribe el autor en el capítulo de "Impuso y comida".

Ernest Boch es un hombre de metas y utopías. "En nosotros se esconde lo que puede llegar a ser. Se nos muestra como desasosiego de no estar suficientemente determinados".

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Nº 26 - Octubre de 2007

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