JENUFA


Janácek afortunado


Por Jorge Barraca Mairal



Música y Libreto de Leos Janácek

Dirección Musical: Ivor Bolton

Dirección de Escena y Escenógrafo: Shéphane Braunschweig

Figurinista: Thibault Vancraenenbroeck

Iluminadora: Marion Hewlett

Director del coro: Peter Burian

Intérpretes: Mette Ejsing (Abuela Buryja), Jorma Silvasti (Laca Klemen), Gondon Gietz (Steva Buryja), Anja Silja (Kostelnicka Buryja), Andrea Danková (Jenufa).

Coro y Orquesta Titular del Teatro Real (Coro y Orquesta Sinfónica de Madrid).

Madrid. Nueva producción del Teatro Real en coproducción con el Teatro alla Scala de Milán, basada en la producción original del Théatre du Chatelet de París.

Funciones del 4 al 22 de diciembre de 2009.

Fotografías: Javier del Real

Continúa el Teatro Real brindando los títulos de Leos Janácek con enorme dignidad y practicando una meritoria pedagogía sobre su extraordinaria producción. Cada año se programa un título de su catálogo operístico y siempre con buenos resultados por la perfección de los montajes, sus novedades o sus aportaciones. Así, tras La zorrita astuta, Desde la casa de los muertos, El caso Makropulos y Katia Kabanova, hemos podido ver ahora una Jenufa mejor que la que se montó hace unos años en la Zarzuela; y sólo queda que en Madrid se programe una Sárka con un resultado tan bueno como los anteriores.

Sin embargo, de todos es Jenufa el título más atractivo y conocido de su autor. El planteamiento de su libreto es tan moderno y la expresividad musical se halla tan conseguida, que la página mantiene una actualidad, un equilibrio y una perfección admirables. A lo largo de Jenufasus tres actos los temas son presentados con una lógica encomiable; el canto declamado, junto con algunas notas de melodías populares, componen la urdimbre sonora fundamental, sustentada por una orquestación de gran equilibrio. La música genera progresivamente climas de inquietud, esperanza, tensión, lirismo, resignación o trascendencia merced a efectos sonoros peculiares, como la repetición, la circularidad de determinadas melodías o la tensión armónica, que bordea en ocasiones la asonancia, pero que nunca llega a producirse abiertamente. En fin, un lenguaje moderno y absolutamente personal que no se desprende de la tradición ni de sus ricos recursos expresivos.

Como en otras de sus óperas, en Jenufa no hay propiamente arias o concertantes, ni melodías convencionales —a excepción de las breves intervenciones del coro con canciones populares—, el canto es un fluido continuo y el tono general dramático, aunque con momentos de bellísimo lirismo. Y todos estos elementos han sido realzados por una puesta en escena, encomendada a Shéphane Braunschweig, capaz de conjugar adecuadamente la ambientación popular con la universalidad de los sentimientos y los temas.

El profundo trabajo que Janácek realizó con los protagonistas al elaborar el libreto (que se basó en Su hija adoptiva de Gabriela Preissová), hace que el concurso de los intérpretes no pueda quedarse únicamente en un canto correcto: se vuelve imprescindible la identificación con el personaje que se encarna y ajustar la declamación a la comprensión de su personalidad y las emociones que surgen en cada instante del drama. Y esa es justamente la labor que han realizado los cantantes de esta producción ayudados, también, por las sabias indicaciones del director de escena.

En el papel que da título a la obra, Andrea Danková se transformó en una Jenufa verdadera. A su belleza natural supo añadir la identificación con el carácter del personaje. De este modo, pasó de la ingenua, sencilla y bondadosa campesina del primer acto a la mujer madura del último acto, capaz de tomar las decisiones más adecuadas sin por ello volverse alguien amargado. Es más, mostró siempre su capacidad para liberarse del rencor y mantener con todos su noble generosidad. La emisión, el timbre y la declamación resultaron perfectos y su actuación fue igualmente carismática.

Las figuras masculinas de Laca y Steva se contrastaron muy adecuadamente gracias al buen trabajo de Silvasti y Gietz, respectivamente. Si el segundo resultó un inconsciente ligero de cascos al principio de la ópera, luego reveló adecuadamente su carácter egoísta y su alma cobarde; en cambio el Laca de Silvasti logró transmitir una mudanza en la dirección opuesta. El contraste baritonal y tenoril de ambos, y la solvencia de ambos como cantantes, produjo el necesario efecto dramático.

Después de cincuenta años sobre el escenario poco se puede añadir a las impactantes actuaciones de Anja Silja. Su sacristana es ya una referencia en la historiJenufaa de la ópera. Como otras voces con años encima, necesita tiempo para calentarse, pero luego, en todo el resto de la página, es un torrente de fuerza interpretativa, con un canto lleno de intención, y aún con medios más que sobrados. En suma, su recreación del personaje sigue siendo algo absolutamente excepcional.

Muy buenas fueron también las participaciones de Mette Ejsing como la abuela Buryja, de Káoly Szemerédy como el capataz, de Miguel Sola como el alcalde y de Marta Ubieta como Karolka. Así mismo, el coro Intermezzo evidenció su buena preparación en unos números tan difíciles idiomáticamente.

Ivor Bolton es un especialista en la interpretación historicista, pero ha logrado también una gran identificación con la música de Janacek. El equilibrio que consiguió entre el foso y el escenario fue siempre ideal, pero sobre resultaron muy meritorias tanto la dinámica de tensión-lirismo como el refinamiento que consiguió extraer en la Sinfónica de Madrid.

«