Artes Hoy
 

LULU


Desnuda, completamente desnuda



Por Jorge Barraca Mairal



Música y Libreto de Alban Berg
Dirección Musical: Eliahu Inbal
Dirección de Escena: Christa Loy
Escenógrafo y Figurinista: Herbert Murauer
Iluminador: Reinhard Traub
Coreógrafo: Thomas Wilhelm
Intérpretes: Susanne Elmark (Lulu), Jennifer Larmore (Condesa Geschwitz), Heather Shipp (el estudiante), Sten Byriel (el director del teatro, banquero), Hill Hartmann (el pintor, el policia), Gerd Grochowski (Sr. Schön, Jack el Destripador), Paul Groves (Alwa), Franz Grundheber (Schigolch), Paul Gay (el domador, el forzudo).

Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid).
Madrid. Nueva producción del Teatro Real en coproducción con la Royal Opera House, Covent Garden, de Londres

Funciones del 28 de septiembre al 16 de octubre de 2009

Fotografías: Javier del Real

Han pasado más de setenta años desde el estreno en Zúrich de la primera versión de Lulu y, sin embargo, su impacto emocional, su poder conmovedor, sigue resultando imponente. El público de hoy en día ha contemplado miles de crímenes, ha sido espectador de violaciones, torturas, estupros; conoce las cámaras de gas, los crímenes en serie, los genocidios de oriente y occidente... pero sigue quedando epatado por el ‘animalario’ de seres que se muestran en la obra de Berg.

Quizás justamente porque Chrisof Loy muestra las cosas tal y como son, despojadas de cualquier añadido, el efecto de Lulu resulta aún mayor. Con un planteamiento básico de tipo meyerholdiano, presenta la escena desnuda por Lulucompleto de elementos escenográficos. Una sencilla silla y una pared de cristal semiopaco son lo únicos "adornos" que ven los espectadores a lo largo de los tres actos de la obra. El vestuario, igualmente, no cambia prácticamente y consiste en unos trajes negros, serios y lisos. La iluminación es la responsable de los efectos emocionales, y, durante extensos periodos, los actores-cantantes se muestran hieráticos e inexpresivos. Sin embargo, cuando interactúan, su gestualidad, su kinésica y su proxémica son clave para transmitir las complejas ideas contenidas en la obra, la manera en que se revelan las relaciones que establecen los personajes, su intrincada psicología.

La partitura de Berg posee una enorme riqueza musical. Seguramente, el vienés —dotado, al fin, de una sensibilidad romántica— fue el compositor que mayor emoción supo extraer del serialismo. Junto con el canto declamado que aparece en determinados momentos, se presentan formas tradicionales (canon, rondó, sonata, variaciones corales, baladas...) armonizadas desde el dodecafonismo. Existe una enorme expresividad en los dúos y en los fragmentos musicales sin acompañamiento vocal y unos crescendos climáticos que remueven hondamente a quien los escucha. Lulu es una ópera por descubrir. No es del pasado, ni tampoco del futuro, su música es intemporal.

Las exigencias para los cantantes de una obra como esta son inimaginables. No sólo hay números con agudos infernales, frases extensísimas y exigentísimo volumen; además, los intérpretes deben pasar del recitado al canto sin solución de continuidad; transitar de lo lírico a lo dramático; cantar solos, dúos y números corales; y todo ello acompañado de una actuación llena de intención, expresiva y reveladora.

El elenco de estas funciones del Real fue muy bueno y se conjuntó con gran equilibrio. La Lulú de Susanne Elmark cantó sin desmayo durante todas las escenas, exhibió capacidad para ligar agudos y un registro medio muy sólido; con todo, sobre el aspecto vocal destacó su interpretación como actriz, al encarnar de una manera espléndida a la compleja, primitiva y traumatizada protagonista. A su lado, también sobresalió la convincente versión de Gerd Grochowsky como Dr. Schön / Jack el Destripador. Su voz y la encarnación de sus personajes Lulufueron quizá lo más destacado de estas funciones. Muy bien estuvo también el Alwa de Paul Groves. Jennifer Larmore, aunque bien en su papel, no convenció tanto como cabía esperar al convertirse en la condesa Geschwitz. Excelente fue el concurso del resto de los artistas con papeles secundarios.

En el podio, Inbal fue siempre un maestro atento, que no perdió pulso en los tres actos y que supo acompañar muy eficazmente a los cantantes. Concertó de forma espléndida y equilibró muy bien el sonido del foso con el del escenario. La Sinfónica de Madrid se plegó a sus indicaciones para salir airosa de esta difícil interpretación.

En suma, una Lulu inteligente y presentada, desnuda de artificios, con toda la fuerza y violencia desgarradora que late en su interior.

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Nº 51 - Noviembre de 2009

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