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LULUDesnuda, completamente desnudaPor Jorge Barraca Mairal
Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid).
Funciones del 28 de septiembre al 16 de octubre de 2009 Fotografías: Javier del Real Han pasado más de setenta años desde el estreno en Zúrich de la primera versión de Lulu y, sin embargo, su impacto emocional, su poder conmovedor, sigue resultando imponente. El público de hoy en día ha contemplado miles de crímenes, ha sido espectador de violaciones, torturas, estupros; conoce las cámaras de gas, los crímenes en serie, los genocidios de oriente y occidente... pero sigue quedando epatado por el ‘animalario’ de seres que se muestran en la obra de Berg. Quizás justamente porque Chrisof Loy muestra las cosas tal y como son, despojadas de cualquier añadido, el efecto de Lulu resulta aún mayor. Con un planteamiento básico de tipo meyerholdiano, presenta la escena desnuda por La partitura de Berg posee una enorme riqueza musical. Seguramente, el vienés —dotado, al fin, de una sensibilidad romántica— fue el compositor que mayor emoción supo extraer del serialismo. Junto con el canto declamado que aparece en determinados momentos, se presentan formas tradicionales (canon, rondó, sonata, variaciones corales, baladas...) armonizadas desde el dodecafonismo. Existe una enorme expresividad en los dúos y en los fragmentos musicales sin acompañamiento vocal y unos crescendos climáticos que remueven hondamente a quien los escucha. Lulu es una ópera por descubrir. No es del pasado, ni tampoco del futuro, su música es intemporal. Las exigencias para los cantantes de una obra como esta son inimaginables. No sólo hay números con agudos infernales, frases extensísimas y exigentísimo volumen; además, los intérpretes deben pasar del recitado al canto sin solución de continuidad; transitar de lo lírico a lo dramático; cantar solos, dúos y números corales; y todo ello acompañado de una actuación llena de intención, expresiva y reveladora. El elenco de estas funciones del Real fue muy bueno y se conjuntó con gran equilibrio. La Lulú de Susanne Elmark cantó sin desmayo durante todas las escenas, exhibió capacidad para ligar agudos y un registro medio muy sólido; con todo, sobre el aspecto vocal destacó su interpretación como actriz, al encarnar de una manera espléndida a la compleja, primitiva y traumatizada protagonista. A su lado, también sobresalió la convincente versión de Gerd Grochowsky como Dr. Schön / Jack el Destripador. Su voz y la encarnación de sus personajes En el podio, Inbal fue siempre un maestro atento, que no perdió pulso en los tres actos y que supo acompañar muy eficazmente a los cantantes. Concertó de forma espléndida y equilibró muy bien el sonido del foso con el del escenario. La Sinfónica de Madrid se plegó a sus indicaciones para salir airosa de esta difícil interpretación. En suma, una Lulu inteligente y presentada, desnuda de artificios, con toda la fuerza y violencia desgarradora que late en su interior. |
Nº
51 - Noviembre de 2009
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