Artes Hoy
 

LAS BODAS DE FÍGARO


Por patios sevillanos



Por Jorge Barraca Mairal



Música de Wolfgang Amadeus Mozart
Libreto de Lorenzo da Ponte
Dirección Musical: Jesús López Cobos
Dirección de Escena: Emilio Sagi
Escenógrafo: Daniel Bianco
Figurinista: Renata Schussheim
Iluminador: Eduardo Bravo
Intérpretes: Mariusz Kwiecien (El conde de Almaviva), Eva Mei (La condesa de Almaviva), Cintia Forte (Susana), Fabio Maria Capitanucci (Fígaro), Ketevan Kemoklidze (Cherubino), Jeannette Fischer (Marcellina), Carlos Chausson (Bartolo), Raúl Giménez (Basilio).
Coro y Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid).
Madrid. Nueva producción del Teatro Real en coproducción con la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO) y con el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria.


Funciones del 11 al 27 de julio de 2009

Fotografías: Javier del Real

Las bodas de FígaroEl Teatro Real cierra temporada con una producción de Las bodas de Fígaro muy agradable escenográficamente e iluminada con bella plasticidad. Por medio de trasparencias y un juego de luces muy cuidado, se vislumbran soleados patios andaluces, amaneceres cálidos y hermosos jardines pintados por la luna llena, en los que de fondo se percibe el murmullo de agua con su agradable ronroneo. En fin, un ambiente ideal que —como cantan los mismos protagonistas de la ópera— invita al solaz, al juego amoroso y al recreo de los sentidos.

Sagi pone también algunas notas de color local en los movimientos de danza, cuando los figurantes bailan por sevillanas o cuando se traza toda una coreografía de carácter andaluz. Sin embargo, su interés radica en destacar el tono sensual de la página —y a veces, incluso, abiertamente sexual—. Cosa que procura con los movimientos de los cantantes (que, eso sí, mantienen en todo momento el buen gusto), y subraya la picardía algunos momentos ambiguos ("hablo de amor conmigo mismo", "y ya el resto... lo entenderá"). Además, ilumina por completo el patio de butacas cuando Fígaro, en el último acto, entona su advertencia a los maridos para que abran los ojos y descubran cómo pueden ser engañados por sus mujeres. Un buen truco escénico que se incardina perfectamente con el espíritu del aria.

Pero, además, la producción contó con otro elemento fundamental: la complicidad entre batuta y dirección de escena. Se apreció que López Cobos y Sagi compartían ideas para recrear la página de Mozart y que están de acuerdo en los aspectos fundamentales de su teatralización, como, se ve, por ejemplo, en el trepidante y alocado cierre del primer acto, donde Las bodas de Fígarola continuidad musical tiene un reflejo perfecto en una escena que va abarrotándose de personas hasta que el espectador siente la misma confusión mental que los protagonistas.

Por otro lado, el director de Toro se ha vuelto a revelar como un extraordinario traductor mozartino. Sus tempi son irreprochables, y unifican la necesaria ligereza con el toque lírico y de belleza profunda que tiene la página. Es amable en la obertura, nostálgico con las intervenciones de La Condesa, viril con las de El Conde, delicado y gracioso con Cherubino, desenvuelto con las de Susana o Fígaro. Y, en fin, es rico y variado en su paleta tímbrica, nunca desmaya el caudal sonoro ni deshace la armonía a lo largo de cada uno de los extensos actos.

El segundo reparto, que es el que aquí se describe, estuvo muy bien acoplado y los diferentes intérpretes contrastaron adecuadamente en sus caracteres. Además, fueron perfectamente secundados desde el foso, otro de los méritos de la dirección de López Cobos.

El Conde del polaco Kwiecien exhibió una voz de muchos quilates, grata, de una pasta rica y armónica. Así mismo, la actuación fue excelente y la gravedad, dureza y poder del noble se pintaron correctamente. Sacó muy buen partido de su aria del Acto II y destacó también en todas las intervenciones corales. A su lado, Eva Mei fue una Condesa excelente, sobre todo por la belleza de su instrumento. Es cierto que el aliento de algunas frases resultó un tanto entrecortado y que pareció algo apurada en la coloratura. Sin embargo, el hermosísimo timbre la ayudó a recoger las mayores ovaciones de todo el elenco.

Las bodas de FígaroLa pareja de Susana y Fígaro tuvo también muy adecuado acomodo en Cintia Forte y Favio Maria Capitanucci. La primera, sobre todo, por su desenvoltura y simpática actuación, el segundo por la firmeza y claridad de su emisión. Ambos estuvieron muy bien en las arias, en particular la que cantó Forte en el último acto.

El Cherubino de Ketevan Demoklidze no tuvo una emisión tan limpia como hubiese sido deseable, sobre todo por una acentuación escasa de gusto en la primera de sus arias ("No son più..."), aunque es cierto que la segunda ("Voi che sapete...") resultó más redonda.

Extraordinarios fueron el Bartol de Chausson —a quien tantas veces hemos podido disfrutar como Fígaro—, y el Basilio de Raúl Giménez. Pero también cantaron sus partes con calidad Jeannette Fischer como Marcellina, Soledad Cardoso como Barbarina y Miguel Sola como un gracioso y cascarrabias Antonio.

Muy bien el coro que dirige Peter Burian y los componentes del Ballet de Lituania.

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Nº 49 - Septiembre de 2009

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