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KatiuskaEntre los tópicos y la actualizaciónPor Jorge Barraca Mairal
Orquesta Filarmonía. Coro Eurolírica. Funciones del 7 al 10 de mayo de 2009 Las incoherencias y situaciones inverosímiles que contiene el libreto de Katiuska invitan a plantear una puesta en escena alejada del realismo y enriquecida con toques climáticos, capaces de trasmitir —a la par de la música— los aspectos evocativos de cuento sencillo. Cuando en 1931 Sorozábal estrenó la obra, la imagen de la Rusia posrevolucionaria era absolutamente tópica en la sociedad española. Y la localización en ese lugar únicamente sirvió al compositor para dar a la acción y a los personajes un toque algo exótico, justificar unos ritmos animados —aunque no genuinamente rusos— y, sobre todo, para tratar de mostrar que la fuerza del amor es ubicua. No obstante, hoy en día, el público de
la zarzuela no comprendería muy bien una modernización que
deshiciese por completo los tópicos y quisiera transmitir un mensaje
en exceso elaborado. Emilio Sagi, como buen conocedor de este tipo de
páginas (y de sus consumidores), además De entrada, la escenografía general presentada para el único acto resulta chocante pero significativa: una boca de escena rotada unos veinte grados y desechos amontonados en la zona baja como si acabase de suceder un bombardeo. Pronto, el espectador se acostumbra a la rotación y se capta que los restos abandonados al pie del escenario evocan eficazmente un ambiente de revolución, de calamidades recién padecidas, de emigración y refugiados. Sin embargo, la fuerza, el impacto de esa imaginería se contrarresta por su completo estatismo y por la movilidad que resta a los personajes durante la acción. Cada vez que Katiuska, Pedro, el Príncipe o el Coronel bajan unos pasos sobre esa escombrera andan a tientas, temiendo perder pie sobre esa inestable superficie. Así que, al final, la mayor parte de la acción ha de quedar constreñida entre las paredes de la posada, y sólo la apertura de la pared del fondo de ésta —junto con algún efecto lumínico— ofrece algo de escapatoria a tan angosto espacio. Por otro lado, hay que reconocer que Sagi ofrece una
buena dirección de actores, en que las emociones son bien transmitidas
y se observa variedad. En particular, es muy bueno el contraste entre
las situaciones Entre los papeles protagonistas destacó el Pedro Stakof de Ángel Odena, fundamentalmente por la rotundidad de su instrumento. También tuvo momentos de buena musicalidad, con un canto delicado, con una buenísima dicción y con recursos sobrados tanto en el registro grave y como en el agudo. La Katiuska de Maite Alberola no funcionó tan bien. En primer lugar su aspecto físico no era el más adecuado para el papel pero, sobre todo, le faltó intensidad emocional y una mayor claridad y convicción en los recitados. Buenos medios, y exhibiendo un registro grave sonoro y bien timbrado fue el Príncipe Sergio encarnado por Jon Plazaola, que también tuvo una convincente actuación, siempre acorde con su digno y noble rol. Milagros Martín fue una excelente Olga, muy alegre y desenvuelta, como exige su papel y casi siempre excelentemente cantada. También el Coronel de Enrique Baquerizo fue excelente, tanto por la solvencia de su canto como por su magnífica actuación. Los graciosos Tatiana, Boni y Amadeo fueron servidos por magníficos actores, lo que favoreció el éxito de las representaciones. La profesional dirección de Pascual Osa permitió que la Orquesta Filarmonía y el coro Eurolírica tuvieran un digno concurso. |
Nº
46 - Junio de 2009
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