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THE RAKE’S PROGRESSDe Hogarth a HollywoodPor Jorge Barraca Mairal THE RAKE’S PROGRESS
Música de Igor Stravinski Libreto de Wystan Hugo Auden y Chester Kallman Director Musical: Christopher Hogwood Director de escena: Robert Lepage Escenógrafo: Carl Fillion Figurinista: François Barbeau Iluminador: Etienne Boucher Intérpretes: Darren Jeffery (Trulove), María Bayo (Anne Trulove), Toby Spence (Tom Rakewell), Johann Reuter (Nick Shadow), Julianne Young (Mother Goose), Daniela Barcellona (Baba la Turca), Eduardo Santamaría (Sellem), Josep Ribot (El loquero). Coro y Orquesta Titular del Teatro Real (Coro y Orquesta Sinfónica de Madrid) Madrid. Nueva producción del Teatro Real en coproducción con Théâtre de La Monnaie de Bruselas, la Opéra de Lyon, la San Francisco Opera y la Royal Opera House, Covent Garden, de Londres y en colaboración con Ex-Machina. Funciones del 11 al 28 de enero de 2009 Fotografía: Javier del Real
El director de escena no sitúa la acción
en el siglo XVIII —no se recrean los óleos inspiradores de
Hoghart—, sino en lo que podrían ser los años 50 ó
60 del XX. Tampoco la ciudad de Londres se vislumbra en ningún
momento (a excepción de sus clásicos guardias urbanos):
el lugar de la corrupción de Tom Rakewell es el Hollywood de esa
época. Lepage evoca en su puesta en escena algunos títulos
cinematográficos (Gigan El montaje se redondea con el empleo de unos elementos escénicos siempre adecuados (máquinas de bombeo petrolífero, cama-corazón, roulotte, proyecciones, coches, carteles publicitarios, maquetas, piscina, etc.) pues resultan comprensibles, justificados y no se abusa de su presencia. Por último, la dirección de actores-cantantes también ha sido meritoria y su kinésica y proxémica ha reflejado muy bien las vivencias de los protagonistas. Toby Spence fue un correcto libertino. Aunque mejor en intenciones y matices que por la calidad de su instrumento vocal. No obstante, lo importante fue la buena recreación del personaje que ganó enteros con el transcurso de la acción. El papel de Tom no es sólo exigente vocalmente, sino que requiere una gran capacidad como intérprete para plasmar de forma creíble las mutaciones que experimenta (joven sencillo de campo, corrompido hastiado y cínico, loco) y Spence apareció auténtico en todas ellas. Las voces graves también dieron buen juego. El Nick Shadow de Johann Reuter resultó muy adecuado. No sólo exhibió buenos medios en el registro grave, sino que supo dejar clara la vertiente diabólica del personaje. Darren Jeffery encarnó a Trulove de forma excepcional. Su instrumento también es de muchos enteros y su buena, serena, actuación se ajustaron como anillo al dedo al personaje. Como secundarios deben mencionarse a Julianne Young, como una Mother Goose muy justita vocalmente, y a Eduardo Santamaría y Josep Ribot, con buenas actuaciones para el Sellem y el loquero, respectivamente. Contar con Daniela Barcellona para asumir el papel de Baba la Turca fue todo un lujo. En el foso, Hogwood dirigió de forma meticulosa,
lleno de detalles y con gran capacidad para colorear. Estuvo muy bien
tanto en los instantes más líricos como en los dramáticos.
Pero sobre todo, concertó de forma espléndida y equilibró
muy bien a la orquesta con los cantantes de la escena. La Sinfónica
de Madrid consiguió una buena actuación, y desentrañó
con solvencia la difícil partitura. También sonó
correctamente el coro del Real. |
Nº
43 - Marzo de 2009
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