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Summercase 2008, genios y figuras



Por Xavier Valiño

 

Summercase 2008Edwyn Collins también confirmó que lo más interesante, en los escenarios más pequeños. Por ejemplo, Los Campesinos. Más divertidos, contagiosos y rompedores que en disco. Van a por todas; no tienen nada que perder. Lo hacen disfrutando ellos. ¡Qué envidia daban sobre el escenario! O, también, Cornelius, mezclando psicodelia, electrónica y pop sin despeinarse. Un mago de la alquimia al que no parece costarle absolutamente nada.

Todos fuera del escenario principal y todos desde la periferia: Escocia, Japón o, también, Suecia, como Shout Out Louds, un prodigio pop no muy lejano de aquellos que tan bien lo solían hacer -sí, diana, Prefab Sprout-. O Leila, de origen iraní, planteando el show más difícil de entrar en él; si se conseguía, a pesar de sus cambios de vocalistas y de sólo intuirse en la penumbra, la recompensa era de las que se recuerdan.

En los otros dos escenarios, el Walkman y el Levi’s, algunos quisieron triunfar -y lo lograron-. Entre la parroquia local, Dorian y Facto Delafé y las Flores Azules, con actuaciones que se cuentan por triunfos. Jugaban en casa, claro, lo que ayuda. Más o menos, lo que Antonia Font. The Stranglers reivindicaron su pasado con inesperada tensión, aunque de Hugh Cornwell hace tiempo que ni rastro. Con Maxïmo Park pasará lo que con Suede: ganan adeptos cuanto más se mueve su cantante, aunque pierdan en ello los matices de sus canciones. Supongo que no les importa, que para eso está el directo.

Summercase 2008Lo de Foals no tiene pinta de hype. Mucha imagen, un cantante omnipresente en todos lados en el Festival. Cuando salieron, fueron a romper. ¿Matemáticas o pop? Por ahí se debaten, pero parece que lo tendrán que decidir a largo plazo. Vamos, que hay posibilidad de una vida. Peter von Poehl apareció encantado con Barcelona; tan folk como su pop de puesta de sol. Midnight Juggernauts no. Ellos son de los irritables, los de la madrugada, cuando los ritmos de baile piden guitarras eléctricas. Lo saben y, por ahora, lo interpretan bien.

Blondie da más que pensar. Las canciones más coreadas, el karaoke del fin de semana. Pero, ¿tiene sentido con varios mercenarios vulgarizando su sonido? No pareció importar mucho. Todos querían ver a Deborah Harry, a pesar de sus años. Lo mismo que a Sex Pistols. Suenan como nunca, parecen profesionales. ¿Era esto el punk? ¿Escupir agua de una botella a las tablas? ¿Meterse el dedo por la nariz? Las canciones no fallan. Johnny Rotten tampoco, invocando a Alá y sus seguidores, el enemigo número uno de Occidente. Y cuesta imaginar cómo pudo transportar su -inolvidable- traje de hojas de árbol.

En el Movistar, el grande, Nick Cave fue el puto amo –junto a su escudero Warren Ellis-. Con Grinderman. Sólo que le faltan las canciones de los Bad Seeds. Con 20 años las tendrá, que para eso son suyas. El resto lo conocemos bien de su banda habitual. No falla nunca. Y aquella de la primera fila a la que le declaró amor varias veces aún estará escondida bajo tierra. Genio y figura.

Summercase 2008A Interpol ya no se les notan las fisuras. Ni el origen de sus canciones. Sobrios, secos, al grano. De unas referencias claras a convertirse en referentes. Parecen ir hacia ahí. Lo mismo que Kings Of Leon. Rock del clásico. No hay más que olvidar sus jóvenes caretos y escuchar el espíritu de la Creedence. Y Los Planetas ya lo tienen hace tiempo. Ahora no permiten un contagio instantáneo; para eso están los primeros temas más flamencos, más difíciles, más exigentes. Después llega lo que todos esperan, con una contundencia inédita hace años, y todos con ellos.

Para decepciones, varias. The Breeders. Poca sustancia en sus últimos discos, poco que mostrar en directo. Sí, "Cannonball" roza el clímax, pero eso es todo. A The Verve le sobra casi todo, menos su esperado final con "Bittersweet Symphony" y un nuevo single, "Love Is Noise" que sí, que ojalá todo fuese así. Mucha pretensión, mucha supuesta carga emocional, pero nada. The Kooks lo han dilapidado todo en un segundo disco pesado. Les siguieron muchos británicos, pero eso no les da carta blanca para intentar que traguemos con todo. Era mejor cuando parecían los primeros Supergrass.

Y Primal Scream, duele decirlo, el mayor tropiezo. Fueron la mejor banda de rock de los últimos años. Ya no está Kevin Shields. Ya no hay electrónica. Ya son padres de familia. Ya no se envuelven en la penumbra. Al descubierto, todo desmerece. Y un disco pop como Beautiful Future no resulta en directo. En cinco años, casi no lo recordarán. ¿Volverán a ser lo que fueron?

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Nº 37 - Septiembre de 2008

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