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Summercase 2008, genios y figurasPor Xavier Valiño
Todos fuera del escenario principal y todos desde la periferia: Escocia, Japón o, también, Suecia, como Shout Out Louds, un prodigio pop no muy lejano de aquellos que tan bien lo solían hacer -sí, diana, Prefab Sprout-. O Leila, de origen iraní, planteando el show más difícil de entrar en él; si se conseguía, a pesar de sus cambios de vocalistas y de sólo intuirse en la penumbra, la recompensa era de las que se recuerdan. En los otros dos escenarios, el Walkman y el Levi’s, algunos quisieron triunfar -y lo lograron-. Entre la parroquia local, Dorian y Facto Delafé y las Flores Azules, con actuaciones que se cuentan por triunfos. Jugaban en casa, claro, lo que ayuda. Más o menos, lo que Antonia Font. The Stranglers reivindicaron su pasado con inesperada tensión, aunque de Hugh Cornwell hace tiempo que ni rastro. Con Maxïmo Park pasará lo que con Suede: ganan adeptos cuanto más se mueve su cantante, aunque pierdan en ello los matices de sus canciones. Supongo que no les importa, que para eso está el directo. Blondie da más que pensar. Las canciones más coreadas, el karaoke del fin de semana. Pero, ¿tiene sentido con varios mercenarios vulgarizando su sonido? No pareció importar mucho. Todos querían ver a Deborah Harry, a pesar de sus años. Lo mismo que a Sex Pistols. Suenan como nunca, parecen profesionales. ¿Era esto el punk? ¿Escupir agua de una botella a las tablas? ¿Meterse el dedo por la nariz? Las canciones no fallan. Johnny Rotten tampoco, invocando a Alá y sus seguidores, el enemigo número uno de Occidente. Y cuesta imaginar cómo pudo transportar su -inolvidable- traje de hojas de árbol. En el Movistar, el grande, Nick Cave fue el puto amo –junto a su escudero Warren Ellis-. Con Grinderman. Sólo que le faltan las canciones de los Bad Seeds. Con 20 años las tendrá, que para eso son suyas. El resto lo conocemos bien de su banda habitual. No falla nunca. Y aquella de la primera fila a la que le declaró amor varias veces aún estará escondida bajo tierra. Genio y figura. Para decepciones, varias. The Breeders. Poca sustancia en sus últimos discos, poco que mostrar en directo. Sí, "Cannonball" roza el clímax, pero eso es todo. A The Verve le sobra casi todo, menos su esperado final con "Bittersweet Symphony" y un nuevo single, "Love Is Noise" que sí, que ojalá todo fuese así. Mucha pretensión, mucha supuesta carga emocional, pero nada. The Kooks lo han dilapidado todo en un segundo disco pesado. Les siguieron muchos británicos, pero eso no les da carta blanca para intentar que traguemos con todo. Era mejor cuando parecían los primeros Supergrass. Y Primal Scream, duele decirlo, el mayor tropiezo. Fueron
la mejor banda de rock de los últimos años. Ya no está
Kevin Shields. Ya no hay electrónica. Ya son padres de familia.
Ya no se envuelven en la penumbra. Al descubierto, todo desmerece. Y un
disco pop como Beautiful Future no resulta en directo. En cinco años,
casi no lo recordarán. ¿Volverán a ser lo que fueron? |
Nº
37 - Septiembre de 2008
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