Artes Hoy
 

El caso Makropulos


Divas hollywoodenses


Por Jorge Barraca Mairal


EL CASO MAKROPULOS

Música y Libreto de Leos Janácek
Dirección Musical: Krzystof Warlikowski
Escenógrafo y Figurinista: Malgorzata Szczesniak
Concepción y realización de vídeo: Denis Guéguin
Iluminador: Felice Ross
Intérpretes:Anna-Katharina Behnke (Emilia Marty), Pär Lindskog (Albert Gregor), Vicent Le Texier (Jaroslav Prus), Tomasz Konieczny (Dr. Kolenatý), David Kuebler (Vítek), Deanne Meek (Krista)

Coro y Orquesta Titular del Teatro Real (Coro y Orquesta Sinfónica de Madrid)
Madrid. Nueva producción del Teatro Real en coproducción con la Opéra National de Paris

Funciones del 16 al 30 de junio de 2008

Fotografía: Javier del Real

 

El caso MakropoulosPoco a poco, Leos Janácek va alcanzando el puesto en la historia de la música (en particular, de la operística) que, por la calidad de su producción, merece. En Madrid hemos tenido la suerte de disfrutar ya de casi todas sus obras —Jenufa, Osud, la zorrita astuta, Desde la casa de los muertos— y el año que viene está programada en el Real Katia Kabanova. Así que sumando este Caso Makropulos, sólo restarán algunas páginas fundamentales como Sárka o Las excursiones del señor Broucek.

Krzystof Warlikowski ha sido el responsable de poner en escena El caso Makropulos, ofrecido en una nueva producción del Real en colaboración con la Ópera Nacional de París. Su concepción de la obra se organiza por completo a partir de la figura protagonista, Emilia Marty, que aparece caracterizada como una diva de Hollywood de los años cuarenta o cincuenta, y, en particular, muy asimilada a Marilyn Monroe. La fascinación que genera en los hombres que se relacionan con ella y el influjo magnético de su presencia junto con su actitud indiferente y abúlica es el leit motiv de este trabajo desde el punto de vista visual. El caso Makropoulos

Como elementos escénicos destacan el empleo de proyecciones cinematográficas, que acompañan ya desde la genial obertura, y que reaparecen en distintos momentos de la página hasta su última escena, así como la ambientación con evocación de los clásicos del séptimo arte: el despacho del abogado Kolenatý es una sala de proyección; en el teatro donde canta Emilia aparece un gigante King-Kong rememorando la famosa escena en que éste apresa en su inmensa mano a la protagonista de la película homónima; en el último acto nos encontramos en la clásica piscina de mansión californiana. En conjunto pues, un trabajo de actualización que sorprende por su atrevimiento y que, aparte de algún detalle particularmente pertinente, resulta demasiado repetitivo en su idea básica y no siempre justificado.

Afortunadamente para el éxito de la producción, los cantantes compusieron un elenco óptimo, con una convicción absoluta en sus actuaciones y una emisión vocal perfecta. La prosodia checa y esa forma de componer de Janacek en que prima el recitativo cantado resultan particularmente difíciles de ejecutar y todos los solistas evidenciaron una preparación excepcional para asumir estos papeles.

El caso MakropoulosLa Emilia de Anna-Katharina Behnke unió arte canoro con una actuación excelente; su físico, además, se acomodó idealmente a la concepción escénica. El papel de la tricentenaria mujer destaca muy por encima del de todos los demás: a ella corresponden los golpes de acción, el misterio del argumento y las matizaciones expresivas más importantes. Es un personaje lleno de atractivo y sugerencias, por eso supone un gran reto para cualquier intérprete. Benhnke supo transmitir toda esta riqueza y fue, con justicia, la gran triunfadora de las funciones.

El Gregor de Pär Lindskog, el Prus de Vicent Le Texier y el Kolenatý de Tomasz Konieczny dieron una buena réplica a la protagonista; y, en las voces femeninas, Deanne Meek encarnó a una Krista llena de la ingenuidad y encanto que requieren su parte.

El Coro y Orquesta Titular del Teatro Real (Coro y Orquesta Sinfónica de Madrid) dirigidas por un magnífico Paul Daniel salieron airosos de la difícil tesitura que supone interpretar esta ópera. El joven director británico evidenció una excelente escuela desde el mismo instante en que abordó la obertura. Luego, las dinámicas durante toda la página fueron pintadas con notable variedad, brindando así una lectura rica, ágil y brillante, con un final particularmente lírico y hermoso. En suma, una interpretación de batuta e intérpretes muy meritoria y ciertamente más convincentes que la puesta en escena.

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Nº 35 - Julio de 2008

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