Artes Hoy
 

ORFEO


Una recreación magnífica


Por Jorge Barraca Mairal


ORFEO

Música de Claudio Monteverdi.
Libreto de Alessandro Striggio.
Dirección Musical: William Chrsitie.
Dirección de Escena, Escenógrafo y Figurinista: Pier Luigi Pizzi.
Coreógrafo: Gheorghe Iancu.
Iluminación: Sergio Rossi.
Intérpretes:Dietrich Henschel (Orfeo), Maria Grazia Schiavo (Euridice, Proserpina, La Música), Sonia Prina (La Mensajera, La Esperanza), Luigi De Donato (Caronte), Antonio Abete (Plutón), Agustín Prunell-Fried (Apolo).

Les Arts Florissants.
Madrid. Producción del Teatro Real en coproducción con el Teatro La Fenice de Venecia.

Funciones del 15 al 28 de mayo de 2008.

Fotografía: Javier del Real

 

OrfeoEl Orfeo monteverdiano no es, en rigor, la primera ópera de la historia, aunque sí una de las primeras con partitura y texto conservados. Además, poseemos abundante información sobre su estreno, detalles sobre su impacto, repercusión, contexto, aspectos de la escenografía y de los intérpretes originales, etc. Sin embargo, lo que resulta más destacable de la obra estriba, paradójicamente después de cuatrocientos años, en su modernidad. Contemplada y escuchada hoy en día, la página de Monteverdi sorprende no sólo por su inspiración musical o su gusto poético, sino por el tratamiento tan actualizado de los personajes, su planteamiento escénico y el desarrollo interno de los caracteres.

Pizzi, que siempre brinda unas puestas en escena intachables, sitúa la acción no en la Tracia mitológica, sino en la corte de Mantua, donde se estrenara el 24 de febrero de 1607. De este modo, contextualiza la obra de forma realista y apropiada, y destaca así, conscientemente, la importancia del momento histórico en que se fraguó el nacimiento del género. Con objeto de cuidar hasta el mínimo detalle la recreación, viste a los músicos y al director de la orquesta con los ropajes del 1600 y en ocasiones los sitúa no el foso, sino sobre la escena misma. Por momentos, los intérpretes se mueven entre ellos, o aparecen y salen por el patio de butacas. Todo esto contribuye a crear un ambiente íntimo, cercano al espectador, de forma semejante a como debió ocurrir en el estreno original en el Palacio de los duques.

OrfeoUna iluminación delicada y climática, a cargo de Sergio Rossi, resalta el efecto escénico y favorecen la generación de emociones adecuadas a la música y al momento descrito en la obra. Por ejemplo, en el Acto I nos inunda con una luz de amanecer; la muerte de Eurídice se acompaña de un oscurecimiento; mientras Orfeo deambula por el Hades la iluminación es tenue y se desdibujan las sobras; en el último acto volvemos a la luminosidad del campo.

Junto con el cuidado vestuario, la puesta en escena o la luz, una coreografía amena, correcta y de suma gracia favorece el dinamismo de una acción que es más del interior de los personajes que exterior. Igualmente, el conjunto coral y los figurantes son desplazados con sencillez y eficacia. Sus entradas y salidas resultan naturales y su caracterización justa.

Un absoluto especialista en esta música como William Christie no puede defraudar, especialmente si se pone al frente de su propia orquesta. Conocedor como pocos de la partitura y de las distintas variantes, su elección de tempos y dinámicas, sus matizaciones y acompañamientos resultan inmejorables. Además, en el montaje se pudo comprobar su perfecta comunión con el planteamiento escénico de Pizzi y su participación en él.

OrfeoLos intérpretes conformaron un equipo muy solvente, y hubo un gran equilibrio entre todas las voces. En el papel protagonista, el barítono Dietrich Henschel exhibió su voz no muy potente, pero, por eso mismo, bien acomodada al contexto y al papel que debía interpretar. Siempre perfecto de afinación, musicalidad, gusto en la expresión y adecuación al estilo, dio muestras, además, de su calidad como actor.

Maria Grazia Schiavo, fue Eurídice, Proserpina y La Música. Su encarnación de estos personajes se vio beneficiada por la belleza de su timbre vocal y una gran perfección estilística. Su actuación también fue muy notable.

Entre las voces graves destacó la de Luigi De Donato como Caronte, y, en menor medida, la de Antonio Abete como Plutón. Sonia Prina fue una muy buena Mensajera en el Acto II y una estupenda Esperanza en el III. Los pastores y espíritus encomendados a Hanna Bayodi-Hirt, Xavier Sabata y Juan Sancho mostraron, igualmente, buenos detalles. Por último, hay que destacar la excelente coloratura que mostró Agustín Prunell-Friend al cierre de la obra como Apolo.

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Nº 34 - Junio de 2008

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