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Asa, la vida en la fronteraPor Xavier Valiño Asa creció en Lagos, una ciudad repleta de gente en las calles y con una energía arrolladora pero, a su vez, cargada de profundas raíces espirituales. Tribus islámicas mezcladas con la fe cristiana en un clima de tolerancia, la juventud imitando los patrones americanos y la turbulenta ciudad sumergiéndose sin descanso en un infernal pero a la vez armónico ballet de amor y odio, relax y violencia, pobreza y prosperidad. "Lagos es el Nueva York de Nigeria", asegura Asa de la ciudad en la que vivió gran parte de su vida. "Si quieres llegar a algún sitio en lo que a carrera musical se refiere, es el lugar donde hay que estar en Nigeria, donde se encuentran las mejores oportunidades pero también las mayores decepciones".
Asa fue una chica solitaria. La familia, sus hermanos, África… No acababa de encajar en los clichés tradicionales y se sentía triste a menudo, fuera de su lugar. Era distinta y la música se convirtió en su válvula de escape y en el sueño de todos los días. En ocasiones marchaba a un parque con sus hermanos a cantar y bailar, pero lo que hacía más a menudo era crear su propio espacio y refugiarse en su mundo imaginario, cantando canciones de Bob Marley o Michael Jackson e imaginando que las multitudes la aclamaban.
A los 12 años su madre la inscribió en una de las mejores escuelas del país, pero ese tipo de educación tuvo un sabor amargo para ella: cinco años de duros estudios y esfuerzo y, al regresar de nuevo al hogar familiar, descubre a Erikah Badu, D’Angelo, Rafaël Saadiq, Lauryn Hill, Femi Kuti y Angélique Kidjo, empezando a soñar en seguir sus pasos. A los 18, Asa ya se había familiarizado completamente con la frustración. Las huelgas en la universidad, los coros rechazándola. De todos modos, se las arregló para hacer oír su voz en unos cuantos programas de talentos en varias emisoras de radio y el primer aplauso que recibió le transmitió un placer infinito. Acto seguido firmó en secreto con la escuela de música Peter King y aprendió a tocar la guitarra en seis meses. Música e independencia, Asa era insaciable en su deseo de vivir la vida al máximo, conocer a gente, sumergirse en la música. Bajo su punto de vista, ella no es un producto comercial ni una sex symbol, pero tiene un don y una voluntad a prueba de fuego. Empieza a sentir el viento del éxito soplando en su misma dirección. Se le ofreció dinero, giras y contratos, pero ella quería que su música fuese del modo que ella lo tenía pensado. En 2004 conoce a su manager, Janet, que le presenta a Cobhams Emmanuel Asuquo, que acabó convirtiéndose en su compañero musical.
"Me gusta inspirarme en mis letras cuando estoy en el autobús (molué, como nosotros le llamamos). 49 asientos, 99 personas viajando de pie, como Fela describía. Todo el mundo está apretujado y ‘pequeños dramas’ ocurren todo el rato. Y, al final del día, nos las apañamos para reír; en ello reside el secreto de nuestra fortaleza." Fue en esta etapa de la vida en la que Asa volvió a París. Era su oportunidad para poner a prueba su talento en la escena musical francesa, tocando con artistas como Nubians, Manu Dibango, Doctor L y Tony Allen. Mientras, en Nigeria, su primer single, "Eyé Adaba", luego "Jailer", empezaron a hacerse populares. Después, fue elegida embajadora musical de Sudáfrica, su popularidad fue en ascenso y al regresar a Nigeria, se convirtió en telonera de Akon, John Legend y Snoop Dogg entre otros. "Quiero que mi música conmueva a la gente.
Como africana, quiero dar esperanza a mi gente, pero también gritar
en su nombre. Quiero mostrar al mundo que algo bonito y positivo puede
surgir del continente negro e inspirar a la gente joven en todo el mundo."
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Nº
33 - Mayo de 2008
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