Made In Jamaica, la canción de la redención.
Por Xavier Valiño
Se
hablaba, sobre todo, de la violencia. Y ahí es donde estuvieron
los comentarios más certeros: los de Gregory Isaacs, los de algunos
de los componentes de Third World (quienes, por cierto, se pasean por
una casa enorme de la que, aseguran, hace años no se les permitía
pisar, así que algo han progresado) y, sobre todo, el más
lúcido, Bunny Wailer. Él es quien habla de la violencia,
de cómo el gobierno y los poderosos la mantienen hipócritamente,
de cómo ningún traficante de armas ha pisado nunca la cárcel,
pero hay miles y miles de jóvenes detenidos por arma de fuego…
Y, también, miles de muertos, claro.
Eso es Jamaica hoy, claro, aunque por suerte no es lo
único. Y lo otro también se toca: Jah, la religión,
la esclavitud que dio origen a casi todo, el papel de los pioneros, la
reverencia hacia Bob Marley, la situación de la mujer… Mejor
sería decir que se escucha, porque toda la película es una
gran canción, una detrás de otra, reflejando buena parte
de los sonidos de la isla. En medio de cada tema, la opinión y
la visión del que canta de lo que le parece más importante.
Gran
parte de la película viene a confrontar el mundo del reggae clásico
con el del dancehall actual. En cuanto a la música, cada uno tirará
para lo que más le apetezca, pero lo que más sorprende son
aquellos que medio rapean sobre una base reggae, sin llegar a la velocidad
del dancehall. Eso y una cantante llamada Alaine que apareció en
unos breves dos minutos cantando "We Can Go", algo así
como un nuevo "Unfinished Sympathy", la joya de Massive Attack,
que, a pesar de eso, poco tenía que ver con el resto de la cinta.
Pero en cuanto a lo que dicen, los veteranos ganan por
goleada, demostrando que saben reflexionar sobre todo lo que han visto
en estos años y que su isla estaría en otra situación
si dejasen las cosas en sus manos. O sea, la eterna historia.
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