![]() |
|
Tulsa, secretos íntimosPor Xavier Valiño ¿Cómo acabó la aventura de Electrobikinis, tu anterior grupo? - Acabó de forma pacífica y no tuvimos que utilizar nuestras armas. Fue necesario cuando nos dimos cuenta de que hacíamos las canciones más pendientes de que gustaran al resto del grupo que de hacer lo que realmente nos apetecía; y teníamos gustos diversos, así que era complicado.
- Sí, por eso enseguida le llamé a Alfredo, me encantaba su estilo. Y sus botines. ¿El sonido ya estaba en tu cabeza desde hacía un tiempo o fue surgiendo poco a poco? - No, fue surgiendo así, a medida que fui haciendo canciones. Tras la separación del grupo, durante un tiempo te dedicaste a hacer versiones con Alfredo Narra. ¿Cómo fueron aquellos tiempos? ¿De qué versiones constaba el repertorio? - Fue divertido y sirvió para matar el gusanillo
y para ir conociéndonos y entendiéndonos. En cuanto a las
versiones, era todo muy clásico. Tocábamos canciones de
The Beach Boys, Big Star, Lovin´ Spoonful, Elvis Costello, Paul
McCartney, The Jayhawks, Badfinger, Rolling Stones... - No podría explicar lo que no es cierto. No soy la misma, parece que tengo 150 años más. Hay cambios sustanciales en varios aspectos, para bien o para mal. No me reconozco en aquella persona, simplemente es otra, aunque siga siendo igual. ¿Te impones límites a la hora de elaborar las letras, por si son demasiado personales? - No me da miedo que sean personales porque mis canciones no son yo; hay una distancia entre canción y autor o cantante. Deja de ser tuya en cuanto la escupes. Además, pienso que tenemos la obligación de que lo que hacemos sea ‘personal’, si no es un fraude. Me gustan especialmente los cambios de ritmo, como en "Estúpida". ¿Qué me puedes contar de esta canción? - Que le tengo mucha manía, ya que la he tenido que oír y tocar muchas veces porque a alguien se le ocurrió elegirla como single: la pobre no sabía que eso iba a suponer su muerte. ¿Y de "Sólo me has rozado", otra de mis favoritas? - Que es la que más me gusta y la más reciente. Por poco no la grabamos. El gallego Magín Blanco editó el año pasado su primer disco en solitario titulado Ella y a finales de los 80 y principios de los 90 tenía un grupo llamado La Rosa. Su modelo es Lucinda Williams. ¿Lo conoces? - No lo conozco, lo siento, aunque acabo de leer alguna cosa interesante sobre él, pero como no sé bajarme música no te puedo dar mi opinión ahora mismo. De todas formas, investigaré, gracias. Supongo que Lucinda Williams también será un referente para ti. Por los menos los/las cantautores/as eléctricos americanos. - Sí, su voz es dolida y sugerente. Hay algo
en común entre ella y mujeres del calibre de Billie Holiday, Bessie
Smith, Karen Dalton o Rickie Lee Jones. Todas transmiten algo fuerte,
no importa si lo han vivido o no. - Sí, éstos que mencionas me gustan, especialmente Nacho Vegas, que lo considero el pionero de esto. Para mí escucharle supuso una especie de escándalo, porque se trataba de un tipo más o menos de mi edad, que seguramente había escuchado lo mismo que yo, que vivía cerca de donde vivía yo, y que cantaba y contaba las cosas como sólo lo había oído hacer a Bob Dylan o a Leonard Cohen, y en castellano, que era lo más novedoso. ¿Quién decía que la métrica del rock no encajaba con el castellano? El disco fue grabado con Zodiacs y diste algunos conciertos con ellos. Sin embargo, ahora ya no puedes contar con ellos. Un grupo versátil, ¿no? - Ellos estuvieron mientras fue posible. Después, afortunadamente para ellos, la agenda se les complicó y no pudo ser. Les estoy muy agradecida porque me acompañaron mucho y muy bien. De todas formas, la banda actual, con dos nuevas adquisiciones (Gabriel Marijuán, batería, y Alberto Rodrigo, bajo), se acerca bastante a la banda de mis sueños. Para acabar, ¿me puedes contar la mejor anécdota que te haya pasado en la música? - Hace poco toqué sola en un sitio muy acogedor
aunque muy silencioso. Curiosamente, el silencio era un requisito indispensable
para tocar allí, así que toqué sin enchufar la guitarra
y sin micrófono, por supuesto. Lo más gracioso fue que tampoco
la gente podía aplaudir, claro, así que al terminar cada
canción cada uno se las apañó como pudo: unos miraban
con vehemencia como dando ánimos, otros chasqueaban los dedos silenciosamente
y los más atrevidos me tiraron lo que encontraron a mano, en señal
de júbilo y agradecimiento. |
Nº
23 - Julio de 2007
|
| © ArtesHoy.com - Todos los derechos reservados | |