Artes Hoy
 

Compañía Nacional de Danza. Coreografía: Alas

Teatro Real de Madrid.
Del 28 Febrero, 3, 6 y 7 de marzo de 2007



Por Ángela Rubio


AlasPor fin ha llegado al Teatro Real la última creación coreográfica de Nacho Duato para la Compañía Nacional de Danza. Muchas son las fuentes de inspiración de un artista en su proceso creativo. Duato encuentra en la pintura y escultura color, luz, proporciones, formas, composición; en la literatura a través de los ensayos y la biografías personajes, esencias, conceptos, modos de expresar y vivir. Él cita la música como principal fuente: una vez elegida la pieza la hace suya interiorizándola. Para ello se documenta sobre la historia de esa composición, la escucha una y otra vez incansablemente hasta sentir la armonía y moldear cada nota traduciéndola en un gesto determinado. En esta coreografía su primera inspiración ha sido la película realizada en 1987 por Win Wenders El cielo sobre Berlín, en la que un ángel decide renunciar a su inmortalidad para vivir entre los hombres, para volver a sentir intensamente: "Quiero formar parte de este mundo". Una vez hallada la idea, para desarrollarla se rodea de los mejores profesionales. En este caso su compañero de creación es el escenógrafo esloveno Tomaz Panduz, quien se dio a conocer en España con Scheherazade en 1990 y del que pudimos ver Infierno en 2005 para el Centro Dramático Nacional. Sus obras se caracterizan por una original utilización de la técnica escenográfica y un gran desarrollo gestual, es decir un especial acento en las posibilidades expresivas del cuerpo. Es por esto que la acomodación en la metodología de trabajo con Nacho Duato ha sido más fácil y fluida. Así, dos artistas de prestigio internacional unen su experiencia con un objeto común: buscar un nuevo vocabulario artístico fusionando disciplinas. Uno de los grandes valores de este trabajo es que ofrece nuevas vías de exploración para la danza y el teatro del futuro.

Estas son las pocas referencias con las que contamos al comienzo del espectáculo, del que lo primero que podemos ver es una escenografía sobria que intenta evocar la posguerra berlinesa recreada por Wenders en su film. Una oscuridad fría donde asoma uAlasn gigantesco rectángulo de luz que unas veces sirve de puerta y otras de celda aprisionadora de cuerpos. Al tiempo aparece Duato –protagonista de la coreografía- en el papel de un ángel mortal. Con un lenguaje cargado de sensualidad y erotismo construye este personaje de trazos limpios y equilibrados que se va moviendo por el escenario con un absoluto dominio espacio-temporal. Sería maravilloso poder congelar cada momento, cada gesto deteniendo el tiempo para disfrutar y analizar las “esculturas”que el bailarín crea con su cuerpo y repartirlas por el escenario. En ocasiones Pandur ha definido al coreógrafo español como escultor del tiempo –una de las grandes obsesiones del escenógrafo- aquí expresada de forma alegórica tanto con la música como con el cuerpo y la voz de Duato. Resulta admirable como baila y recita en directo fragmentos del guión cinematográfico de Peter Hanke. Con ellos, nos transmite de forma más directa el tema de este trabajo: la soledad del hombre frente al tiempo y la infinitud. El deseo de inmortalidad que habita en el hombre, aquí expresado por los bailarines a través de la eterna lucha de gravedades entre el cielo y la tierra. Este ángel decide renunciar a la Inmortalidad "Quiero formar parte de este mundo", "He estado demasiado tiempo fuera, ausente", "No sabría decir quien soy, hombre sin tierra, sin historia", "Estoy aquí, soy libre puedo imaginar lo que quiera".

AlasEn la segunda mitad nos sorprenden con una ensordecedora música rock y la aparición en escena de los bailarines en actitud absolutamente provocadora -vestuario y gestualidad- muy en la línea de los últimos trabajos de Pandur. Después de este estímulo contrastando y casi al final, Duato conecta con lo más profundo de su alma para mostrarnos a través de un solo de extraordinaria belleza y sensualidad, su esencia como bailarín: el talento basado en la disciplina y la pasión impregnado de la humanidad que le hace desprenderse de la coraza y dejar aflorar su ser humano débil y vulnerable dando lo mejor de si en un verdadero acto de amor. Un chorro de agua cae desde lo alto; por esa voluntad de integrarse en el mundo que le rodea, deja que golpee su cuerpo, incluso baila con el y todo bajo un potente foco de luz blanca como única iluminación. Tras detenerse el chorro aumenta la iluminación del escenario y con cierta inquietud vemos como del fondo del escenario emerge hacia nosotros gran cantidad de agua que llega a inundar literalmente el escenario, creando una especie de charco gigantesco sobre la que improvisan los bailarines. El efecto del agua en movimiento como prolongación expresiva resultó tremendamente original. Un broche espectacular par una noche llena de evocadora emoción.

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Nº 21 - Mayo de 2007

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