Sibelius: Agua pura de primavera
Hace 50 años murió el compositor finlandés por excelencia.
“Finlandia” refleja musicalmente el sentimiento patriótico de su país.
Por Alberto López Echevarrieta
Sibelius es para muchos la voz de un
país, especialmente su poema "Finlandia",
símbolo de independencia frente a la soberanía rusa. Cada
una de sus muchas composiciones parecen hablarnos de cada uno de los escenarios
de su patria: las largas noches nevadas, el vuelo del cisne y de la grulla,
los bosques de abedules y pinos; pero sobre todo del apasionado amor que
el compositor tuvo siempre a la libertad. Ofreció al mundo el agua
pura y cristalina de los lagos finlandeses que fluyó durante más
de medio siglo en las salas de concierto, transportando a sus oyentes
hacia la naturaleza libre e inmaculada del gran país que le vio
nacer.
Jan
Sibelius nació el 8 de diciembre de 1865 en la ciudad
de Hämeenlinna. Su padre, Christian Gustaf Sibelius,
hizo su doctorado en ginecología y, tras ejercer como doctor militar
en Turku, pasó a ser médico municipal en Tampere, desempeñando
finalmente el mismo puesto en la localidad donde nació el compositor
como fruto de su matrimonio con Charlotta Borg, hija
del pastor.
Jan, que en realidad fue bautizado como
Johan Julius Christian, creció huérfano,
pues su padre murió contagiado de tifus por un paciente cuando
el niño apenas tenía dos años de edad. El conocido
investigador de Sibelius, Erik Tawaststjerna
describe así la vida familiar: "La atmósfera de
aquella casa de la Residenssinkatu en Hämeenlinna era ligeramente
más bohemia que aburguesada. El ginecólogo dedicó
más dinero a la adquisición de libros y música que
a completar los más elementales utensilios caseros. No podía
comprar un piano de cola y se tenía que contentar con alquilar
uno".
La Naturaleza como maestra
Una visita a la casa de Aino, mujer
de Sibelius y donde el compositor pasó la mayor
parte de su vida, sirve para convencernos que Jan heredó
de su padre la austeridad que siempre le distinguió. Allí,
a orillas del lago Tuusulanjärvi, a unos 30 kilómetros de
Helsinki, cuando los cantos de los pájaros rompían el silencio
del jardín, Sibelius, muchas veces acompañado
por su amigo el pintor Pekka Halonen, trazaba las notas
de sus obras.
Hoy, la sencilla casa de madera, convertida en Monumento
Nacional, es lugar de peregrinaje para los amantes de la música;
visita obligada para comprender mejor la música de este hombre
que ya con cinco años tocaba el piano y componía. A los
diez escribió "Gotas de lluvia"
para violín y violonchelo, despuntando ya su amor por la Naturaleza.
Con un violín bajo el brazo vagabundeaba por los bosques; se detenía
de pronto y, subiéndose a una roca, tocaba con el corazón
henchido de gozo. "Toco para devolver a los árboles y
a los pájaros lo que ellos me han dado", decía.
En su relación con los pájaros había
algo de misticismo. Tenía un oído tan agudo y un sentido
musical tan profundo que era capaz de determinar el tono y tesitura del
gorjeo de las aves.
Actualmente, en la Academia Sibelius, uno de los más
grandes conservatorios más grandes de Europa con más de
1.700 alumnos matriculados, se enseña el papel que la Naturaleza
juega en la obra de Jan. Baste un ejemplo: El compositor
solía guardar musgo en una caja de cerillas y lo olía de
vez en cuando, porque, según él, su fragancia le traía
el rumor del viento en los árboles y el canto de las aves.
Finlandia en el pentagrama
En el estreno de "Kullervo",
inspirado en un episodio del "Kalevala", la epopeya nacional
de Finlandia, ya se advertía claramen te
un sentimiento reivindicativo de la cultura autóctona finlandesa
frente a la colonización rusa y sueca que se ejercía en
aquella sociedad. "Jamás se ha escuchado una música
parecida. Ésta ha sido la primera composición realmente
finlandesa", dijo un periódico de Helsinki.
Su obra maestra es, sin duda, "Finlandia".
Compuesta en otoño de 1899 para un festival que iba a celebrarse
en el Teatro Sueco de Helsinki, formaba parte de la apoteosis final. Los
incendiarios acordes de aquel poema sinfónico despertaron el sentimiento
patriótico de los asistentes, convencidos como estaban de que la
obra era una defensa de la libertad de expresión y una enardecida
protesta contra los opresores.
La vida y obra de Sibelius se recrea
en una sala reservada del Museo Sibelius de Turku, que exhibe más
de 1.400 instrumentos musicales. El monumento de Eila Hiltuneni
en Helsinki representa su rostro sobre una roca de granito, con las clásicas
marcas en el entrecejo. Una estructura metálica y fuerte como los
tubos de un enorme órgano recuerda al hombre musculoso y corpulento
de su etapa adulta tan distinta a su juventud.
Infatigable, tanto para la composición como para
las juergas, Jan Sibelius tenía como dieta cigarros
puros, vino, coñac y abundantes alimentos. Mantenía su cuerpo
en buen estado gracias a la sauna y a las friegas de agua helada que se
daba. Conseguía su mayor felicidad cuando creaba música
sin apenas valorar el dinero. Por una cantidad irrisoria y una caja de
puros vendió su obra más popular, "Vals
triste".
En el crepúsculo de su vida sufrió amargamente
al no poder finalizar su Octava Sinfonía. Murió el 20 de
setiembre de 1957 en su querida casa de madera, a orillas del lago. Muchos
proyectos acabaron consumidos por el fuego, pero nos dejó un patrimonio
de más de doscientas composiciones musicales, muchas de ellas obras
maestras. Para los finlandeses, además, la conciencia de su espíritu
patrio y el orgullo de la belleza de su país.
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