Igor Stravinski : Poética musical
Editorial Acantilado . Barcelona 2006. 125 páginas.
Jordi Pons: Arnold Schönberg. Ética, estética, religión
Editorial Acantilado. Barcelona 2006. 275 páginas.
Al otro lado del espejo: poesía y aforismos, dialéctica y dogma.
Por Arancha Oña Santiago
Arnold
Schönberg e Igor Stravinski no se conforman con meros reflejos y
se adentran valientemente hacia el otro lado del espejo tonal, un mundo
de dinamismos sonoros, simultaneidades cromáticas, hechiceras y
disonantes sombras de armonías y contrapuntos también observables
en la pintura del austriaco. Ambos vivieron en Europa alentados por su
alma patriótica el uno y su espíritu internacional y universal
el otro, y ambos trabajaron y mantuvieron amistad con grandes personalidades
de su tiempo, un capítulo muy interesante en la biografía
de Schönberg donde además de influencias y diferentes diálogos
podemos observar un profundo sentimiento de desligación del "mundo
de la seguridad" de su tiempo. Los dos murieron en EEUU y Arnold
no sin un cierto misterio presidido por sus predicciones basadas en la
numerología. 
Inquietud, observación, coherencia y superación
de límites acústicos temporales son algunos de los puntos
comunes sobre los que ambos compositores asientan sus teorías y
creaciones. En su Poética, seis conferencias impartidas
en la Universidad de Harvard, Stravinski hace una magnífica declaración
de principios y responsabilidades calificando como caótica cualquier
revolución que vuelva al punto de partida; adora el orden y considera
indispensable un punto de apoyo para que exista movimiento y creación.
La biografía filosófico musical de Schönberg por Jordi
Pons deja entrever el interés del compositor por crear nuevos enigmas
sin temor a la revolución de la obra ni de su creador. Aunque Stravinski
se declara diferente a él tanto por técnica como por estética,
describe su música como un sistema coherente y lógico que
incluso él mismo utiliza en su último período compositivo.
Para el ruso componer es ordenar sonidos conscientemente,
y diferencia entre la música objetiva u ontológica regida
por el principio de similitud y unidad, y la subjetiva regida por el contraste
y la inestabilidad. Schönberg concibe la armonía como equilibrio
en tensión y para él la objetividad de una obra consiste
en que ésta se desarrolle en lo que tiene que ser. Con una desobediencia
encantadoramente rebelde, lógica e inevitable, niegan ambos la
tiranía de la tonalidad y su intrínseca jerarquía,
defendiendo fervientemente los derechos armónicos de una disonancia
que abandona su tradicional función de puente hacia una consonancia
que ya no es sinónimo de equilibrio.
Stravinski,
quien se confiesa más antitonal que atonal, concibe el dogmatismo
con naturalidad y declara sin titubeos que la libertad se encuentra en
la sumisión a un orden. Procede por similitud que no esclavitud,
y se apoya en la tradición popular y clásica desde donde
crea e innova complejas dinámicas rítmico – melódicas;
ve inflación en la infinitud de la melodía wagneriana y
rechaza confundir la música con símbolos y significados
que no le pertenecen. Schönberg, quien continúa la línea
de los compositores y pensadores del Romanticismo y Post- romanticismo,
confía en la evolución armónica y crea nuevas relaciones
tonales a través de la conjetura de los aforismos, lo imprevisible
de las paradojas y la constante superación de "falsas seguridades"
musicales. Sin olvidar la unidad orgánica de la obra procede por
anulación en orden a crear un sistema propio, el dodecafonismo,
un sistema tendente a la abstracción y severa igualdad de los doce
sonidos cromáticos, un estilo paralelo a la sociedad que le tocó
vivir y disonante con su racionalidad, una libertad que según ambos
nunca debe alienarse con la moda, ni caer en la hipocresía ni en
el utilitarismo. En un primer momento Schönberg fue calificado por
Adorno como "compositor dialéctico" y con la expresión
benjaminiana de "ritmo de los extremos", sin embargo y posteriormente
es el mismo Adorno quien en La ciencia melancólica lo
califica como "presa de la dialéctica histórica"
de la razón y sus mitos.
Poética y el Tratado de armonía
son dos magníficos ejemplos de un magisterio en el que trasciende
la importancia de una buena interpretación, una virtud que según
Stravinski depende de una voluntad ética y estética que
pone en juego la fidelidad y la simpatía. Schönberg, quien
pedagógicamente se empeñaba en buscar lo que el alumno no
sabía y huía de considerarse infalible, consideraba que
incluso de una falsedad puede que se deriven idoneidades, compartía
una interpretación de la música horizontal y verticalmente,
y no pretendió una divulgación masiva de verdades universales
que parecieran hacer entender al oyente más de lo que realmente
entiende.
Voces
humanas con solos optimistas pero también agónicos,
timbres clásicos con nuevos registros y un lenguaje que tiende
a la precisión hacen sonar los armónicos filosóficos
de los pensamientos de ambos músicos. Poética,
una obra escrita por el propio Stravinski, recoge concisa, ordenada y
rigurosamente su filosofía compositiva; la biografía de
Schönberg supone un revelador estudio donde se observa la clara relación
existente entre su estética y ética, además de un
soberbio retrato de la sociedad de su tiempo. Dos fantásticos escritos
que invitan a la reflexión y dejan entrever la claridad de pensamiento
de dos compositores, quienes a pesar de no haberse conocido en vida, tras
la muerte de uno el otro se aproximó a su sistema.
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